INTERNACIONAL
21/04/2021 00:46 CEST | Actualizado 21/04/2021 14:46 CEST

Qué supone para EEUU la sentencia del caso Floyd

Hasta Joe Biden suspendió un discurso para poder ver como el resto del mundo, en vivo y en directo, la histórica sentencia.

Sarah Silbiger via Getty Images
Un hombre reacciona al veredicto de Derek Chauvin.

La estadounidense ciudad de Minneapolis se convirtió esta noche por unos minutos en el centro del mundo. Hasta el presidente, Joe Biden, suspendió un discurso para poder ver como el resto del mundo, en vivo y en directo, la histórica sentencia que iba a pronunciarse: la que finalmente ha declarado culpable al expolicía Derek Chauvin del asesinato del afroamericano George Floyd.

El reverendo Al Sharpton ha sido uno de los que mejor ha captado hasta qué punto ha sido relevante este juicio: “Derek Chauvin se sienta en el tribunal, pero América se somete a juicio”, sentenció justo antes de que este empezara este proceso penal.

Lo histórico de esta condena está estrechamente vinculado tanto a las heridas nunca cicatrizadas por la laxitud habitual con aquellos policías que son acusados de uso excesivo de violencia contra los negros, como por el momento que vive Estados Unidos. EEUU es un país donde la sombra del supremacismo blanco siempre ha planeado, y donde sus ciudadanos nunca terminaron de cicatrizar las profundas heridas provocadas por la lucha racial. Del primer presidente negro de la historia estadounidense, Barack Obama, EEUU pasó a estar liderado por un republicano Donald Trump que azuzó, vivió y se sirvió de ahondar en las heridas y dividió y dividió hasta en un caso como el de Floyd. Sin embargo, la muerte de aquel afroamericano el 25 de mayo de 2020 por un billete falso de 20 dólares lo supuso todo.

Los peores disturbios en tres décadas

Prueba de ello fue cómo EEUU se enfrentó a los peores disturbios raciales en tres décadas: Floyd se había convertido en un referente nacional y global. Su rostro empezó a protagonizar pancartas, protestas no sólo en Estados Unidos, sino en el mundo entero. Porque, para vergüenza del país, George Floyd hay muchos: entre 2013 y 2019 la policía estadounidense cometió 7.645 homicidios. Según el registro del activista Sam Sinyangwe, una persona negra tenía 2.6 veces más probabilidades de ser asesinada por la policía que una persona blanca en Estados Unidos. Por eso esta vez el país se echó definitivamente a las calles, retomando el poder del movimiento Black Lives Matter, ese que nació en 2013 un año después de la muerte de Trayvon Martin en Florida.

 Martin, un joven negro de 17 años, murió en 2012 a manos de George Zimmerman, un capitán de vigilancia del vecindario en Sanford, cuando regresaba caminando a la casa de la prometida de su padre en Sanford, Florida, tras parar en una tienda a comprar unos bocadillos. Zimmerman reconoció que disparó al joven alegando defensa propia, pero fue absuelto tras un mediático juicio. Una suerte parecida sufrió Michael Brown en 2014, quien también murió a manos de un policía blanco que fue absuelto.

El triste testigo de todos ellos lo recogió Floyd. En su caso, el lema de ‘Black Lives Matters’ se ha acompañado de ‘I can’t breathe’ (No puedo respirar), ya que fueron sus últimas palabras antes de perder la vida.

A los pocos minutos de conocerse la sentencia contra el exagente, las calles de Minneapolis se han olvidado por un momento del otro drama, el de la pandemia, y han estallado en gritos de júbilo. Los manifestantes concentrados a las puertas del juzgado han celebrado lo que consideran una “victoria” entre gritos y lágrimas de algunos de ellos. “Esto no ha acabado”, han coreado los activistas, según informa la agencia Efe. Aunando esa felicidad, o al menos intentándolo, ha estado el actual presidente de EEUU, Joe Biden, que ya ha celebrado que se haya hecho “justicia”.

Dentro de esa tarea que tiene por delante Biden de reconstruir y unir a su país, el presidente se ha comprometido a impulsar más reformas sobre las prácticas policiales. Así se lo ha dicho a través del teléfono al hermano de Floyd. Su promesa lo es no sólo para la familia que llora su pérdida, sino para todo un país que trata de saldar sus cuentas pendientes con las víctimas del racismo.

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