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31/12/2019 10:24 CET | Actualizado 31/12/2019 10:24 CET

Próspero año

Me siento viejuna y trasnochada expresando el deseo de toda la vida para lo que se nos avecina.

oatawa via Getty Images

Bueno, pues ya tenemos un pie en el año nuevo. Con tanto “meme”, “gif”, vídeos virales y frases hechas varias, enmarcadas en botellas de champán, serpentinas, gorritos y demás que invaden nuestros teléfonos y correos electrónicos en estas fechas, me siento viejuna y trasnochada expresando el deseo de toda la vida para lo que se nos avecina. Próspero año nuevo.

Sin más. Sin bromitas más o menos afortunadas o divertidas. Claro que podemos pedir una pareja, o un divorcio, o un chalé o uno de esos carísimos coches que llevan los deportistas famosos. Supongo que eso también es desear prosperidad, que al fin y al cabo el diccionario de la Real Academia (que espero me acompañe también en el año nuevo como en todos desde que tengo memoria), define próspero, dicho de una persona, como “que tiene éxito económico”.

Vamos, que hay que acudir a otros textos, a los sinónimos, al María Moliner y su Diccionario de Uso del Español, para asegurarnos de que próspero es también “favorable, propicio, venturoso”. Que no todo es economía y dinero. Que puede haber prosperidad sin IBEX, sin liderar  crecimiento del PIB de Europa y el mundo mundial y sin esas fastuosas recuperaciones que nos anuncian cuando la cosa está ya muy fea.

Ojalá 2020 sea próspero. Que sea venturoso y propicio para la igualdad tan lejana y casi inaccesible, para la solidaridad, que casi ha desaparecido del diccionario oficial, y sólo permanece en pequeños textos individuales, en el corazón de cada cual y en los esfuerzos de ONG y asociaciones humanitarias que suplen los “olvidos” de los dirigentes. Que sea próspero para las mujeres maltratadas y asesinadas que conforman una larga y penosa lista a finales de este 2019. Y para los que no tienen trabajo, o para los que, trabajando, no llegan ni tan siquiera a mitad de mes.

Que sea favorable para el diálogo y el entendimiento a todos los niveles, que con los años hemos dejado en desuso, además de desear próspero año nuevo, eso de que hablando se entiende la gente. Hablando, no con leyes y decretos, que son el último recurso. O deberían serlo.

Que tanta paz lleve 2019 como descanso deja, que se dice en mi pueblo.

Y hablando de personas, que vuelvan, volvamos, a ser lo primero. Que los corazones vuelvan a ocupar el lugar que les han usurpado las carteras; que las palabras sustituyan al tintineo de las monedas, y los abrazos y los besos, a los emoticonos uniformes y monótonos. Y el llanto, sano y liberador a veces, no quede reducido a otro muñeco con ojos chorreantes.

Y que sea bueno para la Tierra, la de todos, que ve impotente cómo descolocamos los años, las estaciones, los mares y los ríos, los cielos y los hielos; los pájaros y los peces…

No voy a hacer balance. Que tanta paz lleve 2019 como descanso deja, que se dice en mi pueblo. Unos cuantos apuntes para agradecer que la enfermedad nos haya respetado, que seguimos teniendo buenos amigos y que volvemos a constatar que hay gente buena.

Con el puntapié en salva sea la parte al año que dejamos, al mundo convulso, al incierto panorama político en todas partes, a la ruptura del contrato social, tal y como lo concebíamos, al planeta azul que hemos habitado siempre, mi único deseo es que todos creamos que un año mejor es posible. Y que luchemos por conseguirlo.

Que tengáis todos un próspero año nuevo.

 

Este post se publicó originalmente en el blog de la autora.