INTERNACIONAL
27/05/2019 16:08 CEST

Radiografía de las elecciones europeas: lo que hemos votado y sus consecuencias

¿Hemos dibujado un continente más diverso o más fragmentado? ¿Cómo se podrán ahora lograr mayorías de gobernabilidad? ¿Sigue dando tanto miedo la ultraderecha?

Llevamos décadas con la cantinela que dice que Europa no motiva a los ciudadanos, que pasan de lo que ocurre en Bruselas, que no atienden a la importancia de lo que se decide en sus órganos legislativos y de gobierno. Pero ese relato se ha resquebrajado este 26-M: la nueva Europa que han pintado los electores tiene una primera lectura y es que se ha recuperado el interés por la política comunitaria.

Las razones del cambio son variadas y no necesariamente positivas en su origen: ha podido ser cuestión de miedo a la ruptura (la que defienden los eurófobos) o al desmoronamiento del entramado común (el Brexit ha sido la gran alarma encendida), también la angustia ante un cambio climático que necesita ser frenado, o el desencanto y hasta el deseo de castigar a las fuerzas tradicionales que no dan respuestas.

Puede ser cuestión de simple comodidad -como en España- por la coincidencia con otros comicios que alientan el debate, o porque la enorme campaña llamando al voto ha surtido efecto (si sabes, si te enteras, te mueves, y en este caso moverse es votar). Lo cierto es que ayer se logró una participación elevadísima para lo que es costumbre, del 51%, la mayor en 20 años. Y con ese peso, ese aval, toca ahora trabajar. 

A ponerse de acuerdo

¿Qué han dicho los ciudadanos con sus numerosas papeletas? Sobre todo, que no hay ya recetas que los convenzan de forma masiva, que sus sensibilidades, anhelos y principios son muchos y variados y que los políticos, a la fuerza, tienen que ponerse de acuerdo para darles satisfacción.

El Parlamento Europeo ha quedado conformado con ocho grupos sin que ninguno de ellos tenga una mayoría absoluta. Ni siquiera vale la suma de dos, el Partido Popular Europeo (vencedor con 182 diputados) y la Alianza de Socialistas y Demócratas Europeos (147), los dos grupos que han copado la cámara en los últimos 40 años. Siguen siendo primera y segunda fuerza, respectivamente, pero ahora es el momento de buscar el consenso con un tercero o, incluso, con un cuarto.  

El mejor situado como aliado, la bisagra de mayorías, es el Grupo de la Alianza de los Demócratas y Liberales de Europa (ALDE). Tiene 109 escaños, son los que más han crecido en estos comicios. Su política, que califican de centrista, es la más cercana a los postulados de los dos partidos clásicos. Ya han dicho que sin ellos no podrá darse una mayoría “sólida” y “proeuropea” en el PE y que son la garantía “centrista” de buen gobierno. 

Pero también los Verdes pueden servir de apoyo a las políticas de los grandes. Tienen 69 eurodiputados en su cuenta y ya han dejado claro que les importan las políticas y no las siglas a la hora de hacer pactos. De todo se puede hablar, dicen. Sólo es “inimaginable” pactar con quien no les ofrezca un programa ambiental serio. 

A diferencia de lo que en España solemos tener en la cabeza, que lo verde va sin duda de la mano de la izquierda, en otros puntos de Europa es algo más difuso, se engloba a sensibilidades diversas con el denominador común de lo ambiental.

¿Quién comandará la UE?

De cualquier manera, el candidato del PPE a la Comisión Europea, Manfred Weber, ya ha tendido la mano a los dos nuevos y necesarios compañeros de viaje. Ha llamado a “unir fuerzas” con socialistas y liberales y “también con los verdes porque, viendo los resultados, son también los ganadores de las elecciones”

Pero tampoco tira la toalla para pelear por llevar las riendas de la UE el candidato socialista, Frans Timmermans, con su promesa de alcanzar una mayoría progresista con la lucha contra el calentamiento global y la justicia social como ejes de mandato. 

Ambos tienen claro que no hay posibilidad de cooperación con extremistas de la derecha o de la izquierda, por lo que las cuentas están claras: entre estas cuatro formaciones estará la gobernabilidad de la Cámara y el reparto esencial de carteras en la Comisión y el Consejo de Europa, porque no hay otras sumas posibles ni con las fuerzas de la derecha en solitario ni con las fuerzas de la izquierda en solitario. 

Desde hoy mismo comienzan los contactos entre los grupos para ver qué mimbres hay para trabajar. Mañana habrá una cumbre especial con los líderes de la UE, que incluye una cena informal, en la que se va a empezar a ver el proceso de nominación de candidatos a las distintas instituciones. De un encuentro así salió hace cinco años el nombre de Jean-Claude Juncker, pero esta vez no se espera una fumata blanca tan rápida. Y luego hay que decidir los comisarios -equivalente a los ministros-, el Consejo, el Banco Central... 

Si se cumplen los plazos más optimistas, la nueva Comisión Europea al completo asumirá sus funciones el 1 de noviembre, mientras que el nuevo presidente del Consejo entrará en su cargo el 1 de diciembre.

