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25/04/2020 11:16 CEST | Actualizado 25/04/2020 11:16 CEST

Re-construcción

El necesario plan de reconstrucción económica debe incorporar al sector de la construcción como uno de sus grandes ejes de actuación.

Chun Cheuh Tang / EyeEm via Getty Images

Desde que nos golpea la pandemia del coronavirus, ha vuelto el lenguaje churchiliano de tintes épicos y muy rápidamente se ha empezado a hablar de reconstrucción, de la necesidad un plan de reconstrucción de dimensión europea, evocando al famoso Plan Marshall de la postguerra tras a la Segunda Guerra Mundial, que sirvió efectivamente para reconstruir Europa.

A diferencia de entonces -y conviene recordar que la Segunda Guerra Mundial supuso la muerte de entre 50 y 70 millones de personas, muy por encima de la mortalidad hasta la fecha de la pandemia que nos asola- la contienda mundial había efectiva y físicamente arrasado las ciudades y las industrias europeas, no únicamente su economía.

El retorno del lenguaje bélico y post-bélico a la esfera pública con motivo de la pandemia habla de nuestra incapacidad a generar esquemas mentales nuevos para situaciones inéditas, pero no deja de ser cierto que evoca correctamente el hecho de que los esfuerzos solicitados son similares a los que se solicitan en tiempos de guerra: estado de alarma, disciplina social, economía de guerra, reconstrucción… No es menos cierto que estamos asistiendo también a acontecimientos o hechos que no se daban desde la época de las contiendas mundiales o de la guerra civil en nuestro caso.

Una de las características fundamentales de aquella época de postguerra y del largo ciclo de reconstrucción y desarrollo que le sucedió fue el papel central de lo público en la reconstrucción. La misma importancia de lo público que hemos podido constatar también a la hora de hacer frente con urgencia a la pandemia. Sin embargo, otra de las características, fue que se trató de un esfuerzo de reconstrucción real y literal, no de la economía, que también, sino de las infraestructuras, industrias, ciudades, y viviendas. 

A nosotros no nos va a tocar enfrentar una reconstrucción general en esos términos, pero en la re-construcción que se alude y se empieza a perfilar desde los gobiernos y las administraciones el sector de la construcción debe jugar un papel protagonista por las siguientes razones:

  • La demanda de vivienda previa a la crisis sigue estando ahí, como demanda social, y con la crisis económica que sucede a la sanitaria del coronavirus aumentará considerablemente.
  • La necesidad de mejorar la sostenibilidad medio ambiental del parque residencial existente sigue estando ahí.
  • El sector de la construcción tiene la ventaja comparativa frente a otros sectores económicos de ser un potente tractor económico, de efectos más inmediatos que otros muchos sectores en particular en la creación de empleo directo e indirecto.

Es por ello que, aunando las dimensiones social, medioambiental y económica, una política de vivienda que combine la promoción masiva de vivienda de protección pública y la rehabilitación intensiva del parque edificado existente debe ser uno de los ejes principales y centrales de la política de reconstrucción para después del Coronavirus. Construcción de vivienda no como especulación burbujeante sino como política socioeconómica y medioambiental desde lo público. La construcción, es un sector estratégico y crucial para sentar los cimientos de un nuevo modelo de sociedad post-pandemia en el que se transforme y reconfigure nuestro entorno urbano y nuestro hábitat.

El necesario plan de reconstrucción económica debe incorporar al sector de la construcción como uno de sus grandes ejes de actuación.

El esfuerzo de postguerra posibilitó en su día una de las épocas de crecimiento económico más intensas y añoradas, también la expansión y aplicación intensiva de los preceptos del movimiento moderno en arquitectura gestado durante la época de entre guerras por las vanguardias. Siguiendo con el paralelismo, en nuestro particular periodo entre crisis, la financiera de 2007 y la sanitaria de ahora, también se han gestado ideas innovadoras que podemos llevar a la práctica de forma generalizada a la hora de enfrentar nuestra particular reconstrucción que tiene más de ‘re’ que de ‘construcción’ en realidad, puesto que nuestras ciudades y viviendas afortunadamente no han sido arrasadas. En este sentido las viviendas de mañana serán las de ayer, pero rehabilitadas.

Así, el necesario plan de reconstrucción económica debe incorporar al sector de la construcción como uno de sus grandes ejes de actuación, pero no para llevar a cabo un urbanismo y una construcción extensiva de nuevos desarrollos urbanísticos como en la posguerra, sino para llevar a cabo un esfuerzo intensivo de reconstrucción, regeneración, rehabilitación, y re-densificación, en la ciudad consolidada. Un esfuerzo de transformación más que de reconstrucción si se quiere, pero un intenso esfuerzo que transforme por completo nuestras ciudades y las adapte a las nuevas necesidades y también a las ya detectadas con anterioridad a la crisis sanitaria, pero que ahora son más evidentes: necesitamos más viviendas, más grandes, más sostenibles, más accesibles, más eficientes, más versátiles, más flexibles y más abiertas. Más y mejores viviendas para un nuevo mundo, que será el de ayer pero transformado. No habrá tabula rasa esta vez, pero sí debe haber un esfuerzo colosal por crear empleo y actividad económica mediante la promoción de vivienda pública y la rehabilitación de la vivienda existente. Una vivienda por lo general excesivamente pequeña, que podríamos considerar inacabada o por terminar y que la crisis sanitaria ha puesto al desnudo: le faltan metros cuadrados y sobre todo espacios exteriores y también de trabajo… quizás también espacios de intercambio en el edificio y zonas comunes multifuncionales de uso restringido. Un esfuerzo de transformación de lo construido de magnitudes similares al esfuerzo de reconstrucción de antaño debe ser la ocasión de completar nuestras viviendas, dotándolas de los espacios necesarios y de los equipos pertinentes para su sostenibilidad social y medioambiental que probablemente volverá a ser puesto a prueba.

Hagamos de la necesidad virtud y de la crisis oportunidad, canalicemos los esfuerzos económicos hacia un sector reactivo como el de la construcción, y aprovechemos la coyuntura para pertrecharnos mejor de cara al futuro, recuperando la vieja y primigenia función de la arquitectura que no es otra que la de dar cobijo. Hagamos unas viviendas, unas ciudades y una sociedad más habitable. Es el momento.