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22/07/2021 21:02 CEST | Actualizado 22/07/2021 21:36 CEST

En las entrañas de los Juegos "más raros" de la historia

Psicólogos deportivos y periodistas explican las claves para entender los Juegos de Tokio y analizan la vida en el semiconfinamiento de la villa olímpica.

SOPA Images via Getty Images
No es el hotel covid de Mallorca, es la entrada a la villa olímpica, custodiada por militares, que limitan los accesos y sobre todo las salidas

Solo tú, tu rival y el silencio de un estadio olímpico vacío. El escenario más impensable se ha hecho realidad; el covid lo ha hecho realidad. Durante los próximos 17 días el mundo mirará a Tokio, la sede olímpica más triste de la historia. Son los Juegos de la pandemia, llegan un año más tarde de lo previsto y aún con dudas sobre su desarrollo hasta el momento mismo del encendido del pebetero. No habrá público, no habrá fiesta, no habrá ocio... Solo mucho deporte y 11.238 atletas ante el reto de sus vidas. Esto es lo único que no cambia.

18 meses después de la llegada del virus todos los atletas han aprendido ya lo que significa competir a puerta cerrada, pero nadie sabe lo que es vivir en una burbuja tan exigente como la de la villa olímpica. En un régimen de semiconfinamiento, los deportistas solo podrán salir de sus habitaciones para entrenar y competir. Nada de diversión, nada de turismo y pobre del que se salga del protocolo, han advertido los responsables. El deportista, su espacio y sus pensamientos juntos en unos pocos metros cuadrados. 

En la villa olímpica, confiesan varios españoles off the record, se habla de medallas, de marcas, de aspiraciones, como siempre... pero también de palabras “raras” como mindfulness, visualización, autodiálogo... Circulan los whatsapps entre compañeros preguntando cómo lo llevas, sin apenas verse pese a estar puerta con puerta. De ello hablan varios psicólogos deportivos en El HuffPost.

“Es clave que el atleta ocupe su tiempo para que no esté dando vueltas a ciertos pensamientos que no son nada positivos ni para su bienestar en ese momento ni para su rendimiento posterior”, confiesa la psicóloga Elena Ferrer ante ese reto de vivir casi encerrado.

Hablarle al rival, sin el ruido del público, más que un elemento de castigo psicológico, puede ser un elemento que le distraiga en su tarea en ese momentoElena Ferrer, psicóloga deportiva

Su colega Cristhian Fernández confía en la resiliencia de los miles de participantes. Insiste, como consejo, en “saber visualizar el escenario al que te enfrentas”. “Es una herramienta que suelo trabajar con muchos deportistas y que funciona muy bien. Imaginarte que es el día de la competición, los pensamientos y sensaciones que vas a tener, cómo sales a la pista, vivir la sensación de estar ante un estadio vacío, imaginarte los momentos previos a tu actuación, a tu rival… Es algo que, por poner un ejemplo conocido, realizaba Michael Phelps de forma muy habitual”. Visto el palmarés del nadador estadounidense ya retirado —28 medallas olímpicas y 22 de oro, récord absoluto— la fórmula funciona.

Yolanda Cuevas, también especialista en la preparación de deportistas, se centra en una práctica conocida como escaneo corporal para ahuyentar los pensamientos obsesivos de medallas y tácticas. “Sirve para tomar mayor conciencia de lo que ocurre en tu propio cuerpo, momento a momento. Es un método extraordinario para restablecer el contacto perdido con el cuerpo por estar demasiado en la mente. Es más que un método de relajación, aunque sea un efecto secundario que puede que notes en ocasiones”, matiza.

Que son unos Juegos raros nadie lo duda. Son tan extraños que no se verá por el IBC (el Centro Internacional de Transmisión, algo así como el ‘cielo’ para todo periodista olímpico) a Paloma del Río, la voz por excelencia de estos eventos. La narradora de TVE se queda en España para los que serán sus últimos Juegos Olímpicos, los decimoquintos, y los vivirá dentro de su cabina de locución, como tantos compañeros.

Si los deportistas van a perder el factor ambiental del público y su fiesta en las gradas, muchos periodistas van a perder “la emoción de vivirlo in situ”. Le tocará, confiesa, “hacer un esfuerzo de concentración superior para captar y transmitir la emoción que puedan tener los deportistas, en un proceso psicológico para el que estamos entrenados los periodistas”.

