Rocío Carrasco: "Sacó un teléfono móvil y dijo: 'Papá, ya está hecho"

Las impactantes declaraciones de la hija de La Jurado sobre la agresión que sufrió por parte de su hija.
Rocío Carrasco en el episodio 8 de su docuserie.
MEDIASET
Rocío Carrasco en el episodio 8 de su docuserie.

La emisión de la docuserie Rocío, contar la verdad para seguir viva continúa esta noche del miércoles, tras el parón que la propia Rocío Carrasco decidió para dar una entrevista en directo y aclarar algunos de los momentos más controvertidos de lo visto en los primeros siete episodios.

Miedo es el título de la octava entrega de la docuserie y una de las más complicadas de la producción de La Fábrica de la Tele, pues en ella la protagonista narra con detalle qué pasó el 27 de julio de 2012, cuando Rocío Flores agredió a su madre y acabó condenada por un delito de maltrato continuado.

De este capítulo de la serie, tal y como se ha venido anunciando durante toda la semana, se han eliminado 11 minutos y 38 segundos. Así lo pidió la protagonista, Rocío Carrasco, y así lo aceptó la productora. Una medida que no tenía otra finalidad que proteger públicamente a Rocío Flores.

El relato comienza con el recuerdo de la frialdad de la niña al reencontrarse con su madre después de fallecer Rocío Jurado. “Mi hija no podía darse el lujo de sentir nada bueno hacia mí. Porque sabe que en casa de su padre, que es lo que ella más quiere en el mundo, no va a ser aceptada”, ha sentenciado la protagonista.

Según pasa el tiempo, Carrasco se da cuenta de que ella anímicamente no está bien. Y no es por la muerte de su madre: los motivos son otros.

La herencia de ‘La más grande’

La muerte de Rocío Jurado el 1 de junio de 2006 sumió a toda la familia en una profunda tristeza... y en una fuente de conflictos.

Según ha relatado Rocío Carrasco, la lectura del testamento tuvo lugar en la casa de La Moraleja de su madre y a ella acudieron su marido, José Ortega Cano; Amador Mohedano, hermano de Rocío Jurado, y su mujer, Rosa Benito; Gloria Mohedano, hermana de la artista, y su marido, José Antonio; y la propia Carrasco, nombrada por su madre heredera universal.

Sin entrar en detalles, señala este momento como el principio del fin de la buena relación de la familia. La protagonista sólo ha apuntado una cosa: parecía que allí había gente que no tenía que estar.

Rocio Carrasco y Rosa Benito en el funeral de Rocío Jurado.
BALLESTEROS via AFP via Getty Images
Rocio Carrasco y Rosa Benito en el funeral de Rocío Jurado.

“Al final todos han decidido unirse a la persona que más daño le ha hecho en vida a su hermana, a su sobrina y a la hija de su mujer”, ha afirmado Rocío Carrasco.

Demanda tras demanda

Si en el anterior episodio Rocío Carrasco ya había puesto de relieve el cambio de actitud de su hija tras la muerte de su abuela, en este ahonda en ello sin morderse la lengua.

La decisión de La más grande de no dejar nada en herencia a sus nietos, Rocío Flores y David Flores, tensa más la relación entre Rociíto y Antonio David, que aprovecha cada aparición en los medios para cargar contra su exmujer.

La relación entre la expareja cada vez es más difícil y la comunicación sólo existe por vía judicial. Entre ellos se suceden las demandas por impago de pensión de los niños por parte de Antonio David, por modificación de medidas del convenio de custodia y por motivos médicos de los menores.

El diagnóstico médico de un especialista aconsejaba el paso del hijo por quirófano y eso se convirtió en motivo de debate en platós y revistas. El consentimiento de la madre para esa intervención quirúrgica tuvo que llegar a ser demandado por vía judicial para autorizar a un juez la cirugía. Según la propia protagonista, ella lo había firmado y enviado mediante su abogado días antes de que un juez la citase a declarar. La demanda, finalmente se desestimó.

