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¿Por qué NO puedes ver cine clásico en Netflix, HBO o Amazon Prime?

Que 'La lista de Schindler' sea una película en blanco y negro no significa que forme parte de esta categoría.

No te esfuerces. Por más que busques ciertos títulos de cine clásico en las grandes plataformas de streaming, no los vas a encontrar. Si aun así accedes a la sección Clásicos que ofrecen la mayoría, te vas a encontrar principalmente con películas que nadie con un mínimo criterio cinéfilo definiría como tal. Entre ellas incluso ofrecen películas recientes o grandes blockbuster, pero no clásicos de toda la vida.

Jurassic Park, La lista de Schindler o Pesadilla antes de Navidad figuran en la pestaña de ‘cine clásico’ de Netflix. Y que no te la cuelen: aunque tengan otras como Espartaco, jamás encontrarás largometrajes como De repente, el último verano (por mucho que Nuestro último verano se le parezca), Casablanca o Solo ante el peligro.

No es una cuestión de derechos. Una compañía con un presupuesto anual para inversión de 13.000 millones de dólares no se plantea un problema así. Según indican expertos de la industria a El HuffPost, las plataformas se han dado cuenta a través de sus algoritmos de que el cine clásico no se ve. Y aunque nos vendan la moto de que se puede encontrar cualquier contenido en ellas, el clásico tiene una representación muy escasa en su catálogo. Esto ha hecho que se fomente un gran problema cultural: que no se valore una gran parte del patrimonio cinematográfico y que, incluso, corra el riesgo de perderse con el tiempo.

En otras como Filmin sí se puede encontrar mucho y muy buen cine clásico, además de producciones variadas y títulos que se están recuperando: de Francia, Italia, Japón... pero es una excepción.

Qué harán Disney+ y Warner

Netflix, HBO y Amazon Prime tienen otro tipo de público y se decantan por un cine más comercial. Eso sí, habrá que ver qué hacen cuando salgan al mercado Disney+, Apple TV o Warner. “Esta última también prepara una plataforma mucho más amplia. Estas dos distribuidoras tienen mucho más catálogo de cine clásico y sí que ofrecerán una serie de películas con las que el resto no cuenta”, explica Elio Castro, crítico de cine de la Cadena SER.

No serán títulos como La lista de Schindler, en Netflix, de la que hay gente que solo sabe que es una película en blanco y negro sobre el nazismo... y automáticamente la relaciona con este género. La cinta de Steven Spielberg es de 1994, pero seguro que muchos la ubican en 1938, como si fuera un documental de Leni Riefenstahl.

El género clásico abarca los años 30, 40, 50 y buena parte de los 60. “Considerar a la Lista de Schindler como cine clásico... Han pasado muchos años, pero el gran cine clásico de Hollywood termina en el momento en que se fueron los grandes magnates y empezó a irrumpir en los estudios otra generación, la que revolucionó el cine de Hollywood a finales de los sesenta”, detalla Castro. De hecho, esta historia aparece recogida en el libro Moteros tranquilos, toros salvajes, de Peter Biskind.

El cine clásico... ¿se pierde?

“Tengo alumnos que no conocen a Spielberg. El Spielberg de los ochenta no es el mismo que el de ahora. A las películas les pasa lo mismo. Matrix tiene veinte años, El club de la lucha también. A los que nacieron en los ochenta una película de los sesenta les parecía antiquísima”, indica Jaume Ripoll (Filmin), que es profesor universitario.

Ante esta situación, algunas compañías como el canal TCM (Turner Clasic Movies), de Warner Bros, prefieren curarse en salud y emitir películas de todas las épocas bajo el lema ‘el mejor cine de todos los tiempos’ aunque no con demasiada audiencia. En julio de 2019 su cuota de pantalla fue del 0,1% de share, según datos de Barlovento Comunicación.

Mientras tanto Netflix, HBO o Amazon Prime dejan claro que no les interesa tener cine clásico, sino ser una biblioteca de títulos y potenciar el concepto de producción propia, y para eso se dedican a producir y adquirir películas famosas y taquilleras.

El peligro es que esas joyas (de otra época) acaben como si fueran productos descatalogados y que las nuevas generaciones nunca lleguen a conocerlas. Que solo se puedan conseguir en DVD y ni siquiera así: el DVD ya es casi residual.

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