INTERNACIONAL
14/11/2020 09:36 CET

Por qué es importante que Jill Biden siga dando clases pese a ser primera dama

La mujer del presidente electo de EEUU ha dejado claro que quiere continuar su trabajo fuera de su puesto en la Casa Blanca.

REUTERS
Jill Biden, mujer de Joe Biden.

Si todo sale según lo planeado, Jill Biden se convertirá en la “primera primera dama” que cuente con un trabajo remunerado, como profesora universitaria, fuera de la Casa Blanca. “Ella ya lo ha repetido en diversas ocasiones”, comentó su portavoz a El HuffPostel domingo por la noche.

“Me gusta trabajar”, aseguró Biden, a sus 69 años, a Vogue el pasado septiembre. “Como muchos de vuestros lectores, yo soy una mujer trabajadora. La enseñanza es mi pasión. Es lo que me encanta hacer. Ha sido mi carrera y es, además, un enfoque realmente importante en mi vida, así que siento que podría manejarlo y luego hacer todo lo que las primeras damas quieren hacer”.

En cierto sentido, no es una gran sorpresa. Biden siguió enseñando en un colegio  del norte de Virginia cuando su marido se convirtió en vicepresidente -una decisión que un asistente calificó recientemente de “locura” debido a la agotadora carga de trabajo que implica su posición-.

Si bien no es nada revolucionario en 2020 que la esposa de alguien tenga un trabajo remunerado, en la dinámica de género presidencial ocurre al revés: es un gran problema.

Juzgada a la mínima

Se espera que una primera dama apoye a su marido y asuma causas de naturaleza estereotípicamente femenina. Tal vez relacionadas con los niños, tal vez con la comida... Ella será juzgada por la forma en que dirija la Casa Blanca, por cómo organice eventos o por cómo se vista. Se han vertido millones de comentarios sobre “los atuendos”, las decoraciones navideñas y las decisiones tomadas en relación con la jardinería por Melania Trump.

“Me mato trabajando en la Navidad... ¿a quién le importa un carajo las decoraciones navideñas? Pero tengo que hacerlo, ¿verdad?”, soltó la actual primera dama en una conversación grabada en secreto con uno de sus asesores, expresando su frustración con las expectativas del papel que le tocaba desempeñar hasta la fecha.

Dennis Van Tine/STAR MAX/IPx
Joe Biden y su mujer, Jill Biden, durante la Convención Demócrata.

Cumplir con las responsabilidades tradicionales de una primera dama es definitivamente un empleo que exige trabajo duro, pero sin ser remunerado.

Sin embargo, cuando una primera dama se sale de ese espacio, particularmente si se la ve casi como a una política real, generalmente recibe críticas.

Eleanor Roosevelt se ganó enemistades entre los miembros del gabinete de su marido por su activismo. Nancy Reagan fue vilipendiada por su participación en la administración de su esposo. Hillary Clinton fue denostada por... la lista es larga, pero como primera dama, sobre todo por estar involucrada en la reforma del sistema de salud (y aquella vez durante la campaña de 1992, cuando menospreció a las amas de casa).

Éxito, pero sin ambición

Incluso si la primera dama permanece en su sitio, pueden llamarle la atención. Las mujeres de alto perfil tienen un arma de doble filo: deben tener éxito pero no ser ambiciosas. Guapas pero no llamativas. Que hablen bien, pero no demasiado alto. Que generen confianza pero sin ser arrogantes. Michelle Obama se enfrentó a todo eso y más como primera primera dama negra, lidiando contra el racismo y el sexismo.

“Nombras una primera dama y ya es reprendida por ser demasiado honesta, o reservada, demasiado controladora o no lo suficientemente ambiciosa”, escribía la autora Kate Andersen Brower en The New York Times hace cuatro años, reflexionando sobre lo que sucedería si un hombre estuviera en ese rol. “En esencia, se supone que la primera dama encarna a la mujer perfecta”, añadía.

“En esencia, se supone que la primera dama encarna a la mujer perfecta”Kate Andersen Brower.

A día de hoy, una mujer perfecta normalmente tiene un trabajo, además de todas sus otras funciones. Incluso los conservadores que promocionan el lugar de una mujer en casa parecen estar de acuerdo en ese punto. El pasado mes, los republicanos adularon a Amy Coney Barrett por tener hijos pequeños y una carrera. El lugar de una mujer sigue siendo el hogar pero si puedes manejar eso y además tener un trabajo remunerado todo bien, parece apuntar su nueva línea de pensamiento. (Y no esperes ninguna ayuda política por nuestra parte).

Posiblemente, la cultura ha cambiado un poco desde que Hillary Clinton fue condenada por continuar con su trabajo como abogada incluso cuando su marido era gobernador de Arkansas. 

Pero definitivamente también hay muchas consideraciones en juego todavía. Si Jill Biden aún fuera madre de niños pequeños, su decisión de seguir trabajando probablemente recibiría muchas críticas. Las expectativas para las mujeres con niños pequeños son diferentes.

