INTERNACIONAL
31/01/2021 10:18 CET

Qué está pasando en Israel, que ya ha vacunado a un tercio de su población

En marzo espera alcanzar la inmunidad de rebaño. Mientras tanto, sirve de 'laboratorio' para Pfizer y para el resto del mundo.

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Un sanitario prepara una dosis de la vacuna Pfizer-BioNtech contra el covid en Jerusalén, el 24 de enero de 2021. 

Un enorme ensayo clínico o un laboratorio de conejillos de Indias. Dependiendo a quién se le pregunte, eso es ahora mismo Israel. El país primero sorprendió al planeta por sus altísimas tasas de vacunación; luego, por su acuerdo bilateral con Pfizer; y, finalmente, por los datos que está arrojando su proceso de inmunización.

Israel es, con diferencia, el país que tiene más porcentaje de población vacunada: una tercera parte de sus 9 millones de habitantes ya ha recibido al menos la primera inyección. Según los datos que recoge la plataforma Our World in Data, el país ya ha puesto más de 4,3 millones de dosis, aunque la cifra no se corresponde con la cantidad de población vacunada, pues cada persona necesita dos pinchazos. Un millón y medio de personas tienen ya puestas las dos dosis, ocho veces más que en España, donde 193.000 personas han recibido la doble inoculación.

Israel se propuso poner 200.000 vacunas al día, y lo está cumpliendo. En el siguiente gráfico se ven las dosis que ha puesto cada país por cada 100 habitantes:

El Gobierno israelí pretende que para el mes de marzo todas las personas mayores de 16 años hayan recibido la vacuna, y entonces podrá hablarse de inmunidad de grupo. Pero no hace falta esperar a marzo para conocer algunas de las conclusiones que están sacando los epidemiólogos del ‘ensayo clínico’ a gran escala llevado a cabo en Israel. 

De momento, los expertos hablan de resultados “muy prometedores” al observar que la vacuna ya comienza a hacer efecto dos semanas después del suministro de la primera dosis, y que con las dos inyecciones se puede alcanzar una eficacia superior al 95% que anunció la compañía Pfizer. 

Según los últimos datos del Ministerio de Sanidad israelí, de entre 428.000 personas que recibieron la segunda dosis de la vacuna hace más de una semana, sólo 63 el 0,014% se contagiaron de covid. Además, estas personas no desarrollaron síntomas graves, no tuvieron fiebre por encima de 38,5º C y no tuvieron que ser hospitalizadas. 

Dos semanas después de la primera dosis, hay protección

El caso de estudio de Israel trae más buenas nuevas, y es que el efecto inmunizador podría llegar incluso antes de lo esperado. El Instituto de Investigación Clalit de Tel Aviv ha comparado a dos grupos de 200.000 personas de más de 60 años: uno de los grupos recibió la primera dosis de la vacuna y el otro, no. Hasta doce días después del suministro de la primera inyección, ambos grupos mostraban una tasa de contagios similar. Pero pasados 14 días, la tasa de contagios del grupo vacunado era un 33% menor. Y eso, sin haber recibido aún el segundo pinchazo.   

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Una sanitaria vacuna a una mujer embarazada en Tel Aviv, el 23 de enero de 2021.

Los datos que ofrece Maccabi Health Services, una de las cuatro organizaciones sanitarias del país, son incluso más optimistas, y muestran una disminución en la tasa de contagios de hasta el 60% cuando pasaron entre 13 y 21 días después de que 430.000 personas recibieran la primera dosis de la vacuna. Maccabi no aclaró, en cambio, la edad de los ‘participantes’, ni si había comparado estos resultados con los de otra cohorte de no vacunados.

En ambos casos, se trata de datos preliminares, y que ofrecen una horquilla entre la que se sitúan las cifras que dio Pfizer, cuyos ensayos clínicos demostraron una eficacia del 52% tras administrarse la primera inyección. Este porcentaje coincide también con los datos que recoge la Generalitat de Cataluña, que ha detectado que los efectos de vacuna empiezan a notarse diez días después de la primera dosis, reduciendo los contagios a la mitad.