Funciona muy bien imaginarte que es el día de la competición, los pensamientos que vas a tener, cómo sales a la pista, vivir la sensación de estar ante un estadio vacío...Cristhian Fernández, psicólogo deportivo

 

Psicología hasta en la retransmisión. Nunca se ha hablado tanto de esta materia a horas del encendido del pebetero. Del Río confía, pese a las ausencias, las restricciones por covid y las dudas, en vivir un espectáculo deportivo pleno: “Los atletas han tenido un proceso de descompresión muy fuerte; ha sido más de un año de confinamiento, vuelta a los entrenamientos y competiciones a puerta cerrada. Se han adaptado y son enormemente flexibles y competitivos, saben hacerse a todo”.

Quien sí imagina un escenario deportivo algo diferente, al menos en las dinámicas de juego, es Yolanda Cuevas, en base a experiencias recientes. “Al comparar partidos de la Bundesliga austriaca de fútbol con público y sin público, estos últimos han sido mucho más tranquilos. Las discusiones entre jugadores y árbitros disminuyeron, las peleas duraban menos, es decir, había más juego limpio, menos faltas y expulsiones... y más relación interna en el equipo, lo que supone menos ansiedad”.

El sonido del silencio (y de lo que se digan los atletas)

El sonido va a ser distinto este año. En los recintos se sentirán las voces de unos pocos entrenadores y, sobre todo, de los competidores. Qué se dicen y cómo se lo dicen puede ser más influyente que nunca, especialmente en los cara a cara. Se vio recientemente en la Copa América, donde el portero argentino Emiliano Martínez anuló a varios rivales colombianos en la tanda de penaltis con gritos, alguno traspasando lo políticamente correcto. Tarea para quien habla y también para quien escucha.

En partidos sin público las discusiones entre jugadores y árbitros disminuyeron, las peleas duraban menos, había más juego limpio, menos faltas y expulsionesYolanda Cuevas, psicóloga deportiva

“Más que un elemento de castigo psicológico, puede ser un elemento que  distraiga al deportista en su tarea importante en ese momento”, explica Elena Ferrer, fijándose en esos penaltis. Esto también se trabaja, cuenta. “Hay que entrenarlo para saber hacia dónde dirigir la atención en cada momento, ser consciente de cuándo no se tiene la atención en el lugar idóneo y, por supuesto, para saber redirigirla de inmediato”.

Cristhian Fernández se fija en Carolina Marín. Aunque por una inoportuna lesión la onubense no podrá revalidar su título olímpico, es conocido su estilo en la pista, con una constante carga comunicativa. “La utiliza de forma muy inteligente para intentar minar la mentalidad de su rival, haciéndole ver que está dominando el partido o que no se rinde nunca”. Comunicación verbal y no verbal, prosigue este preparador. El objetivo, más que nunca, es “condicionar al otro, activarle algún tipo de respuesta inducida”, añade Cuevas.

Esta psicóloga amplía su reflexión a la falta de referencias en las gradas. Nadie recibirá los aplausos de los suyos ni los intencionados abucheos del público (como tristemente se vio en Rio 2016 en, por ejemplo, la final de salto con pértiga). Toca cambiar el chip, otra vez. “Pasar de depender de esa motivación externa a una interna, personal”.

Los árbitros, “los grandes beneficiados”

Al conocerse la decisión definitiva de celebrar la cita sin espectadores hubo un colectivo que tomó algo de aire: el de los jurados técnicos. Cristhian detalla que “ya hay estudios que demuestran la influencia de la no presencia de público en los estadios de fútbol en pandemia, no solo para los deportistas, sino también las decisiones de los árbitros”. Habla del peso de los gritos, los pitidos en la memoria inmediata de los jueces, obligados a decidir en ese momento, sin opción de revisionarlo días después”.

Básicamente, es cuestión de “libertad”, complementa Yolanda. “Los árbitros van a ser los grandes beneficiados de que no haya público. No habrá estrés por sentirse cuestionados directamente y es indudable que la ausencia de presión ambiental mejora la objetividad, se es más libre y consciente”.

Paloma del Río confía en la buena fe de los jueces, con o sin público, porque además de sus códigos éticos, también se enfrentan a supervisores de sus dictámenes, que ven si hay “desviaciones intencionadas”.  No sería la primera vez que se enfrentan a sanciones por actitudes sospechosas. Cita, tirando de memoria, los Europeos de gimnasia rítmica de Zaragoza 2000, “un escándalo tal que varias jueces quedaron sancionadas para los Juegos siguientes”.

En Tokio aguarda la llama olímpica. Ni esas dudas ni el covid han conseguido apagarla. Comienza el mayor espectáculo deportivo del mundo... incluso en estas condiciones tan “raras”.

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