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10/12/2019 15:45 CET | Actualizado 10/12/2019 15:45 CET

Que tu racismo no te impida ver más allá de Greta Thunberg

Militza denuncia la deforestación en Panamá, Lilly es la "niña en guerra" contra el plástico en Filipinas, Isha es la joven negra que se encaró a una senadora de EEUU por el planeta...

EFE

“Que tu racismo no te haga ver solo a Greta”. Esta es la frase con la que la asociación SOS Racismo denunció el egocentrismo de Occidente. A la sentencia le acompañaba un vídeo en el que aparecen adolescentes como Militza Lizbeth, que denuncia la deforestación de Panamá, Isha Clarke, que se enfrentó a una senadora de EEUU para que tomase medidas verdes, o Laura Zúñiga, que con 26 años ha decidido continuar con la lucha por el medio ambiente que a su madre, Berta Cáceres, le costó la vida en Honduras. Cáceres fue asesinada brutalmente después de recibir amenazas y sufrir hostigamiento durante años. Tas su muerte se ha convertido en una de las caras más famosas de la lucha medioambiental. 

Esta crítica la compartía de alguna manera, aunque mucho más sutilmente, la joven activista Greta Thunberg durante su visita a Madrid. Ya en su primer encuentro con la prensa pidió a los medios que no se dirigiesen únicamente a ella y que preguntasen a sus compañeros de Fridays For Future en Chile o Uganda. Dos días después, en una conferencia en la propia Cumbre, llamó a los asistentes a “escuchar a los compañeros del sur global”. 

“Los indígenas son los que más sufren la crisis. Es importante hablar de ellos porque se están violando sus derechos, han vivido siempre en armonía con la naturaleza durante cientos de años y tienen un conocimiento que en estos tiempos es necesario”, aseguró. 

No sólo eso: la semana pasada el líder indígena Mario Agreda contaba a este medio que Greta es “otro ejemplo del paternalismo de Occidente”. “No creo que tenga tanto conocimiento como los indígenas sobre situaciones complicadas como la consecución de litio en nuestras tierras”, aseguraba entonces, “además, hay personas que llevan mucho más tiempo luchando contra el cambio climático”. 

Y tiene razón. La historia de la niña blanca occidental que se plantaba delante del parlamento con el mismo cartel cada viernes para pedir justicia climática la conocemos todos. Pero ¿conocías la de Militza Lizbeth, Isha Clarke o Laura Zúñiga? Como ellas, mujeres de todo el globo llevan años jugándose la vida para proteger al planeta. Muchas de ellas menores de edad. 

No hay más que buscar el nombre y la historia de Berta Cáceres, asesinada en 2016 por luchar en defensa de nuestro planeta, tratar de rescatar de la cultura lenca u oponerse a la privatización de los ríos en Honduras.  O el de la brasileña Marielle Franco, que se denominaba “mujer feminista, negra e hija de la favela” y luchó por mejorar la vida de las mujeres en su país y por salvaguardar sus tierras hasta que acabaron brutalmente con su vida.

168 asesinatos en 2018 

El último balance de la organización internacional Global Witness, difundido este verano, apunta a 30 asesinatos a ecologistas y activistas ambientales en Filipinas, 24 en Colombia, 23 en India o 20 en Brasil sólo en 2018. Una violencia alarmante en zonas en las que luchar por tu planeta puede ser mortal y en las que no cuentan con tanta ayuda ni atención mediática como en Occidente. 

Merece la pena recordar a todos estos activistas estos días en los que, a miles de kilómetros, se celebra la Cumbre del Clima, que ha tenido lugar en Madrid porque la situación política y social de Latinoamérica no garantizaba la seguridad de los asistentes. Merece la pena que, entre jefes de Estado, pabellones, negociaciones de peces gordos, críticas a las grandes empresas —algunas de las cuales patrocinan, paradójicamente, el encuentro internacional— los blancos occidentales hagamos autocrítica de una vez por todas y nos dejemos creer el centro del mundo.  Que nuestro racismo no nos impida ver más allá de Greta Thunberg.