¿Qué tiene Putin en la cabeza?

Los servicios de inteligencia se esfuerzan por desentrañar la mente del ruso en plena guerra con Ucrania. Algunos de sus rasgos psicológicos están claros.
El presidente ruso, Vladimir Putin, durante una conferencia de prensa tras reunirse con el francés Emmanuel Macron, el 7 de febrero de 2022 en Moscú.
El presidente ruso, Vladimir Putin, durante una conferencia de prensa tras reunirse con el francés Emmanuel Macron, el 7 de febrero de 2022 en Moscú.
THIBAULT CAMUS via POOL/AFP via Getty Images

El día que Vladimir Putin ordenó comenzar un ataque masivo contra Ucrania, ningún analista, observador o experto supo decir con exactitud a qué se debía esa guerra. Tres semanas después, la pregunta sigue estando ahí, y todas las posibles respuestas tienen como trasfondo una cuestión mayor: ¿qué se le pasa a Putin por la mente?

Esta pregunta –con variantes– puede escucharse en cualquier casa, colegio o bar de nuestro alrededor; pero desentrañar el misterio es, también, una de las principales prioridades de los servicios de inteligencia de Estados Unidos.

Medios como CNN y Washington Post publicaron el pasado 1 de marzo que las agencias de inteligencia están tratando de recabar información actualizada sobre el “estado mental” de Putin, ya no tanto para saber por qué ha desatado una guerra, sino para tantear qué efectos puede estar teniendo sobre su mente la inesperada fuerza de la respuesta de Ucrania y Occidente a su invasión, y a qué podríamos atenernos los próximos días o semanas.

Aparte de encontrarse con un hermetismo aún mayor de lo habitual –llevan años investigando a Putin, igual que a tantos otros líderes–, el FBI cuenta en un informe, recogido por CNN, que Putin habría “expresado un enfado tremendo” ante las sanciones impuestas por Europa y Estados Unidos como respuesta a su guerra.

“Estamos viendo a un nuevo Putin, a uno mucho más oscuro”

El mismo reportaje de CNN cita a una fuente conocedora del trabajo de los servicios de inteligencia, que apunta a que EEUU trata de hacer “conjeturas” sobre la mente del ruso ya que las últimas “decisiones y declaraciones de Putin parecen no tener sentido”. “Durante años, décadas, Putin ha actuado de acuerdo a un patrón bastante específico”, añade la misma fuente.

El biógrafo de Vladimir Putin, Mark Galeotti, también considera que el patrón de actuación que podría esperarse del líder ruso ha cambiado ahora. “De algún modo, estamos viendo a un nuevo Putin, a uno mucho más oscuro”, dijo Galeotti en el programa Good Morning Britain el 28 de febrero, cuatro días después de que empezara la guerra. “Está dispuesto a correr riesgos porque no hay nadie que le diga que es mejor no hacerlo”, afirmó.

“Está dispuesto a correr riesgos porque no hay nadie que le diga que es mejor no hacerlo”

En ese último aspecto coinciden todos los observadores. El círculo de Putin cada vez se ha ido haciendo más pequeño, más íntimo, pero también más leal y más aislado de la realidad. Los ‘hombres fuertes’ de Putin (o siloviki) son un puñado de amigos con quienes tiene relación desde la época de la Unión Soviética, que ahora se habrían convertido en hombres de “sí a todo” o, peor aún, le habrían desinformado sobre las posibilidades de que el conflicto saliera mal.

Vladimir Putin, reunido con los miembros del Consejo de Seguridad en Moscú, el 21 de febrero.
Vladimir Putin, reunido con los miembros del Consejo de Seguridad en Moscú, el 21 de febrero.
ALEXEY NIKOLSKY via Sputnik/AFP via Getty Images

El aislamiento durante la pandemia de covid –y una posible paranoia al respecto– es otra de las hipótesis que manejan los analistas para explicar la precipitación de los hechos en Ucrania sin una justificación aparente. Las imágenes de Putin reunido a varios metros de sus asesores –o del francés Emmanuel Macron– en mesas y espacios interminables han dado la vuelta al mundo, pero también han hecho preguntarse a los expertos si la estabilidad mental del exagente del KGB ha empezado a flaquear.

