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19/05/2019 12:41 CEST | Actualizado 19/05/2019 17:55 CEST

Premios Max 2019, ¡multiplícate por cero!

Este próximo lunes, 20 de mayo, la demonizada y endemoniada Sociedad General de Autores y Editores (más conocida como SGAE) entrega los Premios Max de artes escénicas en Valladolid. Ah ¿qué no lo sabían? O, ah, ¿qué algo habían leído en el periódico o visto en la tele? Esas son las reacciones de una entrega que será vista en la televisión en prime time, sí, pero en la 2 de rtve y cuasi en inmediato diferido. Ese es el interés que despierta el teatro en los medios públicos y en los privados. ¿Cuánta alfombra roja teatral mostrando palmito saldrá al día siguiente en los periódicos o en las televisiones españolas? Estaría bien analizar las razones.

La primera podría ser que el teatro es un fenómeno muy local, en el sentido de que el hecho teatral se produce físicamente en el tiempo y en el espacio en un solo lugar a la vez por y para un grupo concreto de personas. Algo que ha venido a paliarse con las retransmisiones en directo en los cines desde teatros de renombre internacional como el National Theatre londinense o los teatros de ópera como el  Metropolitan Opera House de Nueva York, la Ópera de París, el Liceu de Barcelona o el Teatro Real de Madrid que suele hacerlo en diferido. Por cierto que el primero de estos teatros de ópera ha descubierto que estas proyecciones impactaban en su línea de flotación que era la recaudación y algo parecido cuentan los equipos técnicos del Liceu, por lo que las están restringiendo a actos masivos y promocionales, como el Liceu a la fresca.

Es decir, el impacto de un espectáculo teatral en el momento que se representa una obra es un fenómeno muy local. Y, por mucho éxito que tenga dicho espectáculo localmente, rara vez es masivo, en los términos que se usan ahora para definir a las masas. Por supuesto, tampoco es nacional e internacional en poco tiempo como una película o como un disco o como un vídeo viral de YouTube. Así que, si no conoce los espectáculos que han llegado como finalistas a los Max en diferentes categorías no se preocupe. Es que todavía no han llegado a su localidad. El problema es que incluso con el premio no llegarán porque ¿quién hace gira ahora sino tiene en el elenco un actor o actriz popular o televisivo? ¿Unos cabezas de cartel que atraigan, primero, el interés de los medios para difundirlo y, después, a través de esos medios, el interés del público potencial para que compre entradas?

Otro de los problemas es que a estos premios no se pueden presentar todos los espectáculos que se precien. Solo pueden presentarse aquellos que estén hechos por miembros de la SGAE, por obras que estén inscritas en la SGAE y por obras producidas o coproducidas por empresas españolas cuyos autores sean miembros de la SGAE. Lo que no debería criticarse, pues, es lo que pasa en todos los premios, incluidos los Oscar o los Goya, que se premian a los componentes de las academias que los organizan. Pero sí hace que haya espectáculos y profesionales que merecerían un premio y no aparecen ni entre los nominados ni entre los finalistas y usted, querido/a lector/a, puede que los eche en falta.

A todo lo anterior hay que añadir que las obras incluidas son aquellas que se han exhibido entre el 16 de diciembre de 2017 y el 15 de diciembre de 2018. Así que mientras usted está pensando en los últimos estrenos de la temporada 2018-2019 los Max vienen a hablarle de hace casi dos años. Increíble ¿verdad? En unos tiempos en los que las empresas de telecomunicaciones hacen que la información vuele a la velocidad de la luz y las tendencias y las noticias haya que verlas casi minuto a minuto, como se juegan los partidos de fútbol.

¿Cuánta alfombra roja teatral mostrando palmito saldrá al día siguiente en los periódicos o en las televisiones españolas?

Para terminar, para poder participar basta con haber tenido ocho representaciones, ya sea seguidas en un teatro o puntuales en gira, y se tengan previstas otras nueve antes de julio de 2019. De nuevo, puede que obras que no haya visto ni Blas y el jurado puede que haya visto en video se incluyan entre los candidatos y los finalistas. Algo que ocurre por ese aspecto local del teatro y la dificultad que tienen los espectáculos en la actualidad para girar. Aunque es cierto que visibilidad, venta de entradas, no es lo mismo que calidad, hay que recordar que sin espectadores, sin público, no hay teatro que valga, como no hay literatura, ni cine, ni concierto, ni política. Porque si todo es espectáculo, como diría el situacionista  Guy Debord, el espectáculo se da para un público.

