TENDENCIAS
03/04/2019 13:43 CEST | Actualizado 03/04/2019 17:28 CEST

“He estado con más de 600 prostitutas”: la polémica entrevista de Samanta Villar a un putero

Jesús habla sin tapujos sobre su vicio y esto es lo que opinan los tuiteros

TWITTER

Jesús no tiene reparos para definirse como un putero. El asturiano ha puesto rostro a la adicción a la prostitución en el regreso del programa La vida con Samanta (Cuatro), que abordó el martes diversas conductas viciosas. 

Tenía 15 años cuando pisó por primera vez un prostíbulo: “Recuerdo que al entrar me quedé sentado en la barra, se acercó una chica de casi 40 años y me propuso pasar a la habitación. Acepté. Le di muchas vueltas a la cabeza pensando en cómo había perdido la virginidad y al final dije: ‘¡Qué carajo!’. A los dos meses volví”. Y lo ha seguido haciendo habitualmente con toda la normalidad porque, para él, un prostíbulo no es un lugar de vicio sino donde “se va a pasar un buen rato”. 

El protagonista más polémico del programa de Samanta Villar desató una oleada de críticas en redes con su controvertida sinceridad: “He estado con más de 600 prostitutas y no me he gastado más de lo que se gasta un fumador habitual. No hay nada más bonito que fumarse un porro e irse a la cama con una prostituta”.

La normalidad de Jesús es tal en la práctica como en la retórica. Admitir públicamente su gusto por la prostitución no choca con sus convicciones cristianas, aunque reconoció ante la presentadora que desde que dice sin tapujos que es un putero, los curas no le permiten entrar en las iglesias. 

Esta práctica tampoco le ha impedido mantener varias relaciones ni formar su propia familia. Tiene dos hijos a los que, dice, no tiene inconveniente en explicarle la situación. Uno de ellos es hijo de una prostituta: “Mi hijo es un hijo de puta y seguramente dentro de muy poco tiempo ser un hijo de puta no supondrá ningún estigma”. 

Él se convirtió en huérfano a los 15. Junto Samanta, visitó la tumba de sus padres, ante la que afirmó que, pese a sus principios conservadores, pensaba que estarían orgullosos de él. “Mi padre diría que ellas son trabajadoras, que tienen que tener derechos. Desconocemos si mi padre era putero o no”.

En su opinión, la sociedad opera con una doble moral, “que se predica una moral que no se practica y se practica una moral que no se predica”.

ESPACIO ECO