“No está loco”

Todos los expertos consultados coinciden también en esto: Vladimir Putin no está loco. “No es un psicótico, no es un enfermo, no es un loco”, asegura Javier Urra, psicólogo forense en la Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia y Juzgados de Menores de Madrid. “Es un craso error decir que está loco. Sabe lo que quiere y hace lo que quiere hacer”, zanja el psicólogo.

“Es un craso error decir que está loco. Putin sabe lo que quiere y hace lo que quiere hacer”

Urra ha esbozado un perfil psicológico de Vladimir Putin tras lo acontecido estos días, basándose en la biografía y en las intervenciones del político. De origen humilde, y con carencias afectivas y de espacio físico durante la infancia, Putin (San Petersburgo, 1952) aspira desde muy joven a dar una imagen de fuerza en todos los sentidos, sostiene el psicólogo. Su dominio del judo y otras artes marciales irían en esa dirección. Su afán por bañarse en aguas heladas, cabalgar con el torso desnudo, y vanagloriarse de ello, también.

“Es muy narcisista y entiende la virilidad como algo muy importante. No soporta a los débiles, o lo que él entiende por débiles”, señala Urra. En esa categoría entrarían —en la mente de Putin— desde los homosexuales hasta el presidente de Estados Unidos, Joe Biden.

Putin, rodeado por el equipo nacional de judo en Sochi (Rusia), el 14 de febrero de 2014.
Putin, rodeado por el equipo nacional de judo en Sochi (Rusia), el 14 de febrero de 2014.
Mikhail Svetlov via Getty Images

“Racional, calculador, frío y poco empático”

Urra describe a Putin como alguien “racional, calculador, frío y poco empático”, rasgos que le habrían valido para ser fichado por el KGB como espía y ascendido después como director del Servicio Federal de Seguridad en 1998, dos años antes de ser elegido presidente de Rusia. “Ahí él ya tenía aspiraciones de expansión y la idea de que la URSS quedó dañada”, apunta Urra.

Haber sido coronel del KGB supone de él “una personalidad acostumbrada a entender que el fin justifica los medios, y perfectamente identificada con la idea de la necesidad de proteger a Rusia, incluso con una concepción autoritaria y dictatorial”, afirma también Enrique Baca, catedrático de Psiquiatría.

“Tiene poca o nula capacidad de procesar el sufrimiento humano si piensa que es un precio adecuado por lo que quiere conseguir”

De acuerdo con Baca, Putin puede presentar “rasgos de frialdad, falta de empatía y poca o nula capacidad de procesar la importancia del sufrimiento humano si piensa que es un precio adecuado por lo que quiere conseguir”. En esto el ruso coincide con “todos los autócratas y dictadores que en el mundo han sido”, dice Baca. Pero esto no lo convertiría en “un psicópata”, aclara el psiquiatra. “No debemos estirar tanto el concepto de psicópata; banalizarlo también tiene consecuencias”, matiza. Tampoco hay “ningún signo”, añade Baca, de que Putin esté afectado por una patología mental grave como pueden ser “la paranoia, algún tipo de delirio o una enfermedad bipolar, como, por ejemplo, le ocurría a [el libio Muamar el] Gadafi”.

Javier Urra, en cambio, no tiene tan claro que se puedan descartar en Putin rasgos psicopáticos. “Psicótico no es; psicópata puede ser”, dice. Esto es, Putin no es “un enfermo mental, es consciente de lo que hace”, pero sí se le pueden atribuir algunas características psicopáticas, como la “dureza emocional” y la falta de empatía, argumenta el psicólogo.

