Confesamos la verdad sobre las portadas de 'El HuffPost'

Con motivo de nuestro 10º aniversario, ha llegado la hora de destapar nuestros secretos.
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La verdad sobre las portadas del 'Huff'.
La verdad sobre las portadas del 'Huff'.
EL HUFFPOST

Nada nos llena más de orgullo y satisfacción a los redactores de El Huff que cuando una portada nuestra comienza a ser compartida en redes sociales y empezamos a recibir comentarios del tipo ‘Felicidades al portadista’ o ‘Mis dieces al community manager’. Spoiler: no tenemos ni de lo uno ni de lo otro.

Nuestras portadas —es hora de revelar el primer secreto: las llamamos splashes, cosas de medio haber nacido al otro lado del charco— han sido una seña de identidad del medio desde el primer momento en el que estuvo online hasta hoy, una década después.

Humor, acidez, juegos de palabras, fotografías impactantes son sus ingredientes más habituales, con los que tratamos de dar una mirada propia y distinta sobre la actualidad, a la vez que, por qué no, nos ganamos alguna sonrisa.

Las primeras, las nuestras. Pensar un splash es una de las tareas más difíciles y retadoras como miembro del Huff, pero también de las más gratificantes y divertidas. En muchas ocasiones es una labor colaborativa, pero que nadie se piense que es obra de un montón de sesudas personas sentadas alrededor de una gran sala de reuniones. En realidad, el proceso suele ser tal que así:

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Pocas veces la respuesta es “no se me ocurre nada”, sino que se parece más a algo así:

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Este ha sido el modus operandi habitual durante la pandemia, periodo en el que ha reinado el teletrabajo. De manera presencial lo hacemos igual, pero a voces y con más cabezas pensantes. Sea como sea, solemos apoyarnos unos a otros para inspirarnos, pulir ideas, descartar otras y procurar no perder frescura, desde ese primer día con la enfermera que mandaba callar.

¡Schhhh!

00:40 horas del 7 de junio de 2012. España está a tan sólo dos días de pactar un rescate financiero por parte de la Unión Europea y en una de las salas del edificio donde se ubica el diario El País, una docena de personas está de los nervios. Pero no por la situación económica del país, sino porque se había pulsado el botón y acababa de nacer El Huffington Post. “Uhhh, ahora sí que no hay vuelta atrás”, se oye en aquella pequeña redacción.

Pero lo que nunca se ha contado de aquel primer día es la pregunta que surgió alrededor de las 17:00 horas del 6 de junio: ”¿Oye, y con qué vamos a abrir?”. Efectivamente, horas antes del lanzamiento no teníamos ni idea de qué tema destacar en nuestra portada.

Fue Daniel Basteiro quien se encargó de redactar el reportaje de apertura en apenas unas horas. Y como no podía ser de otro modo, versó sobre la situación económica que atravesaba España. Más concretamente, sobre el lío de comunicación que protagonizaba el Ejecutivo del PP, con ocho mensajes distintos sobre el inminente rescate financiero que estaban mandando desde el propio Gobierno.

Resuelto el tema, tocaba hacer el splash. Pero, ¿cómo lo hacemos al estilo HuffPost? Silencio, dudas, miradas cruzadas. Hay algunas ideas lanzadas al azar. Ninguna tiene punch. Es la primera portada, ¡tiene que ser muy HuffPost!

Ahí aparecieron los galones. La jefa de todo esto, Montserrat Domínguez, lanzó su propuesta. ”¿Y si ponemos a la enfermera aquella del silencio “por favor” en los hospitales pidiendo al Gobierno que se calle?”.

Era arriesgado, sí, pero era la jefa la que lo estaba diciendo. Aun así, hubo debate.

¿La enfermera sola? ¿Se va a entender?

No, sola no, con las caras de Rajoy y Guindos.

¿Y Montoro? Y Montoro también.

Venga. ¿Quién lo hace? Buena pregunta.

¿Esa es buena foto de Guindos? ¿Sí? ¿Os gusta?

Pues p’alante.

Las mejores portadas de El HuffPost.
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Y ahí estaba, en todo lo alto un gran SE RUEGA SILENCIO bajo el que se veía a una enfermera pidiendo callar a Rajoy, Guindos y Montoro. De fondo, la bandera de la Unión Europea. En el subtítulo, la noticia: El Gobierno calla para que Guindos coordine con la UE.

Cuando José Luis Sainz, entonces consejero delegado de El País, vio aquel montaje no pudo parar de reír. Después dijo: “Vale, ahora enseñadme la de verdad”. Su cara fue un poema al darse cuenta de que efectivamente, eso que estaba viendo iba a ser el primer splash.

Y sí, nos dieron por todos lados. ¿Verdad, Álex de la Iglesia?

El montaje era cutre, como reconocimos un año después, horrorizó a todo hijo de vecino, pero aquella primera portada no dejó indiferente a nadie.

Por suerte, como comprobarán en esta pieza, con el tiempo hemos ido mejorando.

Portadas para el recuerdo

Aquella primera portada la bautizamos como “aborto del Paint”, pero no nos quitó las ganas de jugar y hacer algún retoquito casero a las fotos...

... aunque a veces fueran una mierda (con perdón).

Aunque quizá seamos mejores en los juegos de palabras...

... o en hacer que el ritmo no pare:

En ocasiones nos encomendamos al más allá...

... y llegamos lejos. ¡Dejadnos presumir de haber tenido incluso una pizquita de repercusión internacional!

Los impublicables

Estos son apenas unos ejemplos de los miles y miles de splashes que han visto la luz. En un día normal hay al menos cuatro o cinco cambios; solo en una semana suponen una treintena. Si seguimos los cálculos, son unos 120 al mes o 1.400 al año. Por los diez que cumplimos... ¡nos mareamos! ¡¡¡¡14.000!!!!

Eso sin contar todas aquellas portadas descartadas. No son pocas las ocasiones en las que se nos ha ocurrido alguna idea con la que hemos soltado carcajadas pero no eran políticamente correctas como para publicarlas.

Y nos da mucha pena...

Las mejores portadas de El HuffPost.
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Todos esos splashes quedan en la memoria de la redacción bajo secreto de sumario. Quizá decidamos levantarlo cuando cumplamos una década más.

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