Qué hacer cuando sufres acoso en el trabajo

“Fue un periodo oscuro. Es complicado que no te afecte; aún pienso en ello varios años después”.

“Me sentía triste y estresada cuando llegaba un correo”, recuerda Rachel. “Cada vez tenía más ansiedad. Afectaba a cada parcela de mi vida, incluida mi relación personal. Tenía que andar con cuidado a todas horas”.

Rachel tenía un cargo de directiva cuando empezó a sufrir acoso por parte de un superior. “Empecé a notar que algo no iba bien. Me sentía presionada, como si me estuviera vigilando y cuestionando constantemente”, explica.

Rachel empezó a dudar de sí misma y, pese a que antes era muy segura e independiente, se sentía indecisa y aislada. Acabó sufriendo depresión y ansiedad. “Tardé varios meses en reconocer los síntomas y aceptarlos”.

Con 41 años y autónoma en la actualidad, no es la única que ha sufrido una experiencia así. Según un informe de 2015, casi un tercio de las personas han sufrido acoso laboral, con una incidencia mayor entre las mujeres que entre los hombres. En el 72% de los casos quien acosa es alguien de mayor jerarquía.

Daniel, un londinense de 36 años, asegura que sufrió acoso laboral por parte de su jefa, que utilizaba un lenguaje “poco profesional y maleducado” en sus informes de rendimiento y a menudo entraba en el terreno de lo personal. “En una ocasión, me llamó a su despacho y me hizo una pregunta. Cuando respondí, me dijo: ‘Con un o un no bastaba’”.

Igual que Rachel, Daniel no era consciente de que estaba sufriendo acoso. “Yo pensaba que ella simplemente estaba ahí haciendo su trabajo, pero cuando quise hablar con ella sobre mi progreso profesional, se ofendió. Por algún motivo, me fichó y me complicó mucho la vida durante el siguiente mes o dos. Soy un hombre maduro y era bueno en ese trabajo, pero ella me hacía sentirme inútil”.

El acoso laboral está asociado a síntomas como ansiedad, dolor de cabeza, náuseas, insomnio, erupciones cutáneas, hipertensión y, en algunos casos extremos, pensamientos suicidas. En el caso de Daniel, se sintió “desanimado, inútil y muy estresado”, comenta. “Fue un periodo oscuro. Es complicado que no te afecte; aún pienso en ello varios años después”.

Los empleadores tienen la obligación de garantizar la seguridad y el bienestar de sus trabajadores. Si estás sufriendo acoso en el trabajo o has sido testigo de algún caso, informa a tus superiores. Si quien acosa es tu superior, háblalo con recursos humanos o con alguien de mayor jerarquía, si es posible.

Daniel recomienda documentarlo todo: guardar todos los correos electrónicos y anotar los comentarios verbales importantes. Christine Pratt, de la organización contra el acoso National Bullying Helpline, recomienda guardar un diario donde queden reflejadas las fechas y circunstancias de cada incidente de acoso. “El diario será una prueba que ayudará a tu empleador a investigar el problema”, explica.

La organización británica contra el acoso TUC también refleja estos consejos en su guía sobre qué puedes hacer si sufres acoso laboral. Entre sus recomendaciones está hablar con la persona que te acosa, si te sientes en condiciones de hacerlo, y decirle que su comportamiento te resulta inaceptable y que, por lo tanto, te gustaría que parara. Tal vez quieras hablarlo con un amigo del trabajo y con el sindicato.

Cuando Danielle, de 51 años, tenía algo menos de 40, trabajaba en un “entorno extremadamente tóxico” donde sufría acoso laboral “constante” por parte de una de sus compañeras de trabajo. “Era acoso psicológico y emocional y una vez dio un portazo justo después de que yo saliese de su oficina”.

Nadie hizo nada contra su acosadora y Danielle acabó sintiéndose invisible en su trabajo. “Aunque le conté el problema a mi superior, me dijo que le siguiera la corriente y, básicamente, que siguiera tolerando que dictara cómo debía hacer las cosas, algo que fue perjudicial para la empresa, ya que entorpecía el proyecto que estaba llevando a cabo yo”, explica. “Me quedé embarazada cuando trabajaba ahí y parecía que ‘mis hormonas’ eran el motivo por el que me comportaba así, simplemente como una empleada que trataba de hacer su trabajo”.

En ocasiones es complicado determinar si una persona está acosando a otra o si simplemente es de difícil trato. Hay conductas asociadas al acoso que son más obvias que otras, como gritar a los compañeros, difundir rumores malintencionados o excluir a alguien de las actividades grupales del equipo.

Sin embargo, también hay acciones más sutiles, como criticar a un compañero aunque haga bien el trabajo, quitarle responsabilidades o asignarle tareas sin ninguna importancia. Algunos acosadores minan la moral a otros en privado o delante de los demás, impiden que asciendan o provocan su fracaso asignándoles demasiado trabajo. También es acoso atacar su situación personal o profesional y convertirlos en el blanco de las burlas.

Reconocer que estás sufriendo acoso lleva un tiempo. Rachel señala que no se dio cuenta de que la acosaban hasta que dimitió. Echando la vista atrás, desearía haber hablado con alguien sobre su situación. “Habla con alguien cercano que sea objetivo”, recomienda. “Tal vez puedas coger la baja o dar un paso atrás para valorar todo con cuidado”.

Algunos nombres han sido modificados en este artículo.

Este artículo fue publicado originalmente en el ‘HuffPost’ Reino Unido y ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco.

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