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17/07/2019 12:13 CEST | Actualizado 17/07/2019 16:40 CEST

Por qué lo llamas consulta cuando es un plebiscito

Algunos de los que todavía quedan y muchos de los que ya no están, lamentan que se haya acabado instrumentalizando lo que nació como un proceso de democracia interna.

EFE

En círculos pensantes del ámbito de Podemos la deriva que han tomado las consultas de Pablo Iglesias a los inscritos se consideran herramientas de deslegitimación. Algunos de los que todavía quedan y muchos de los que ya no están, lamentan que se haya acabado instrumentalizando lo que nació como un proceso de democracia interna y que al final, lo que se logre sea deslegitimar las propias consultas.  

“No son consultas, son plebiscitos porque todo debate está fuera. No está contemplado como un derecho de los inscritos sino como una herramienta del poder. No tiene nada que ver con la democracia, muchísimos dictadores los han usado, desde Pinochet a Franco”, afirma con tristeza una de las primeras personas que diseñó el sistema de participación en Podemos, fuera del partido desde hace tiempo, cuando entendió que nada de lo programado se iba a llevar a cabo. En esa misma línea, Teresa Rodríguez, líder en Andalucía, lo ha tildado de “insulto a la inteligencia” precisamente por no fomentar el debate.

No son consultas, son plebiscitos porque todo debate está fuera. No está contemplado como un derecho de los inscritos sino como una herramienta del poder

También preocupa que su uso arbitrario mine aun más la credibilidad de los nuevos partidos y beneficie al bipartidismo, al que ya hay votantes que echan de menos. “La resurección del bipartidismo la están mostrando las encuestas. Y dado que el 40% del voto se decide en campaña y ya no hay temor a Vox, no sería raro que unas nuevas elecciones castiguen a la izquierda por no llegar a acuerdos”, apunta uno de los fundadores del partido consciente de que el deseo de cambio que les hizo entrar en las instituciones se ha tornado en decepción. Las esperanzas que la calle había depositado en ‘los nuevos’ como impulsores de una manera más moderna y participativa de hacer política, solo siguen vivas en una minoría. 

Si en algo coinciden las fuentes consultadas, todos del ámbito de las confluencias y del propio Podemos, es en insistir en que no se debe llamar ‘consulta a las bases’ sino plebiscito. “Los plebiscitos se definen porque los pone en marcha quien está en el poder, nadie lo pide sino que se articulan de manera arbitraria. Son un desastre. No hay más que ver el Brexit o Grecia con el rescate. En Suiza están prohibidos aunque al año se plantean un montón de referéndum. El problema no es la cantidad sino el criterio”, explica uno de los mayores expertos en participación ciudadana de España.  

Los plebiscitos se definen porque los pone en marcha quien está en el poder, nadie lo pide sino que se articulan de manera arbitraria

Las críticas a que tanto la pregunta como las dos posibles respuestas son un ejemplo de manipulación arrecian en los últimos días. Pedro Sánchez incluido: “Utiliza esta consulta trucada para justificar una votación contraria a mi investidura”, dijo esta misma semana en la SER. Se considera que la pregunta plantea un falso dilema, da dos opciones como si fuesen las únicas en el mundo.

“Este tipo de consulta bien hecha no tendría peros. Si estuviera reflejada con exactitud en los estatutos, obligaría a exponer el acuerdo completo para que se valide en todos sus términos. Es decir, primero negocias y luego lo expones a las bases”, reflexiona de nuevo sobre el método el experto en sistemas de participación.

Que el fin justifica los medios, parece ser la decisión que ha tomado el sanctasanctórum del partido, sin calibrar lo que se lleva por delante. “Puede que no estés de acuerdo con ninguna de las dos opciones. Pero en realidad eso es lo menos importante. Lo esencial es que te estás cargando un sistema de democracia directa que estaba dando sus primeros pasos en España. Lo estás convirtiendo en una parodia”, dice un ex dirigente del partido.

El plebiscito que plantea la cúpula de Podemos poco tiene que ver con la idea original. Cuando nació el partido y sus fundadores explicaban en la cafetería de la facultad cómo serían las consultas, su modelo tenía más link con partidos americanos como el demócrata. Entonces, consideraban que no se debía abusar de ellas y que había que establecer un marco concreto de actuación. Para empezar, planteaban lanzar preguntas para establecer una posición sobre una batería de ítems previos a la campaña electoral que sirviesen para fijar posiciones sobre cuestiones fundamentales. “Ahora, esa herramienta de pregunta manipulada resulta indefendible. Se utiliza en casos en los que una parte quiere desbordar la negociación. Es un recurso torpe porque te permitirá justificar tu posición pero no es eficaz porque te impide disponer de margen para mejorar el resultado”, apunta un miembro del partido bregado en negociaciones.

La consulta sobre el chalet de los Iglesias Montero, se cita internamente como un punto de inflexión, al pedir a los inscritos que votasen por algo incómodo que en principio no tendrían interés por decidir porque es un asunto que debería haber resuelto la pareja por su cuenta. Un revocatorio jamás lo plantea un líder sobre sí mismo, sino que parte de otros y se presenta una alternativa. En este caso, era Pablo Iglesias o el vacío.

“Desde Vistalegre II, las vulnerabilidades se han ido resolviendo de una manera delirante. Votar sobre el chalet fue un ejemplo. Se prescindió de Agora Voting, la empresa externa que auditaba las consultas y desde entonces todo se cuece en Princesa -calle en la que se ubica la sede del partido-. Es curioso que un escenario típico de alta abstención, se convirtiera en la consulta más participada de la historia”, dice con suspicacia un miembro del partido muy alejado de la dirección.

Las acciones de Iglesias marcan, además, la línea de actuación a nivel regional. Fuera de Madrid se toma nota de su estrategia. Así, su ejemplo cunde. Es lo que está sucediendo en La Rioja. Nada de lo que extrañarse. Si el líder pide ministerios y la vicepresidencia de la nación, por qué no va a exigir la única representante del partido en La Rioja tres de las ocho consejerías. “Pablo tiene ejemplaridad relevante en la vida de la organización. Sí él está convencido de que Pedro va a ceder, como lo está, y decidirá el último día por la noche en su casa si apoya o no la investidura, es lógico que otros le imiten”, explica una de las que fue persona cercana al líder.

“Tiene mérito cargarte a todos menos a los leales y que ahora resulte que ni tan siquiera tienes el control de la situación sobre los que tú mismo has colocado”, remata con amarga ironía un ex dirigente. 

 

 

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