Y para rematar, el proceso de votación tiene algo de ley D’Hont para asegurar que los espectáculos producidos en las diferentes comunidades autónomas estén representadas independientemente del volumen de sus votantes. Lo que, al igual que en la política, introduce sus sesgos. Incluso, en los corrillos teatrales, se habla de lobbies por regiones aprovechando esta manera de puntuar. Ni bueno, ni malo, solo hay que tenerlo en cuenta a la hora de analizar los premios.

Por eso, si no conoce las obras que aparecen en la categoría de Mejor Espectáculo de Teatro seguro que lo explica alguna de las razones anteriores. Aunque esta vez, es cierto que dos de los tres han tenido una gran y larga gira y, al menos en El HuffPost, han suscitado u interés crítico. Me refiero a La ternura y a Lehman Trilogy, que vuelven a estar en cartelera para todos aquellos que vivan en Madrid o no les importe desplazarse hasta esta ciudad para verlas y disfrutarlas. Venir al teatro a Madrid desde distintos lugares de España se ha convertido en una tendencia gracias a musicales como El Rey León que se está extendiendo a otros espectáculos, como acudir a ver al Cirque du Soleil

No es que Temps salvatge, la tercera en discordia, no mereciese también una gira o una reposición si uno se fija en su equipo artístico (con Josep María Miró y Xavier Albertí a la cabeza) pero seguramente el idioma, al ser en catalán, es una barrera para asegurarle una gira nacional. Algo que no creo que se deba al catalán, sino al hecho de que el público español en general quiere las películas dobladas al español, si hasta el Govern de Cataluña hizo una ley para obligar a traducir al catalán las películas comerciales.

Todo lo anterior hace que, por ejemplo, la autora Lucía Carballal sea finalista de Mejor autoría teatral con Una vida americana, sin duda un textazo, que se estrenó en Madrid por enero de 2018 pero que palidece ante La resistencia que hace tres meses, febrero de 2019, que se vio en una corta temporada en los Teatros del Canal. O que entre las candidaturas a la Mejor adaptación o versión teatral se encuentre  Vanessa Martínez con Orlando, su particular y cómica versión la novela de Virginia Woolf (¿qué tendrá esta escritora inglesa que tanto atrae al teatro español?), producida por Teatro Defondo que a penas se ha visto en las grandes plazas teatrales. Lo mínimo que habría que esperar de esta candidatura es que le de la visibilidad suficiente para que se vea en grandes teatros de grandes ciudades españolas, donde seguramente tendría el beneplácito del público que está yendo en masa a ver La ternura de Alfredo Sanzol y que echa de menos más obras como esta, las que les proveen de un buen rato con inteligencia y sabiduría, no solo para entretenerles.

Luego está la danza, que si no fuera por Erritu de Kukai Dantza, según los Premios Max de esta edición, en España la danza se identificaría con el flamenco, aunque sea en su versión más contemporánea. Para muestra las finalistas al Mejor espectáculo de danza: Distopia de Patricia Guerrero, Grito Pelao de Rocío Molina y Cuentos de azúcar de Eva Yerbabuena .

Por último, el despropósito llega cuando se ven los finalistas a la mejor dirección teatral. No porque los que están no lo merezcan. Sin haber visto las obras los tres tienen currículo suficiente para haberlo hecho muy bien también esta vez. Pero hay ausencias sonadas, y porque solo uno de los candidatos a mejor espectáculo cuela a su director, Xavier Alberti, dejando fuera a Sanzol, quien cuya dirección de La ternura hace que esta obra funcione como una pieza de relojería, o a Sergio Peris-Mencheta, que hace un show de Lehman Trilogy, muy diferente, por cierto, a lo que se ha hecho con este texto en otras muchos grandes plazas teatrales como Londres o Nueva York, mostrando su capacidad de imaginar y ver, su especificidad como creador. 

Seguramente todos estos factores hacen que los posibles espectadores de la gala, incluso el público general del teatro o la gente, sin más, las instituciones, los patrocinadores, la prensa, etc. digan a estos premios como Bart Simpson: ¡Multiplícate por cero! Haciéndole un flaco favor a la difusión del teatro.

 

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