POLÍTICA
22/09/2020 13:47 CEST | Actualizado 22/09/2020 14:12 CEST

Rivera vuelve por una hora y pasa página de la política: "No he querido escribir un coñazo"

El primer acto del exlíder de Cs tras dejar la primera línea: rodeado de periodistas y sin ningún compañero de partido.

“Necesitaba pasar página, cerrar una etapa”. Como esos conjuros para quemar lo anterior. Albert Rivera lo ha hecho a través de su libro Un ciudadano libre. 317 páginas, que (por fin) ven la luz tras retrasarse por la pandemia. Y entre mascarillas y manos empapadas de gel hidroalcohólico ha vuelto por un día a la vida pública: su primer acto desde que dejara la política en primera línea.

Se acabaron los mítines, los eventos multitudinarios, las alfombras rojas que tanto gustaban a Rivera. Distancia de seguridad, periodistas sin poder moverse de sus sillas. Nada de front row con amigos. En la Casa de América. No se ha visto a ningún excompañero de filas entre los asistentes de la presentación organizada por Espasa. Pero, ojo, él se ha encargado de repetir que se lleva muy bien con todos (no vaya a ser que alguien sea malicioso y malinterprete).

Y “hoy” ha cerrado una etapa, ha confesado. Se terminaron esos trece años dedicados a la primera línea política. No, no y no. No piensa volver, está muy bien con su nuevo trabajo en el despacho de abogados y el nacimiento de su nueva hija. Ha tenido suerte: duerme ocho horas desde los dos meses, ha revelado. 

Pero, venga, veníamos a hablar de política. Su discurso: hacen falta pactos de Estado, no le gusta el actual panorama. La palabra “banda” se ha esfumado de su vocabulario. Como principal error en los últimos tiempos: no haber “desenmascarado” antes a Sánchez. El presidente, ha confesado Rivera, ya le dijo que quería pactar con Unidas Podemos en una reunión privada. ¿Se arrepiente del veto al PSOE en las elecciones de abril? A su juicio, aquella decisión electoral le llevó al mejor resultado de Cs... en cambio en noviembre obtuvo el peor.

Rivera ha vuelto como el chico bueno de sus inicios

 

De hecho, lo que más le costó escribir, ha revelado, fue cuando hablaba de otras personas y conversaciones. Pero se defiende: “No es una venganza”. Rivera ha rebajado el tono, ha dejado atrás su agresividad verbal. Vuelve al modo chico bueno de colegio privado de sus inicios. Hasta en la ropa: todo a juego de El Ganso, con coderas rojas como los cordones de los zapatos de ante impolutos. Mascarilla, ¡en azul y rojo! El aire de Pozuelo.

EFE
Albert Rivera

Tiempos de covid, una hora ante la prensa. Más libre que nunca, repite. Ahora, lejos de los cargos, le dan igual las interpretaciones: “Es mi opinión”. Sentarse a escribir por tres motivos. El primero: “necesitaba pasar página, cerrar una etapa de 13 años. Una etapa preciosa, con momentos maravillosos, ha valido la pena. Pero también momentos difíciles”. 

Sentía además la necesidad de contarle a los españoles por qué tomó algunas decisiones políticas. Y tercero: es un “emprendedor” y quería contar su historia por si le servía a algún concejal, diputado o empresario. No es un Manual de resistencia a lo Pedro Sánchez, ha ironizado. A Sánchez se la tiene bien guardada. Se nota que no lo soporta, aunque intente ser lo más educado posible. Eso sí, ha reconocido que el socialista es mejor “estratega” que él. Pero no le viene bien a España, ha sugerido. ¿Cómo ha conseguido ganarle? Él se ha exculpado diciendo que nunca daría el pésame por la muerte de un etarra o pactaría con Podemos para estar en La Moncloa.

Pero siempre mainstream, que Rivera sabe mucho de audiencias: “No he querido hacer un coñazo de libro”. Frase promocional llega: “Es un libro positivo, con mucha verdad. La verdad, a veces, no gusta a todo el mundo”. Mientras, los periodistas afilando los dientes para su turno, a la espera de preguntar sobre el nuevo rumbo de Cs y su giro hacia el PSOE. Una, dos, tres, cuatro veces... pero él ha toreado: no tiene que decirle nada a la nueva dirección. Y se manda en Whatsapp fotos con Inés Arrimadas de sus respectivos hijos. 

Descarta regesar a la política y se calla sobre la nueva dirección de Cs

“Yo cierro hoy una etapa. La vida se vive una vez y ellos (su familia) son los verdaderos protagonistas”, se ha sincerado. De la otra familia del Ibex, nada de nada. Incluso se ha querido desmarcar y decir que siempre ha ido contra el establishment. Recibió presiones, ha señalado, para luego decir que nunca haría como algunos bancos con informes sobre qué tienen que hacer los políticos. “El actual panorama político no me gusta mucho”, ha ahondado, sin contestar luego sobre si Cs fue uno de los actores principales para la polarización durante su etapa.

No podían faltar sus clásicas reflexiones sobre rojos y azules (aunque eran sus colores de vestimenta): “Hay que abandonar las trincheras”. Para criticar la campaña del 10-N: “Un país atrincherado que habla más de Franco y de su familia que del resto de familias”. Por eso, comprende que no funcionara su “bandera blanca”. “Se me penalizó, me quedé en medio de las dos trincheras y muerto políticamente”. “Se beneficiaron Sánchez y Vox y el PP remontó algo”, ha reflexionado.

Momento de confesión: también fueron momentos difíciles los actos en Rentería y Alsasua. Recado para todos los políticos: deberían tener “más coraje” y no hacer filtraciones. ”¿Se imaginan los pactos de La Moncloa radiados en Twitter?”, se ha preguntado.

¡Otro intento para saber qué opina de la actual dirección llega! “Si les digo la verdad, no estoy todo el día leyendo teletipos”, ha soltado, para recordar que está “en el sector privado” y “cambiando pañales”. “No sé si estoy cansado o que no me gusta lo que veo”, ha añadido. Para justificar ese desapego: “Me enteré de la sesión de la investidura porque me citaron, me mandaron un mensaje. No me acordaba de la ronda del rey. En el día a día no estoy”. Por cierto, algo que no cuadra mucho con su cuenta de Twitter. Vuelve a Sánchez: “Es capaz de cualquier cosa, a lo mejor no estoy hecho de esa pasta, duermo tranquilísimo”.

Sánchez es capaz de cualquier cosa, no estoy hecho a lo mejor de esa pasta, duermo tranquilísimoAlbert Rivera

Echando la vista atrás a estos trece años... no tiene muy buenas palabras sobre los políticos de su generación. Le gustaban más los de la “vieja escuela”: “tenían más talla, eran mejores oradores”. “Echo de menos a gente como Alfonso Guerra”, ha rezumado, por su “ironía, inteligencia y sentido del humor”. ¿El político más mediocre? Lo tiene claro: Carles Puigdemont.

“No quiero meter el dedo en el ojo”, ha empezado Rivera, pero también se ha ensañado contra las decisiones del Gobierno sobre la pandemia: “Nos va la vida, el pan y la economía”. Consejos ha dado: hagan más caso a los expertos. ¿No se coordinaban hasta ahora el Ejecutivo y las autonomías?, se ha lamentado a continuación.

Una hora ante las cámaras. Siempre cómodo y con un tono más bueno que en sus últimos días en la política. Conjuro hecho. Cierra una etapa, hoy empieza ya una nueva vida después de haberse confesado en un libro. Hoy pasa página... España ya la pasó de él hace un año.

 
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