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13/08/2020 20:09 CEST

Algunos camareros: "Si se prohíbe fumar, la gente no lo va a cumplir"

Una tarde en las terrazas de Madrid el día que Galicia impide el consumo de tabaco al aire libre si no se garantiza la distancia.

JAVIER PORTILLO
Tres hombres este jueves en una terraza de Madrid, próxima al Museo Reina Sofía, junto a un estanco.

Óscar, que no quiere dar su apellido porque no quiere “movidas”, desinfecta con esmero, trapo en mano, la mesa de hojalata de la terraza del bar de Madrid en el que trabaja de camarero. Acaba de pactar con un cliente sentado en la mesa de al lado fumar un cigarro con él.

- “En cuanto termine de recoger, si me invitas”, le dice.

Deben ser conocidos. Si se va a diario, un bar es un consejero y sus empleados algo parecido a la familia. El cliente, Juan Ramón Osta, de 42 años, desenfunda la cajetilla y enciende un cigarro sin esperar. Una escena que desde este jueves está prohibida en Galicia si no se garantiza la distancia de seguridad. A los gallegos se han sumado también los canarios. Y ahí no acaba el cerco al virus en España.

Al menos otras ocho comunidades (Andalucía, Asturias, Cantabria, Castilla-La Mancha, Castilla y León, Comunidad de Madrid, Navarra y Comunidad Valenciana) estudian la implantación de esta medida en sus respectivos territorios, porque empieza a surgir evidencia científica de que el nuevo coronavirus que está poniendo en jaque al mundo se transmite por el aire, a través de gotas exhaladas que quedan en suspensión. Por eso, lo que no ha logrado la ley antitabaco lo está consiguiendo el SARS-CoV2. 

¿Qué será lo próximo, prohibir las monedas porque se descubre que la principal fuente de transmisión es el dinero?Juan Ramón Osta

El problema es cómo garantizar el cumplimiento de la medida. La Comunidad de Madrid es una de las autonomías que baraja el veto al tabaco en la calle. Pero Óscar le ve escaso recorrido. “Si se prohíbe fumar, la gente no lo va a cumplir”, sentencia con la autoridad de quien pasa ocho horas diarias de cara al público. La propia alcaldesa de A Coruña, Inés Rey, reconocía en la mañana de este jueves en la Cadena Ser que no podía “poner un policía detrás de cada fumador”. 

Juan Ramón Osta asiente. “Dudo que sea cierto al cien por cien que el virus vaya en suspensión en el humo del tabaco”, dice este asesor de seguros. No obstante, reconoce que vería la medida con cierta lógica si se demuestra esta vía de transmisión. “Pero aún no hay evidencia, hay un estudio. Por eso me parece precipitado”, explica. ”¿Qué será lo próximo, prohibir las monedas porque se descubre que la principal fuente de transmisión es el dinero?”, zanja. Eso sí, Osta enfatiza que llegado el punto no le importaría salir de la terraza para fumar. Aunque cree que detrás de esta medida se esconde cierta inclinación a vetar actos socialmente mal vistos, como el tabaco o el botellón, con la excusa de la covid-19.

Cerca del bar, un luminoso con una “T” advierte la cercanía de un estanco. Una de las vendedoras, que cuenta que lleva poco tiempo al frente del establecimiento, reconoce que ha notado que se vende menos tabaco desde que estalló la epidemia de coronavirus en el país. “Y ahora vemos la medida de prohibir fumar con preocupación. La gente se va a tener que ir a fumar a su casa”, cuenta.

JAVIER PORTILLO
Dos mujeres conversan en una terraza en la plaza de Juan Goytisolo, este jueves, en Madrid.

El dueño de un bar cercano advierte de que está “cansado” de “hacer de policía”. “Hay gente que se toma mal que le digas que se ponga la mascarilla, no quiero pensar cómo se tomará que le digas que no pueden fumar”, confiesa. Y advierte: “La gente empieza a estar crispada. Lo noto. Hay nerviosismo, porque la cosa no mejora y la economía cada vez va peor”.

“Sí, todavía se puede fumar”, concede entre risas otro camarero en una terraza en la plaza de Juan Goytisolo, junto al Museo Reina Sofía. Guarda el cenicero dentro del bar, pero cuando un cliente lo pide acude en su busca y lo deja encima de la mesa junto a un bote de gel hidroalcohólico. “La gente está despistada con tanta norma y cambio de criterio. Veo que hay hartazgo, lo escucho”, explica.

Javier, de 51 años, apura su cigarrillo junto a una cerveza en la misma plaza. Se reconoce fumador esporádico. “Lo he comprado hoy porque me ha dado por ahí, pero no suelo fumar. Creo que mientras no molestes a nadie, no se tiene por qué prohibir nada. Si fumas y no echas el humo a nadie y quien lo está respirando cerca es tu pareja, con quien vives, ya me dirás qué cambia”, cuenta.

Ya está bien de prohibir cosas. Estamos llegando a un punto en el que no te van a dejar vivir tranquiloUna cliente de un bar

Su acompañante, una mujer, lanza con cierto enfado: “Ya está bien de prohibir cosas. Estamos llegando a un punto en el que no te van a dejar vivir tranquilo”, dice. La Organización Mundial de la Salud —y el resto de autoridades—, sin embargo, no se cansan de repetir hasta la saciedad la importancia del uso de la mascarilla, el respeto de la distancia de seguridad y el lavado frecuente de manos.

El objetivo es taladrar el mantra en la cabeza de los ciudadanos de todo el mundo. Con el tabaco, la OMS enfrenta más problemas de comunicación. Primero, porque la demostración de la transmisión del virus en el humo del tabaco ha tardado en llegar. Y, después, porque cuando estalló la crisis sanitaria, hubo estudios científicos presentados como tal que recogían que la nicotina era un factor que reducía la severidad de la enfermedad que causa el coronavirus.

Eso quedó en la conciencia de algunos fumadores a pesar de que Sanidad ya alertó en abril de que quienes se ponen un cigarrillo en la boca son más vulnerables si se infectan con el virus. Un documento de la Comisión de Salud Pública del Sistema Nacional de Salud, publicado en julio, advertía de que fumar podía ser un acto transmisor del virus y, por eso, desaconsejó hacerlo en entornos sociales. Ahora, las autoridades dan un paso al frente.

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