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20/04/2021 07:03 CEST | Actualizado 20/04/2021 13:36 CEST

¿Qué les pasa a los madrileños?

Los dos grandes líderes populares que viven en Madrid tienen el mismo objetivo: echar una densa cortina de humo para tapar el fracaso de su gestión.

Europa Press News via Getty Images
La presidenta de la Comunidad de Madrid y candidata del PP a la reelección, Isabel Díaz Ayuso, interviene en un acto de campaña en Chamberí, en Madrid.

¿Se acuerdan de aquella asesora desenfadada de Donald Trump llamada Kellyanne Conway? Ella fue la que acuñó lo de “hechos alternativos” para justificar a su patrón y negar la realidad: la mentira morrocotuda del recién investido cuadragésimo quinto presidente de Estados Unidos que defendía que su ceremonia en el Capitolio tuvo el doble de público que la de Obama, cuando era justamente al revés, como probaban, y seguirán probando, los videos, las fotos, las películas.

“Hechos alternativos” equivalía pues a realidad alternativa. Lo imaginario se convierte en real y viceversa. Pura esquizofrenia. Sin duda, aquel trauma de su nacimiento presidencial marcó sus últimos días. Su inducción a la toma por las turbas del emblemático edificio sede de la democracia USA se venía incubando en su subconsciente.

Me acordé de todo esto, como un eslabón de una cadena del trastorno populista mundial, al escuchar la reacción de Isabel Díaz Ayuso cuando dijo que “si no fuera por el Gobierno” ella habría vacunado “al 100% de los madrileños” y un reportero le indicó que eso no se había conseguido en ninguna gran ciudad del mundo, creo que Israel aparte. Ella, muy condescendiente y con un toque pijo a lo Tamara salió con la desvergüenza trumpista muy bien inoculada al casticismo central: “¿Es que usted no sabe lo que son las expresiones literarias?”. Acabáramos, las promesas rotas no se rompen porque son figuras literarias; las mentiras no lo son porque son figuras literarias; los insultos desfachatados no lo son porque son figuras literarias. Pablo Casado insultando en el Congreso de los Diputados al presidente del Gobierno, con palabrerío barriobajero impropio de la Cámara donde reside la soberanía popular, en realidad estaba dejando en las actas que pasarán a la posteridad una delicada prosa poética. Otra expresión literaria.

Los suyos están de acuerdo al parecer, lo cual es prueba fehaciente de lo que hace la que se llamaba en otro tiempo “fe del carbonero”, la preferida por los curas, los imanes y los falsos profetas laicos, porque así los feligreses eran y serán más rebaño. La mierda también contiene organismos que, a su vez, contienen proteínas; luego, silogeando con alegría chulapa, la mierda es proteína.

El domingo, mientras estábamos un grupo de amigos en una terraza de Santa Brígida (Gran Canaria) tomando unas cervezas, leía otras declaraciones de Díaz Ayuso de lo bueno que es la libertad en Madrid, que después de sufrir por el día se puede salir a tomar unas copas en una terraza —mientras los franceses van a los museos y se emborrachan… de cultura—. Como en toda España. Incluida La Gomera. En todo el territorio nacional el toque de queda comienza a las 10 de la noche. Hasta las 21:30 o 21:45 los días de fútbol la gente no deja una silla libre siguiendo los encuentros en las grandes pantallas de televisión.

“A esta mujer parece que en vez de la AstraZeneca le metieron en vena una AstraSanaca”. Un pequeño tendero jubilado, fiel seguidor de la COPE, de 13 Televisión y de OKDiario comentaba que “la verdad es que a esta mujer parece que le faltan un par de hervores, pero me gusta como se mete con el presidente del Gobierno, porque no hay derecho, está en manos de los comunistas y están hundiendo a España con la pandemia”.

Pero estas elecciones no son unas generales. Son unas regionales que van a durar media legislatura, dos años, y en las que Sánchez no es candidato. No tiene arte ni parte en la política autónoma de la región que comparte de facto la capitalidad de la nación con el Ayuntamiento y un Martínez-Almeida que parece que nunca ha roto un plato.

La casualidad de que todas las noches trate de leer un poco de Michel de Montaigne hace que me venga a la cabeza una de sus frases: “Nadie está libre de decir estupideces; lo malo es decirlas con énfasis”. Como complemento juicioso de este pensamiento está otro de Martin Luther King que sacaron del olvido en EEUU con la ola de locura desatada durante las elecciones norteamericanas. Muchos no sabían muy bien a qué venía todo aquel disparate sofisticadamente irracional. “Nada en el mundo —decía el mítico luchador por los derechos civiles de los negros y la igualdad racial— es más peligroso que la ignorancia sincera y la estupidez concienzuda”.