Enseñanza como ‘trabajo aceptable’

Y si Biden dijera que quiere seguir trabajando por ejemplo en un bufete de abogados, en una fábrica de artilugios o en algo más comercial y menos altruista que la enseñanza, casi seguro seguiría siendo controvertido.

La enseñanza siempre se ha considerado un trabajo aceptable para una mujer. Se ajusta a las expectativas estereotipadas de que las mujeres son sencillamente mejores con los niños, más afectuosas, más empáticas y más generosas. Laura Bush, una ex maestra, fue ampliamente elogiada por su enfoque en la educación y la alfabetización durante su tiempo en la Casa Blanca.

La enseñanza también complementa el trabajo que Biden quiere hacer en su papel de primera dama.

“Tú no querrías estar en una situación en la que tuvieras a una primera dama trabajando pero en conflicto con cuestiones éticas”, apuntó Betsy Fischer Martin, directora ejecutiva del Instituto de Mujeres y Política de la Escuela de la Universidad Americana de Asuntos Públicos. “Y ciertamente la enseñanza solo mejora el tipo de plataforma que sé que ella querrá defender”, asegura Fischer.

Aún así, que Biden mantenga su trabajo externo es significativo, señala Jennifer Lawless, profesora de ciencias políticas en la Universidad de Virginia. “Envía un mensaje muy fuerte a las mujeres: no importa cómo de hábil, poderoso o importante sea tu marido, no tienes que abandonar tu propia carrera o jugar un papel secundario”.

El ‘primer segundo caballero’

La campaña de 2020 fue pionera en cuanto a roles de género desde el principio. En la carrera demócrata, las posibilidades de un cónyuge presidencial eran mayores que nunca. El marido de la senadora Elizabeth Warren mantuvo su puesto en la Facultad de Derecho de Harvard cuando Warren se postuló para la nominación. El esposo del ex alcalde Pete Buttigieg se tomó un tiempo libre de su trabajo en una escuela Montessori durante la campaña de su pareja para la nominación.

En las redes sociales, los candidatos mostraron su vida personal y el apoyo de sus cónyuges.

“En todo este ciclo, incluso durante las primarias, ha habido muchos ejemplos diferentes de cómo se ve a una pareja cuando piensas en el hecho de que hubo un par de candidatos posibles a ser ‘primeros caballeros’ durante un tiempo”, comenta Amanda Hunter, directora de investigación y comunicaciones de la Fundación Barbara Lee.

Hunter señaló a otro cónyuge político innovador: Douglas Emhoff, que pronto será el ‘primer segundo caballero de la nación’.

Emhoff se licenció en el bufete de abogados de élite DLA Piper para apoyar a su esposa, la vicepresidenta electa Kamala Harris, durante la campaña, y ahora dejará oficialmente la empresa el día de la investidura, según afirmó el martes un representante de la campaña de Biden.

Será fascinante ver lo que hace Emhoff con su nuevo puesto. “Es bueno tener a un hombre como el primero por una vez”, recalca Fischer.

Tener a Biden y Emhoff en estos roles podría abrir un abanico de posibilidades para todos los cónyuges.

“Esta es una oportunidad más para que Doug Emhoff y la Dra. Biden creen su propio rol y no sigan el modelo establecido"

“En general, hemos visto que se han desafiado muchos estereotipos en 2020”, comenta Hunter. “Esta es una oportunidad más para que Doug Emhoff y la Dra. Biden creen su propio rol y no sigan el modelo de lo que han hecho los primeros y segundos cónyuges anteriores”.

Fundamentalmente, Biden espera seguir enseñando en un momento de crisis educativa por la pandemia. Muchos niños de todo el país dan clases de manera virtual o están atrapados en una especie de limbo “híbrido” de clases presenciales y aprendizaje online. Los gobiernos estatales y locales enfrentan déficits presupuestarios que podrían socavar gravemente las escuelas públicas. Las consecuencias a largo plazo de esta interrupción en la educación regular podrían ser devastadoras para los niños.

Así, después de cuatro años de una administración que ha hecho poco por la educación, excepto impulsar más escuelas privadas, tener una primera dama con una mano puesta de forma directa en la educación y una pasión por la escuela pública, puede no ser un asunto menor.

“Demuestra que la educación estará al frente y en el centro en la administración de Biden, lo cual es una desviación significativa de los últimos cuatro años”, sugiere Lawless.

Además de confirmar que Biden planea regresar a la enseñanza, su portavoz Michael LaRosa enfatizó sus otros objetivos en este momento.

“Ella está pasando tiempo con sus hijos y nietos en Wilmington, Delaware”, comentó LaRosa en un correo electrónico. “La Dra. Biden se centra en formar su equipo y desarrollar sus prioridades centradas en la educación, las familias militares y el cáncer ”.

Este artículo ha sido traducido de la edición estadounidense de El HuffPost, originalmente del inglés.

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