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03/03/2019 09:02 CET | Actualizado 03/03/2019 09:03 CET

¿Qué hacer en el caso de una invasión alienígena? Recurrir a la política, claro

Getty Images

Roberto Losada Maestre, Universidad Carlos III

La humanidad, a través de un proyecto de comunicación interestelar, aguarda recibir el mensaje de alguna inteligencia extraterrestre. Sólo después de una infructuosa espera se plantea el problema de que si toda vida inteligente estuviera haciendo lo mismo, escuchar, pero no emitiera ningún mensaje, nadie oiría nada. ¿Por qué no enviar alguno? Lo malo es que no se sabe quién puede estar escuchando. Resultaría también arriesgado responder si llegara algún mensaje: podría tratarse de una trampa.

Así describe la situación el filósofo norteamericano Robert Nozick en un breve relato titulado R.S.V.P. (las siglas en francés de "Se ruega respuesta, por favor").

Plantea el dilema que acompaña siempre a la aparición del Otro: puede verse como una amenaza a la creencia en nuestra propia importancia, a nuestra singularidad, o puede verse como la oportunidad de descubrir lo que realmente somos.

Esa ambivalencia que supone la experiencia del extraño, del Otro, la posibilidad de que sea enemigo o huésped, es resultado de la particular forma de la existencia humana: somos Nosotros en tanto hay Otros. Podemos odiarnos, rechazarnos o darnos la espalda, pero nos necesitamos.

Nosotros, los otros y la política

Este hecho existencial es presupuesto de lo político. En un mundo donde no hubiera Nosotros y Otros no habría política y, ya se sabe, sin política no hay libertad. Sería un mundo de autómatas. Por ello, si se quiere sobrevivir a una invasión alienígena de poco servirá recurrir a los ejércitos y a la guerra. La garantía de la supervivencia está en la política.

Supongamos por un momento que han llegado ya los alienígenas a la Tierra. ¿Qué hacer? A continuación se presentan 10 ideas que pueden servir de breve guía de supervivencia, por si no quiere usted entregarse a ellos y convertirse en su esclavo, su rata de laboratorio o pasar a formar parte de su despensa.

  1. Puesto que los alienígenas están aquí, cabe suponer que tienen conocimientos superiores a los nuestros, al menos en lo referente a viajes a distancias medidas en años luz. Es lógico concluir, por tanto, que nos superan en otros aspectos técnicos, científicos y, ¿por qué no?, en creaciones artísticas.

    Sería ingenuo pensar que, siendo pues superiores, aceptarán ponerse de manera voluntaria en pie de igualdad con nosotros. Si de algo podemos estar seguros es de que no sacrificarán su situación de poder a cambio de la paz.

  2. Por más que insistamos en que somos gente de paz (algo que difícilmente podría llegar a creer quien echara un vistazo a nuestra historia), Ellos no tienen motivo para dejar de considerarse enemigos nuestros. A los enemigos no se les escoge.

  3. No hay un Otro más extraño a Nosotros, más diferente, más opuesto, más extranjero, más absoluto tal vez, que aquél que no pertenece a nuestro planeta. Para los alienígenas la relación se presenta a la inversa: nada más desazonador, incomprensible, inexplicable y puede que repugnante, que Nosotros.

    Teniendo en cuenta que el Otro es el mal, en tanto que como ser extraño se le considera anormal, incorrecto, desviado, amenaza para lo que el grupo de Nosotros dice, hace, y vive, que es lo normal, lo correcto, lo natural y lo mejor, la actitud que cabe esperar por parte de los alienígenas es de hostilidad.

  4. Por ello, sería disparatado e ingenuo llegar a creer que no considerarlos enemigos hará que no lo sean. Desde luego, mientras no hayamos alcanzado un cierto grado de intimidad, no son nuestros amigos.

  5. Los alienígenas no son como nos los han mostrado en las películas: no tienen sangre capaz de corroer los metales, no son inmunes a todo tipo de armas, no tienen poderes semidivinos que les permiten leer la mente o modificar la materia sólo con desearlo.

    Hablan, desde luego, idiomas distintos, son físicamente diferentes, tienen otros dioses y escuchan otro tipo de música. Puede que la casualidad (aunque en ese caso habría que preguntarse si realmente lo es) haga que algunos hablen latín, adoren a Xitlali y escuchen música pop, podría ser.

    Lo que es seguro es que no son todos Ellos iguales, como no lo somos Nosotros, ni piensan todos igual, como no lo hacemos Nosotros y, lo que es más importante y más interesa para nuestra supervivencia: no forman todos parte de un mismo y único Estado que gobierna todo su planeta.

