POLÍTICA
23/05/2021 10:00 CEST

PP y Vox tratan de desgastar a un Gobierno atrapado por la crisis en Ceuta

Malestar en La Moncloa por el papel de la oposición en un conflicto con Marruecos que no se termina de cerrar.

Chema Moya / EFE
Sánchez, Calvo y Casado

“Oposición desleal”, “utilizan cualquier calamidad”. Le salió desde dentro al presidente, Pedro Sánchez, en la sesión de control cuando le interpelaba Pablo Casado. Habían tenido una conversación privada antes, y creía que contaba con su apoyo en esta crisis diplomática y migratoria con Marruecos, mientras miles de personas cruzaban a Ceuta, pero en el Congreso se daba cuenta que se convertía en un arma de la oposición.

La complicada situación en Ceuta ha atrapado al Gobierno estos días, con las fronteras sobrepasadas por la bajada de brazos del vecino Marruecos. Allende el Mediterráneo el enfado es enorme por el hecho de que esté en España ingresado en un hospital en Logroño el líder del Frente Polisario, Brahim Ghali, como un “gesto humanitario”, defiende el Ejecutivo de Pedro Sánchez.

Nadie se esperaba lo que iba a suceder a partir de este lunes, cuando La Moncloa pensaba en unos días para reactivar el discurso tras el 4-M con la mente puesta en la presentación del plan España 2050, con la vacuna viento en popa y con el mensaje de optimismo a lanzar desde Fitur para el turismo español durante este verano. De repente miles de personas empezaron a cruzar a Ceuta, sedientos de una nueva vida. Un drama humanitario con trasfondos diplomáticos. Y que tiene sus ramificaciones en la política española.

Conforme avanzó la madrugada del lunes la preocupación máxima se extendió por todo el Gobierno. El presidente decidía entonces cancelar el viaje que tenía previsto a París y convocar una declaración institucional. A la vez se iba hasta allí el ministro Fernando Grande-Marlaska. Horas más tarde llegaba a Ceuta el jefe del Ejecutivo -no había pisado las dos ciudades autónomas ningún presidente desde hacía quince años cuando fue Zapatero-, al que llegaron a patalear su coche.

Fuentes de La Moncloa explican que desde el primer momento se respondió con la máxima firmeza y con el objetivo de atender el drama humanitario, a la vez que se hacían las gestiones diplomáticas. En el palacio presidencial señalan que la actitud que se ha visto de Vox y del PP durante estos días responde al “adn” de la utlraderecha y al lado “más oportunista y ventajista” de los populares, “sin altura de Estado”. Ese discurso del odio de Vox que se ha visto, dicen las fuentes, en redes como con la voluntaria de Cruz Roja. En el Gobierno se sigue, señalan, con “atención y preocupación” la situación, conscientes también del papel fundamental que juega Marruecos y esperando restablecer y normalizar las relaciones. 

Desde Exteriores, la ministra Arancha González Laya apela a la “discreción” para resolver esta cuestión: “Si la cuestión es que con ese gesto humanitario España está tomando partido en el contencioso del Sáhara Occidental, la respuesta clara y rotunda del Gobierno es no”.

Pablo Casado ha decidido jugar con el tema de Ceuta para desgastar al Gobierno, en un difícil equilibrio en un tema de Estado. El líder del PP ha intentado mermar al Ejecutivo diciendo que el problema con Marruecos está causado por Unidas Podemos (que apoya al Frente Polisario). “Era la crónica de una crisis anunciada”, ha señalado en las últimas horas, remarcando que los responsables están dentro del propio Gobierno. Es decir, atacar utilizando al miembro más pequeño de la coalición.

“A España no se le echan pulsos, pero no es necesario ir sembrando agravios innecesarios como los que hemos visto por parte de Podemos sin que el señor Sánchez les lleve la contraria”, teoriza el líder conservador. Los populares intentan desgastar diciendo que al Gobierno le ha quedado “grande el tema” y no pide ayuda a los populares, que conocen muy bien Marruecos y Estados Unidos. Además, piensa hacer ruido con este tema en las Cortes en los próximos días con una ofensiva parlamentaria: el PP ha pedido las comparecencias de Carmen Calvo, Arancha González Laya, Fernando Grande-Marlaska y José Luis Escrivá, además de preguntas en las sesión de control. Génova quiere hacer mucho ruido con el tema. Con la mente puesta en las recientes encuestas que dan un subidón tras las elecciones en Madrid, con el PP a tan sólo 4,5 puntos de Sánchez, según el último barómetro del CIS.

Y quien se ha lanzado de lleno contra el Gobierno estos días ha sido Vox, con un cóctel sobre España e inmigración que salpica todo su discurso y con el que quiere ganar más votantes. El propio Santiago Abascal se trasladó hasta Ceuta para hablar de “invasión”. “Esto es una prueba de la incapacidad del Gobierno de Pedro Sánchez para defender nuestras fronteras, rindiendo la frontera sur de España tanto en nuestras costas mediterránea como en Canarias, en Ceuta y en Melilla, lo que ha permitido que Marruecos se atreva a desarrollar un chantaje y una operación político-militar de estas características que ha colocado a España contra las cuerdas”, clamaba desde la ciudad autónoma.

Este extremismo de Vox se ha puesto de manifiesto durante estas horas por el reparto de menores no acompañados entre las autonomías (Galicia y Madrid serán las que más acojan). Los de Santiago Abascal se muestran contrarios a dar cobijo a los menores y, por esta razón, han vuelto a tensar la cuerda en Andalucía y a poner en jaque a la Junta (gobernada por PP y Cs), ya que retiran su apoyo a cualquier iniciativa que no lleve su firma a partir de ahora. No obstante, esto no puede desembocar en un adelanto electoral inmediato porque no puede haber comicios en julio y agosto en esa comunidad.

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