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12/04/2019 07:30 CEST | Actualizado 12/04/2019 07:30 CEST

Producción encadenada de indecisos

jayk7 via Getty Images

Yendo a trabajar, escuché en la radio improperios contra la encuesta pre-electoral del CIS por el hecho de que sus resultados ofrecen lo que se considera por los emisores radiofónicos un alto porcentaje de indecisos. Se llegaba a decir que no servía de nada. Seguramente, su opinión no hubiera cambiado, aun cuando los resultados en este aspecto hubieran sido otros, pues las exclamaciones tenían mucho de ideas preconcebidas, con relativa independencia de los contenidos del estudio. Sin embargo, me gustaría fijarme en el argumento, pues, para quienes en algún momento de nuestra trayectoria profesional, nos hemos dedicado a esto de las encuestas y los sondeos pre-electorales, es como decir, trasladado al compartido lenguaje del fútbol, que un partido no tiene valor porque el equipo contrario es muy difícil. Al contrario, ¡es una motivación!. Peor, por muy sospechoso, es que la encuesta hubiera dado una bajísima proporción de indecisos. Siguiendo con símiles deportivos, hubiera sonado a tongo. ¿Se figuran los resultados de una encuesta, realizada dos meses antes de la cita electoral, diciendo que todos los entrevistados tienen ya decidido su voto?

Y es que los sondeos pre-electorales están, entre otras cosas, para eso, para producir la información de los indecisos existentes. El agujero negro de este tipo de instrumento de observación no está en los indecisos, sino en otros lados. Por ejemplo, entre los que dicen que tienen intención de votar a un determinado partido y mienten o no están tan seguros, como parece certificar su respuesta. Pese a lo que señala algún mito que recorre por ahí, los cuestionarios no son una especie de máquina detectora de mentiras. Por ello, los que mienten son un agujero negro del que, a diferencia de los agujeros negros de verdad, apenas se tiene alguna fotografía, derivada del análisis de estudios panel que articulan encuestas pre-electoral y post-electoral, comparando las declaraciones de intención de voto con lo que, después, se dice que se votó. Creo que no hace falta recordar que lo que se recogen, en todo caso, son declaraciones de muestras de entrevistados y no el comportamiento de voto.

Los indecisos son la materia fundamental de las encuestas pre-electorales. Lo que da sentido a esta práctica de investigación social. Un instrumento como el cuestionario en este tipo de estudios está principalmente diseñado para ofrecer registros de los perfiles de los indecisos. Perfiles diversos –sociodemográficos, ideológicos, actitudinales, políticos, etc.- que después serán utilizados en el análisis. No voy a entrar aquí en si los presupuestos teóricos utilizados por el CIS en esta ocasión, y que dan vida al diseño del cuestionario, son mejores o peores que los utilizados en ocasiones anteriores o por otras entidades. Mucho menos, en los procedimientos de estimación que la propia institución dice haber llevado a cabo. Entraríamos en asuntos técnicos que creo que, en realidad, interesan a muy pocos. En especial, a quienes tienden a lanzar improperios como los escuchados en la referida emisora radiofónica. Pero no puede dejarse de reconocer al CIS cierto ejercicio de transparencia al hacer públicas las guías que han conducido sus procedimientos de estimación, animando a la institución a que complete este camino con la publicación de los procedimientos concretos que llegan hasta el coeficiente de estimación aplicado en cada estimación concreta. Algo que, por otro lado, también sería deseable que ocurriera con el resto de sondeos pre-electorales que se publican, aun cuando hubieran sido realizados por empresas o entidades privadas. Volviendo al fútbol: no se trata de ver solo los goles o los highlights, como ocurre en los escuetos resúmenes de los partidos (de fútbol), sino el partido entero.

Si se analizan procesos electorales cercanos, tal vez pueda concluirse que han salido beneficiados de los mismos quienes menos han hablado o las formaciones con programas menos definidos.

Sí, la proporción de indecisos que muestran los resultados es notable. El incierto y fluctuante contexto no es para menos. El 41,6% de los entrevistados. Además y como se ha venido registrando en los últimos barómetros –véase, por ejemplo, el de febrero de 2019- la mayor parte de estos indecisos se encuentran en el centro del espectro ideológico-político. Casi la mitad (49,2%) se sitúan entre el 4 y el 6 de la escala ideológica, que abarca desde el 1 (extrema izquierda) al 10 (extrema derecha). Más de la tercera parte de estos indecisos son aportados por el PSOE y el PP: 17% son exvotantes del PP y 17,3% son exvotantes del PSOE. El siguiente alimentador de indecisos es Ciudadanos, que aporta el 10,7% de los mismos. Algo tendrá que ver lo que han venido haciendo estos partidos para producir estos indecisos.

Los indecisos son el oro de sociólogos y politólogos electorales y, sabiéndolo o no, hay que reconocer el notable esfuerzo que hacen los partidos políticos españoles para la producción de indecisos. Cada mañana de continua campaña electoral, un exabrupto o una propuesta más o menos peregrina emitidos por los líderes políticos pensando en sus receptores más inmediatos, los que asisten al mitin, que apenas tienen en cuenta que serán interpretados como una herida punzante o incluso una amenaza por sus seguidores más distantes o moderados. Si se analizan procesos electorales cercanos, tal vez pueda concluirse que han salido beneficiados de los mismos quienes menos han hablado o las formaciones con programas menos definidos. Los que, con estrategia reservona o sin estrategia, se han limitado a ver como los otros producían indecisos. Mientras unos se pelean para dar razones para no votarlos; otros, callan, aunque sean aludidos. Su no decir atrae los indecisos, a quienes no dicen, en las encuestas.

 

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