ASSOCIATED PRESS
Los seis candidatos a la presidencia de la Comisión Europea, en único debate que mantuvieron en esta campaña electoral. 

Erupciones y cordones sanitarios

El Grupo Europa de las Naciones y las Libertades daba mucho miedo. Es el que aglutina a lo más granado de la ultraderecha europea, partidos antisistema que repudian las políticas comunitarias y quieren nacionalismo, proteccionismo, el yo por encima del nosotros. Ahí están los Marine Le Pen (Francia) o Matteo Salvini (Italia). Se llevan 58 escaños, muy valiosos, pero no arrollan como se esperaba, querían ser el macrogrupo que lo bloqueara todo e hiciera de la UE un ente ingobernable. 

Los ciudadanos han demostrado que, ante la ultraderecha, hay dos sensibilidades: la primera, la de países donde han sido sin discusión la fuerza más votada, como Italia, Francia, Polonia o Reino Unido, donde la rabia y el cansancio han terminado imponiéndose y cuajando en un voto de castigo a los partidos tradicionales -“Van a desaparecer”, les dijo anoche Le Pen, frente a un Emmanuel Macron que justo había vendido en campaña la UE como la respuesta a todos los problemas sociales y económicos del país-. La segunda, la de otras naciones en las que lo que ha crecido es el liberalismo y el ecologismo, como cordón sanitario a estos ultras. Si no convencen los de siempre, se tira por la calle de en medio, pero no se da el voto a formaciones que buscan el fin de Europa. 

Con estos datos, y pese a que es imposible felicitarse de que hayan subido tanto cuando hasta ahora tenían 37 escaños, hay que relativizar su peso. Los dos tercios de la Eurocámara son de fuerzas pro Europa. La base para trabajar seguirá siendo la de los respetos a los valores sobre los que se elevó la Unión, con nuevas políticas y sensibilidades que se suman al escenario pero sin ponerlos en duda, como sí hacen en este grupo.

Los malos augurios han sido sido un poco excesivos, no van a cambiar el equilibrio de poder en Europa como vaticinaba Salvini, pero cuidado, porque la semilla está plantada y hay que ver lo que crece en las próximas citas. Francia, por ejemplo, tiene en los dos próximos años elecciones municipales, regionales y departamentales... Veremos.

REUTERS / GETTY
Margrethe Vestager y Ska Keller, candidatas a la Comisión Europea de los liberales y los verdes.

Lo verde nos importa

Que no, que las formaciones ecologistas no son, como tantos años ha denostado la derecha, cuatro hippies con perro. Los partidos verdes llevan trabajando desde los años 90 en Europa por unas políticas sostenibles, alertando del cambio climático, promoviendo otros modelos de movilidad o de consumo. Ahora es su momento. Hasta estas elecciones, su mensaje no había tenido mucho eco en la ciudadanía. Al final, lo verde pesaba poco a la hora de seleccionar las papeletas y se votaba a una opción más global.

Hoy los partidos agrupados en Los Verdes han ampliado su programa, con propuestas concretas sobre impuestos, inmigración o feminismo y, a la vez, los ciudadanos han descubierto la necesidad de aplicar su modelo de gestión, asfixiados como estamos con el cambio climático. La movilización en la calle ha llegado a las urnas y se han hecho con 69 escaños, los segundos que más crecen en la cámara. 

El primer pleno

Tras formarse los grupos, los 751 diputados electos celebrarán su primer pleno entre el 2 y el 4 de julio en Estrasburgo, un encuentro que presidirá el presidente saliente, el italiano Antonio Tajani, y en el que se elegirá a su sucesor por mayoría absoluta en un voto secreto.

El Parlamento llevará a cabo dos sesiones plenarias en el mes de julio, y en la segunda de ellas (15-18 de julio) se celebrará la votación para aprobar la nominación del presidente de la Comisión Europea que propondrán los Estados miembros, previsiblemente en su cumbre de junio.

No hay garantías de que los Estados miembros decidan nominar a ninguno de los candidatos principales propuestos por los partidos, los llamados Spitzenkandidaten, pero el Parlamento quiere mantener este sistema y su mayoría es necesaria para la aprobación del sucesor de Jean-Claude Juncker al frente de la Comisión.

Más allá de los nombramientos, en su primera sesión plenaria tras los comicios el PE deberá acordar ya en detalle los presupuestos y marco financiero (MFF) de la UE para el periodo 2021-2027. Este presupuesto incluirá partidas destinadas a la PAC, Fondos Regionales, Investigación, Erasmus o Defensa, explican. Empieza fuerte una legislatura con muchos retos pendientes.

Como lanzó anoche a modo de eslogan el Partido Verde de Francia, “todos aprenderemos a querer y amar esta Europa salida de las urnas”. Es la que entre todos nos hemos dado, nuestro espejo y nuestra esperanza. 

QUERRÁS VER ESTO
Photo gallery Los principales candidatos a presidir la Comisión Europea See Gallery

PULEVA PARA EL HUFFPOST