Quién fue Walter Stürm, 'el rey de las fugas' de prisión que ha inspirado 'Pájaros enjaulados'

Escapó de la cárcel más veces que 'El Chapo' y se convirtió en un icono de la contracultura.
Walter Stürm, 'el rey de las fugas'.
Hayeda Cultura
Walter Stürm, 'el rey de las fugas'.

Los allanamientos y los atracos llevaron en la década de los setenta a Walter Stürm (Suiza, 1942-1999) a ingresar en prisión. Sin embargo, como si del personaje de Cadena Perpetua se tratara, el delincuente logró escapar de la cárcel, aunque en su caso no era inocente y hacerlo le llevó mucho menos tiempo. Lo consiguió hasta en ocho ocasiones. Cinco veces más que el conocido narcotraficante mexicano El Chapo Guzmán y dos más que Michel Vaujour, que protagonizó la fuga más espectacular de la historia criminal de Francia. Su historia ha inspirado la película Pájaros enjaulados (Oliver Rihs), que llega a los cines este viernes.

Sus huidas entre 1974 y 1995, que le hicieron ser conocido con el sobrenombre ‘el rey de las fugas’, hicieron que la gente lo encumbrara como una especie de Robin Hood que robaba a los más ricos, principalmente a entidades bancarias, además de conseguir la admiración por su ‘humor’ anárquico al dejar notas a los funcionarios. Una de las veces, cuando desapareció de la prisión de Regensdorf en las navidades de 1981, escribió “estoy buscando huevos de Pascua”.

Para él, sus fugas eran “vacaciones recreativas” de rehabilitación, como confesó en una entrevista radiofónica en 1998. Para no dejar rastro falsificaba pasaportes, permisos de conducir y cambiaba su apariencia física.

La primera vez que Walter Stürm —uno de los cinco hijos de una familia de ricos industriales— ingresó en prisión apenas tenía 20 años. Se le juzgó por la venta de coches robados. Pasó por centros penitenciarios de Suiza, Italia, Francia y Las islas Canarias, concretamente en La Gomera. Antes de esto, a los 15 años, una compañera de clase lo acusó de violación. Su padre decidió obligarlo a abandonar la escuela para trabajar como mecánico.

Revueltas juveniles

El ladrón comenzó a cobrar fama en 1980 entre el movimiento juvenil de Zúrich. Veían en él a un símbolo de la lucha contra el aislamiento, a un gángster del que defendían que perpetraba sus atracos sin utilizar la violencia. Así, y en gran parte gracias a la defensa de la respetada abogada Barbara Hug —una letrada representante de la izquierda y especializada en la defensa de los jóvenes reprimidos por las fuerzas de seguridad durante las manifestaciones—, se convirtió en el delincuente más conocido de Suiza y en un icono de la contracultura.

Aunque ambos eran polos opuestos, ideológicamente hablando, Hug y Stürm tenían algo en común: defendían la libertad individual y colectiva. La motivación de la abogada para asumir su defensa fue utilizar la popularidad del suizo para conseguir reformar el sistema penal, al que tachaba de anticuado e inhumano. Las denuncias por la falta de respeto a los derechos de los reclusos se acumulaban.

Pájaros enjaulados profundiza también en el contexto histórico, imprescindible para entender por qué Walter Stürm llegó a despertar fervor en lugar de temor en buena parte de la sociedad.

En la década los ochenta, Zúrich vivió una intensa oleada de protestas y levantamientos sociales contra la “naturaleza restrictiva” del estado. Se habían suprimido los lugares de encuentro para el consumo de drogas ilegales y prácticamente todos los espacios culturales alternativos. Solo se libraron las zonas más comerciales.

La gota que colmó el vaso para las revueltas juveniles fue la dotación por parte del gobierno de 60 millones de francos para renovar el Teatro de la Ópera de Zúrich en 1980, cuando tres años años la población votó en las urnas convertir el área de una antigua fábrica de ladrillo en un centro de cultura alternativa. Una decisión que el ejecutivo no respetó y no llevó a cabo.

Manifestaciones en Zúrich en la década de los 80.
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Manifestaciones en Zúrich en la década de los 80.

A eso se suma que Stürm se convirtió en la voz de los presos que luchaban por sus derechos. En mayo de 1987, se llevó a cabo una manifestación para exigir la abolición del aislamiento bajo el lema “Libertad para Stürm”. Ese mismo año, aupado por el apoyo popular, ‘el rey de las fugas’ empezó una huelga de hambre que duró 110 días.

Tras conseguir la libertad condicional en 1998, seis meses después fue detenido de nuevo por un intento de robo con rehenes. Pasó la mitad de su vida encarcelado o fugado. En 1999, ya prácticamente olvidado por todo el mundo, se suicidó con una bolsa de basura mientras estaba en régimen de aislamiento en la prisión de Frauenfeld. Era la tercera vez que intentaba quitarse la vida.