El “contrato de colaboración” con Pfizer

La farmacéutica estadounidense se ha ‘aliado’ con Israel para obtener nuevas conclusiones sobre la vacuna. Así lo dio a conocer a principios de enero el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, que incluso publicó el contrato de 20 páginas firmado con Pfizer, en el que se establecía una “colaboración de evidencias epidemiológicas en el mundo real”. Dicho de otra manera, Israel accedía a cederle datos a la compañía a cambio de recibir sin retrasos la vacuna. El “objetivo”, reza el contrato, es “determinar si la inmunidad de rebaño se consigue al alcanzar un cierto porcentaje de vacunación en Israel.

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El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, recibe la segunda dosis de la vacuna contra el covid el 9 de enero.

Aunque en el contrato aparecen borrados los términos económicos, algunos medios apuntan a que Israel estaría pagando 47 dólares (38 euros) por cada vacuna a Pfizer, más del doble de lo que paga Estados Unidos y más del triple de lo que supuestamente paga la Unión Europea: algo menos de 15 dólares (12 euros).  

Israel y Pfizer están orgullosos de su acuerdo porque es beneficioso para ambos, pero va justo en contra de la recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que instó a que los países más ricos y los laboratorios “dejen de hacer acuerdos bilaterales”, pues esto perjudica los esfuerzos de las organizaciones internacionales por extender la llegada de la vacuna también a los países más desfavorecidos. 

La Unión Europea, sin ser una región desfavorecida, se ha visto afectada estos días por los retrasos en la llegada de dosis de Pfizer. A principios de esta semana, la farmacéutica ha retomado el ritmo habitual de envíos y se ha comprometido a aumentarlos a partir del 15 de febrero.

Israel se olvida de alguien

Tampoco está siendo nada ejemplar la decisión de Israel de no vacunar a los palestinos que viven en Cisjordania y la Franja de Gaza, que no tendrán hasta dentro de mucho tiempo acceso a la vacuna, tal y como denuncian los grupos de derechos humanos.

“El plan de vacunación de Israel hasta ahora sólo cubre a los ciudadanos de Israel, incluidos los colonos que viven en Cisjordania y a los palestinos que residen en Jerusalén. Excluye, en cambio, a los casi 5 millones de palestinos que viven en Cisjordania y la Franja de Gaza bajo ocupación militar israelí”, apunta Amnistía Internacional.

Según el artículo 56 del IV Convenio de Ginebra, las fuerzas que ocupan un territorio deben proporcionar servicios sanitarios a la población del lugar que ocupan:

“En toda la medida de sus medios, la Potencia ocupante tiene el deber de asegurar y mantener, con la colaboración de las autoridades nacionales y locales, los establecimientos y los servicios médicos y hospitalarios, así como la sanidad y la higiene públicas en el territorio ocupado, en particular tomando y aplicando las medidas profilácticas y preventivas necesarias para combatir la propagación de enfermedades contagiosas y de epidemias. Se autorizará que el personal médico de toda índole cumpla su misión”.

Y, mientras tanto, la pandemia sigue

Al margen de cuestiones éticas y económicas, la situación epidemiológica en Israel también sirve para advertir de que, aun teniendo a un importante porcentaje de la población vacunada, no se puede bajar la guardia. 

El 19 de enero, el país registró un récord de más de 10.000 nuevos casos de coronavirus en el día, algo nunca visto, y su tasa de positividad de pruebas covid superó el 10% por primera vez en tres meses. Las autoridades sanitarias achacan estas cifras a la circulación de la cepa británica, que estiman que supone más de un tercio de todos los contagios del país.

El confinamiento general establecido a finales de diciembre ha cumplido ya un mes en vigor, y el Gobierno no descarta extenderlo.

Además, esta semana el país ha anunciado el cierre de sus cruces fronterizos terrestres con Egipto y Jordania durante al menos cuatro días, coincidiendo con el cierre del aeropuerto internacional para evitar la llegada de nuevas cepas del virus.

“Cierro las fronteras porque estoy haciendo lo que creo que otros países también harían si pudieran, que es vacunar a millones de personas mientras el país está cerrado, tratando de ganar esta carrera entre mutaciones y vacunaciones”, dijo Netanyahu este miércoles. El temor a que las vacunas desarrolladas no sean efectivas contra nuevas variantes del virus existe. Para Netanyahu, “es cuestión de tiempo” que esto llegue a ocurrir. 

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