Hay personas, como estamos viendo, que reúnen ambas características summa cum laude. Los máximos honores. En estos episodios nacionales, los máximos horrores. Más que una simple figura literaria es una fotografía en prosa.

Los dos grandes líderes populares que viven en Madrid —dejo a Feijóo en Galicia y a Moreno Bonilla en Andalucía, ambos apegados a un nacionalismo conservador periférico cuyo modelo es el Fraga de la queimada y los gaiteiros— tienen el mismo objetivo compartido: echar una densa cortina de humo, con algún que otro ingrediente de efectos alucinógenos. Se trata de encubrir unas realidades incómodas: el fracaso de la gestión en la Comunidad, un fracaso estrepitoso en este bienio hueco tras una historia tremenda de bulos, enredos, despilfarros e incompetencias; y el rosario de corrupciones del PP nacional con sede en la calle Génova que ha llegado a un punto crítico, aunque aún lo que puede empeorar es altamente probable que empeore.

Por lo tanto, Pablo Casado después de una breve pausa para la publicidad, aquella de que iba a centrar el partido y hacerlo liberal, honesto y sincero sin mácula de corrupción, apaño o caja B alguna, volvió por los antiguos fueros de la casa.

Su lealtad institucional es muy especial. Es digna de estudio profesional en diversas especialidades de la medicina, la sociología, la politología y ciencias afines. Anotado está en mi diario de un recluido que mantuvo una férrea y durísima oposición a la declaración del estado de alarma. Está en las hemerotecas, sonotecas y videotecas. Y en la memoria de los que no han entrado en el túnel del alzhéimer.

Defendía el casadismo la descentralización. Acusaba al gobernante socialista de arrebatar competencias a las autonomías. De autócrata. Al final, el Gobierno de la nación decidió, en efecto, devolver la competencia a las comunidades, empleando el Consejo Interterritorial de Sanidad para aunar posturas. Pero ocurrió lo que ocurrió, que en vez de las dos olas covid previstas hubo más, vamos por cuatro, y los Gobiernos autonómicos se ven sobrepasados y, como es lógico, responsabilizados y convertidos en picadillo político por las redes sociales. Consecuencia: han pedido que vuelva el estado de alarma y la autoridad única.

Casado, empero, no ha cambiado el chip. Ni siquiera ha reseteado. Sigue oponiéndose o defendiendo una cosa y su contraria. Mientras critica la descentralización que él mismo exigió por activa y por pasiva, suelta la enésima ocurrencia: revisar la ley de sanidad y ponerle dos o tres líneas más. Pero, como es habitual en su ambiente, se olvidan de la Constitución.

Esto comienza a ser preocupante porque se transfiere a organizaciones que, se supone, han de mantener la mesura y la independencia profesional… Tres de las asociaciones judiciales, por ejemplo, envían una carta lloriqueante y llena de hipócrita indignación a los Reyes Magos de Bruselas porque el Gobierno ha sacado una ley para limitar las funciones de un Consejo General del Poder Judicial que lleva más de dos años pasándose la Constitución por el forro porque no se ha llevado a cabo la preceptiva y obligada renovación. Los jueces conservadores callados. Una grave omisión. No han denunciado el bloqueo llevado a cabo por un PP que confía en el servilismo o en la obnubilación de sus fieles.

Volviendo a la cuestión. Esa nueva trampilla que abre Casado sería mutatis mutandis un fraude constitucional: el artículo 116 de la Constitución que crea el estado de alarma está minuciosamente desarrollado por la Ley Orgánica 4/1981 que lo regula, y que establece claramente su aplicación en situaciones de epidemias. ¿Qué pretende Casado?, ¿vaciar una ley orgánica con una adición ad hoc para encubrir su ignorancia y sus traspiés? ¿Esa es una muestra de su cacareado constitucionalismo? Encima, esta ley orgánica se redactó menos de tres años después de que fuera aprobada la ley de leyes en unas Cortes donde aún había cientos de padres constituyentes. Se dice que errar es de humanos, pero, como apostillaba Felipe González, “errar repetidamente es de tontos”.

La pregunta es: ¿cómo será esta estadística en las elecciones del 4 de Mayo en Madrid? ¿Ganará el oso o ganará el madroño? Ya me entienden…

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