¿Por qué los dueños de perros y gatos son más felices?

En los últimos años se han ido multiplicando las terapias asistidas por animales con fines terapéuticos.

El año 2002 los arqueólogos del Museo de Historia Natural de París descubrieron en Chipre una tumba con los restos de un humano, y junto a él, un esqueleto de gato que databa aproximadamente del 7.500 a.C. Este es el primer hallazgo, hasta la fecha, de la relación entre el hombre y el gato. Se sabe que por la misma época los perros eran enterrados de manera similar junto a sus amos.

Los ancestros salvajes de los gatos domésticos actuales dieron el salto a la domesticación cuando el ser humano empezó a utilizarlos como controladores de ratones y otras plagas. A partir de entonces, algo debieron de ver los hombres en el gato, para que, a diferencia de otras especies con las que convivían, llegaran a establecer lazos afectivos con él y a introducirlo en sus hogares.

Las muestras más antiguas de cómo los gatos llegaron a convertirse en mascotas se encuentran en el Egipto de hace unos 4.000 años, aunque se cree que posiblemente sucedió con anterioridad. Allí se han encontrado numerosos casos de gatos enterrados junto a sus dueños, así como pinturas en las que estos aparecen participando de la vida doméstica y social.

La amistad entre el hombre y el perro nació en Europa mucho antes, entre 18 y 32.000 años atrás. Se cree que fueron los cazadores recolectores los que domaron a las especies de lobos salvajes —de las que descienden los perros actuales— para utilizarlos en labores de caza y pastoreo.

Nuestro pasado común ha hecho que los perros y gatos se hayan ganado un espacio propio en nuestros hogares. No sin antes haber tenido que renunciar a algunos aspectos de su naturaleza con el fin de adaptarse a nuestras condiciones de vida actuales.

“En los últimos años se han ido multiplicando las terapias asistidas por animales con fines terapéuticos”

Nuestras mascotas nos acompañan y alivian nuestra soledad; nos entretienen con su instinto curioso y sus ganas de jugar; nos ayudan a disfrutar del instante presente, disminuyendo nuestros niveles de estrés y nuestra ansiedad; y nos hacen la vida mucho más agradable en general, expandiendo nuestro horizonte mental y mejorando incluso nuestra salud.

No nos juzgan, toleran estoicamente nuestras manías y momentos de malhumor; y al llegar a casa, nos esperan tras la puerta para prestarnos toda su atención y demostrarnos su amor incondicional.

Por todo ello, cada vez es mayor el número de personas que deciden compartir su vida con un animal de compañía.

En los últimos años se han ido multiplicando las terapias asistidas por animales con fines terapéuticos. Estas terapias han demostrado su utilidad en personas mayores, pacientes con algún tipo de enfermedad o de discapacidad física o intelectual, así como en personas con problemas psicológicos o de exclusión social.

Es el caso del Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona, el primero en nuestro país que ha recurrido a estas terapias para facilitar la recuperación de los niños ingresados y mejorar su estado de animo. Otro ejemplo es el de la Fundación Affinity, pionera en la terapia asistida con perros en instituciones penitenciarias

Algunas residencias geriátricas, más allá de sus programas de apoyo con perros y gatos dirigidos a paliar la soledad de las personas mayores, permiten a sus nuevos residentes llevar con ellos a sus mascotas, conscientes de lo traumático que es para estas personas tener que abandonar a sus animales cuando ingresan en una residencia.

“James Bowen, un músico callejero que estaba intentando dejar su adición a la heroína, encontró un gato abandonado y herido”

En el ámbito laboral, algunas empresas pet-friendly permiten también a sus empleados llevar a sus mascotas a la oficina. Según sus directivos, se trata de un beneficio tanto para el trabajador como para la empresa, ya que, con ello, los empleados son más eficientes, reducen su nivel de estrés y se crea un entorno de trabajo más amigable.

Uno de los casos más conocidos de cómo un gato puede llegar a cambiar la vida de una persona es el que tuvo lugar el 2007, cuando James Bowen, un músico callejero que estaba intentando dejar su adición a la heroína, encontró un gato abandonado y herido en la escalera del bloque de su casa en Londres y decidió hacerse cargo de él. Su experiencia inspiró la saga de libros Un gato callejero llamado Bob, en la que explicaba su relación con su gato y cómo gracias a él obtuvo la fuerza que necesitaba para dejar las drogas. El 2016 su historia fue llevada al cine.

A raíz de la muerte del gato Bob en junio pasado con 14 años, Bowen escribió en su página de Facebook:

«Bob me salvó la vida. Es tan simple como eso. Me dio mucho más que compañía. Con él a mi lado, encontré una dirección y un propósito que me había estado perdiendo. El éxito que logramos juntos a través de nuestros libros y películas fue milagroso. Conoció a miles de personas, tocó millones de vidas. Nunca ha habido un gato como él. Y nunca lo volverá a haber. Siento que la luz se ha apagado en mi vida. Nunca lo olvidaré».