  6. Esto puede explicarse fácilmente. Para que vivieran bajo un Estado planetario, los alienígenas tendrían que haber aceptado ser meros autómatas determinados por el conocimiento científico, esto es, carecer de opinión. Puesto que no existe opinión si no hay al menos dos, es decir, si no puede sostenerse una y la contraria de buena fe, la opinión sólo desparece cuando la ciencia alcanza una verdad, en cuyo caso ya no tiene sentido opinar.

    Un Estado planetario exigiría que todos los que viven en él sean de la misma opinión, lo que equivale a decir que no tengan opinión alguna. El problema es que en esta situación de homogeneidad los días se sucederían sin alteración, no habría cambios. No habiendo opiniones divergentes, el tiempo parecería haberse detenido.

    Si los alienígenas hubieran alcanzado a construir ese Estado planetario antes de haber viajado hasta nosotros ya nunca lo harían: no habría manera de que la opinión de iniciar el viaje apareciera. De modo que si están aquí es que no son como a veces nos los presenta el cine: no todos tienen la misma nacionalidad , el mismo líder, ni ven las cosas del mismo modo. Ni siquiera si el régimen político que soportan es una tiranía, ya que sólo sería tiránico si hubiera entre Ellos quien lo sintiera como tal, es decir, que mantuviera la opinión de que no es la forma correcta de ser gobernado.

    Dicho de otro modo: tanto en un plantea lejano como en nuestra Tierra, la existencia de un Estado planetario, al eliminar la opinión, elimina la política. Pero el Estado mismo es una forma política, por lo que si elimina la política elimina su sentido.

  7. Puesto que los alienígenas no tienen todos la misma forma de entender las cosas, tampoco estarán todos de acuerdo en la forma en que se tiene que llevar a cabo la invasión. Ellos no tienen un Estado planetario, pero Nosotros tampoco, así que, igualmente, no estaremos de acuerdo en las formas en que hemos de hacerles frente.

    Se da pie, de este modo, a que se formen alianzas entre algunos de Ellos y algunos de Nosotros. Por supuesto, esas alianzas buscarán oponerse a quienes mantienen opiniones contrarias. Esto, al revés de lo que pueda parecer, es una gran ventaja, incluso si usted no forma parte de ninguna de esas posibles alianzas.

    En primer lugar, porque las alianzas políticas son frágiles y siempre temporales: en cuanto la amenaza que las motivó se debilita o alcanzan el triunfo desaparecen.

    En segundo lugar, porque dentro de cada uno de los miembros de la alianza hay distintas opiniones: unos la rechazarán, otros la apoyarán, otros defenderán alianzas distintas.

    En tercer lugar, porque entre los miembros de la alianza hay siempre diferencias de poder. Y si, como le dije, usted no forma parte de ninguna alianza, tiene en su mano la posibilidad de desestabilizarlas todas inclinándose por apoyar a unos u otros miembros de las ya existentes.

  8. La presencia de alianzas, es decir, de opiniones distintas implica el reconocimiento de las que uno defiende como valiosas. De otro modo, ¿qué sentido tendría defenderlas? Ahora bien, algo es valioso en comparación con otra cosa. Así que el valor de lo Nuestro necesita de lo Otro.

  9. Tanto los alienígenas como Nosotros, por tanto, nos necesitamos si nos consideramos valiosos. Este es el resultado de la diferencia de opiniones, de la confrontación de las mismas, de la política, en definitiva.

    La política necesita de un Otro con el que se puede tener un enfrentamiento amistoso o abiertamente hostil. Pero en ningún caso se le puede eliminar, erradicar, extinguir, anular, porque ello implica eliminar nuestro propio valor, nuestra propia identidad que se construye en la existencia de ese contraste, de esa relación dialéctica que mantenemos con los Otros.

  10. Así que si quiere sobrevivir a una invasión alienígena, no busque su destrucción, no les dé la espalda: recurra a la política, que abre la posibilidad de convivir con lo diferente, con la alteridad, manteniendo las especificidades y las energías propias. En pocas palabras: no caiga en el drama moral del nacionalismo, porque pocas cosas son más antipolíticas y por lo mismo más aniquiladoras. Tenga por seguro que si los alienígenas llegan a la Tierra es porque no han caído en esa trampa.

Roberto Losada Maestre, Profesor de Teoría Política, Universidad Carlos III

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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