Putin, en el 90 cumpleaños de Lazar Matveev, quien fue su supervisor en el KGB. El 8 de mayo de 2017 a las afueras de Moscú.
Putin, en el 90 cumpleaños de Lazar Matveev, quien fue su supervisor en el KGB. El 8 de mayo de 2017 a las afueras de Moscú.
ALEXEY NIKOLSKY via AFP via Getty Images

El mayor problema que ve Urra, dada la situación, es la incapacidad de hacer entrar en razón a personas como Putin. “Nadie lo va a cambiar o lo va a convencer”, augura. “Y nadie de su lado va a atreverse a ponerlo en duda”, dice. “Si acaso, se le podría vencer, pero tiene que ser una salida en el ámbito diplomático, porque humillarle sería peligrosísimo para el planeta”, advierte el psicólogo. También lo corrobora Enrique Baca: si Putin se siente “acorralado”, emprenderá una “huida hacia adelante”.

“Si Putin se siente acorralado, emprenderá una huida hacia adelante”

Con este análisis coinciden las informaciones que publican medios estadounidenses acerca de las evaluaciones que manejan los servicios de inteligencia sobre la figura de Putin. Las agencias de inteligencia habrían llegado a la conclusión de que no conviene elevar excesivamente el tono con el ruso, ni lanzar órdagos extremos (véanse los nucleares), a riesgo de que esto pudiera alterarlo aún más. Quizá por eso la OTAN ha repetido una y otra vez su intención de no intervenir en esta guerra.

De dónde surge esta guerra

Que la OTAN había ido estrechando el círculo y aproximándose demasiado a Rusia es uno de los detonantes que podrían haber propiciado la invasión, señala Ana Sofía Cardenal, profesora de Ciencia Política en la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Pero hay muchos más: “Que Putin esté resentido con el orden mundial que se estableció tras la caída de la Unión Soviética; que perdiera la paciencia con las negociaciones del conflicto de Donbass desde 2014; que esté aprovechando un momento de debilidad de Occidente tras el covid, con el cambio de Gobierno en Alemania, un presidente de EEUU mayor…”, enumera Cardenal.

“Seguramente es una combinación de todas estas razones”, indica la profesora. Pero, en su opinión, hay una que pesa sobre las demás: la evolución de Putin “hacia un mayor resentimiento hacia Occidente”, sumado a un “rearme ideológico” y a un “revisionismo histórico” de los que Vladimir Putin hizo gala unas horas antes de atacar Ucrania, cuando negó, entre otras cosas, que Ucrania fuera un país.

Los analistas vieron entonces en Putin intenciones imperialistas de restaurar el imperio ruso, cosa que él negó.

“La posibilidad de una Ucrania democrática y próspera, de una Ucrania pro-Occidente, representa una amenaza existencial para el régimen de Putin”

Para Ana Sofía Cardenal, puede que Putin no busque tanto expansión sino restauración de los valores tradicionales –no occidentales– en Ucrania. “De todas las ex repúblicas soviéticas, simbólicamente la que más importancia tiene es Ucrania, y la posibilidad de una Ucrania democrática y próspera, de una Ucrania pro-Occidente, representa una amenaza existencial para el régimen de Putin”, afirma la experta. De este modo, el ruso no habría aceptado las buenas relaciones de Volodimir Zelenski con Estados Unidos y con Europa, ni su intención de entrar en la OTAN o incluso en la UE. “Visualizar a una Ucrania prooccidental es una amenaza de primer orden para Putin”, insiste Cardenal.

Las palabras que pronunció Putin momentos antes de la invasión iban justo en esa línea: “Después del colapso de la URSS, Rusia aceptó las nuevas realidades geopolíticas. Respetamos y seguiremos tratando con respeto a todos los países surgidos en el espacio postsoviético. Respetamos y seguiremos respetando su soberanía [...]. Pero Rusia no puede sentirse segura, desarrollarse, existir con una amenaza constante que emana del territorio de la Ucrania moderna”, lanzó.

Dicho esto, se pueden hacer muchas conjeturas sobre la personalidad de Putin o lo que le lleva a atacar Ucrania, pero los expertos admiten que determinar el origen o la evolución de esta guerra es sólo especular. “No sabemos qué objetivos persigue Putin ni cuándo va a acabar, es muy impredecible”, reconoce Cardenal. “Para saberlo habría que indagar en su cabeza”.

Putin celebra su cumpleaños haciendo de 'hombre fuerte'