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07/08/2020 08:22 CEST | Actualizado 07/08/2020 08:22 CEST

¿Qué tan buenos son los datos de paro para la economía española?

Negar la recuperación de la economía española sería un desacierto. Ahora bien, los datos del paro no solo invitan al optimismo...

Enrique Calvo / reuters
Un camarero en Palma de Mallorca

Hace escasos días conocíamos los datos de paro del mes de julio. Unos datos que, en su lectura superficial, dejaban un buen sabor de boca para el país. Pues, atendiendo a la situación que reflejaba el SEPE en su lectura mensual, podía observarse  que el país se encuentra ante esa recuperación económica que, tras meses pasados en los que la hibernación económica, así como todas las medidas de contención del virus que bloquearon toda la actividad económica que se encontraba activa, nunca antes habiendo ocurrido algo similar en tiempos de paz, se esperaba que se diese ante la disipación de dichas medidas de distanciamiento social.

Sin embargo, como siempre suele ocurrir en la ciencia económica, existen otra serie de datos que, integrados en el informe mensual que ofrecía el servicio de empleo, no llaman tanto al optimismo como, a priori, cabía esperar. Datos que, en contraste con años anteriores, así como con la situación previa a la pandemia, no resaltan ese optimismo que, por otro lado y tras meses en los que el empleo venía presentando cifras devastadoras, ahora se observa en nuestros políticos; un optimismo al que, en mi caso, temo por la posible autocomplacencia que nos llevó a relajar las posturas ante previsiones que, finalmente, provocaron un mayor deterioro en nuestra economía.

En una lectura rápida, las cifras que presentaba el SEPE reflejaban una situación en la que, en primer lugar y atendiendo a las cifras de afiliación a la Seguridad Social, durante el mes de julio se afiliaron cerca de 162.000 personas, situando el volumen total de afiliados en los 18.785.554. En este sentido, hablamos de un crecimiento que, ante semejantes datos y haciendo contraste con la serie histórica en busca de precedentes con los que compararlos, nos sitúa en el mejor mes de julio desde el año 2005. Un mes de julio que, como veremos a continuación, también registra cifras récord en otra serie de elementos que, como el paro, relucen ante unos meses pasados que no permitían ni darse un respiro.

La recuperación de la economía en la reactivación que suponía el mes de julio, no es, ni en el mejor de los casos, ni la mitad de todo lo perdido durante la pandemia.

Como íbamos diciendo, por el lado del paro, las cifras reflejan, al igual que en la tasa de afiliados, un crecimiento bastante destacable. El número de parados, o las personas que inscriben como demandantes de empleo en las oficinas del SEPE -como exige la OIT para que se consideren parados-, se redujo en el mes de julio en cerca de 90.000 personas. Para ser precisos, hablamos de un descenso de 89.849 personas que, tras el mes de julio, salen del paro. Estos datos, atendiendo a la serie histórica que ofrece el Ministerio, sitúan al vigente mes de julio como el mejor julio desde 1997; cuando daba comienzo dicha serie. Una situación en la que, contando que de los trabajadores afectados por ERTE, 712.000 salieron, también, durante este mes de julio, contando que el 67% de los ERTE, con este agregado, ya se han incorporado a trabajar, negar una recuperación de la economía resulta algo innegable por cualquier economista que se precie.

Ahora bien, ¿qué más ofrecen estas cifras?

Aquí es donde entramos en el debate de si dichas cifras son tan positivas como hemos comentado anteriormente, o simplemente son la mera consecuencia de una reapertura inevitable y a la que hay que seguir trabajando en pro de un recuperación más acelerada. Para hacernos una idea de esto y poder hacer un pequeño balance, debemos ser conscientes de que las cifras que ofrece este mes de julio, tras meses en los que las cifras eran devastadoras, suponen una recuperación total de todo lo perdido durante la COVID del 40%. Si estas cifras las desestacionalizamos, tratando de que no se vean afectadas por la estacionalidad que caracteriza a la temporada estival, hablamos de una recuperación que, sobre lo perdido, supone un 17%. En este sentido, y sin tener en cuenta la estacionalidad, la recuperación de la economía en la reactivación que suponía el mes de julio, no es, ni en el mejor de los casos, ni la mitad de todo lo perdido durante la pandemia y el daño que esta ha supuesto para la economía.

Toda la contratación para la campaña turística se ha concentrado en este mes de julio.

Otro aspecto a tener en cuenta y que cabe destacar, tras el mencionado anteriormente, es la concentración de empleo turístico que ha supuesto el mes de julio, así como la reapertura económica. En este sentido, tras contar con que los meses  de mayo y junio no presentaban actividad por encontrarse aplicadas las medidas de distanciamiento social, la contratación que, habitualmente, se realizaba en estos meses, ante la reapertura turística, se ha concentrado toda en el mes de julio. Es decir, toda la contratación para la campaña turística se ha concentrado en este mes de julio. A su vez, si tenemos en cuenta el sector que más ha crecido en número de empleados, podemos observar como es el sector servicios el que más favorecido se ha visto. Tanto es así que, atendiendo al desglose que ofrece la afiliación a la Seguridad Social, cerca de 70.000 personas de las que se afiliaron a la SS durante el mes de julio, lo hizo en el sector turístico.

Además, por último, debemos atender a otra serie de elementos que, como el contraste con la fase anterior a la pandemia, muestran la necesidad de seguir trabajando por recuperar una economía que, aún, está lejos de recuperarse. En este sentido, si comparamos el interanual y lo que supone este mes de julio, con su antecesor en 2019, hablamos de que la afiliación se ha desplomado en casi 750.000 cotizantes. Por lo que, hablando de récords nuevamente, estamos, también, ante el  mes de julio con menos trabajadores desde el año 2017.

Con estos datos en la mano, que cada uno saque sus conclusiones. Las mías, no obstante, siguen siendo las de seguir mostrando cautela por una recuperación más gradual de lo esperado, así como preocupación y atención a unas previsiones que, en el horizonte, reflejan una economía que, cada día que pasa, ve más lejos su recuperación tras un deterioro de gran calado.

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