“Anuló mi papel como madre porque yo no he tenido libertad. He sido una madre coartada y he sido una madre aterrorizada”, ha denunciado la hija de La chipionera.

Pánico a los lunes

“Yo empiezo a tener pánico a los lunes. Me paso todo el lunes en el baño, desde que me levanto hasta que llegan los niños a las cinco. Me dan ataques de pánico, ataques de angustia... Me aterroriza”, ha explicado Rocío Carrasco.

La protagonista ha querido explicar algunos momentos que ponen de relieve la postura de la niña respecto a ella. “Un día llegó con el cuello lleno de collarcitos de cuero con colgantitos. A regañadientes le convencí para que se los quitara. A los 15 días vuelve otra vez con los collares y la niña me dice: ’Me ha dicho Olga —Moreno, la actual mujer de Antonio David Flores— que qué mala madre eres, que no me dejas ponerme collares”, ha narrado con detalle.

Pero lo más duro del relato llegaba después, cuando ha reproducido el ataque de su hija con respecto a los problemas de su hermano: “Le habían dicho que su hermano estaba enfermo por mi culpa porque yo fumaba y bebía durante el embarazo, porque yo no quería tener al hermano”.

″¿Cómo se puede vivir ante eso? Ante eso se vive partiéndote en dos”, ha clamado Carrasco. ”Vivía el día a día aterrorizada porque no tenía otra forma de vivirlo”.

“Cuando la niña me veía llorando me decía: ’Ya me lo advertía mi padre, se va a hacer la víctima y va a llorar”, ha desvelado.

“Yo sabía que tú venías”

Los niños pasaron las navidades de 2010 con su padre y el niño tiene que ser ingresado en el Hospital Quirón de Málaga afectado por una neumonía, de lo que su madre tiene noticia dos días después del ingreso.

Rocío Carrasco, acompañada por Fidel, deciden ir al hospital para estar con su hijo. ”La escena que veo al entrar en la habitación es dantesca: un niño en una cama lleno de sueros y cosas, y una tía, igual que yo, metida en la cama con él. Era Olga”, ha descrito. Pero lo más conmovedor son las palabras del niño al ver a su madre: “Yo sabía que tú venías. ¿Ves Olga? Que me habíais dicho todos que no ibas a venir. Yo sabía que mi mami venía con el Fidelito”, ha relatado enfadada.

Cuando días después le dan el alta a David Flores, Antonio David pide a Rocío Carrasco y a Fidel que se lleven ellos al niño porque con ellos estará mejor. La petición revuelve las tripas a la protagonista pues, después de tacharla de mala madre por los platós, termina haciéndole esa demanda.

Como la actitud de la adolescente con su madre cada vez era más inaguantable, Rocío Carrasco decidió aprovechar el momento para pedir auxilio a su padre y a su mujer para frenar los desprecios y humillaciones a los que la somete la niña. “Imbécil de mí, pensando que podía quedar el mínimo sentido común en ellos”, ha admitido. Además, les pidió que no la vendieran, que no le contasen esa conversación.

“Cuando vuelven de la quincena, suena el timbre de la casa, abro y lo primero que hace esa niña cuando me ve, en vez de darme dos besos, es decirme: ’Eres una hija de puta. ¿Qué te creías, que Olga era tu amiguita? ¿Qué le has contado, todo? No sabes la que os tienen preparada”, concluye la primera parte del episodio.

Castigos, insultos y mentiras

Al inicio de la segunda parte, Rocío Carrasco ha retomado el relato en ese lunes de regreso de los niños tras estar con su padre. “Yo no te puedo obligar a que me quieras, pero sí a que me respetes. Y en mi casa se me respeta”, le pidió a su hija Rocío Flores.

La hija de La chipionera ha reproducido los insultos y los reproches que le profería su hija y ha confesado que, después de estos duros episodios, lloraba y lloraba, y se metía en su cuarto con “la pastillita debajo de la lengua para calmar la ansiedad”.

Ha explicado también que la mandaba al cuarto castigada y ella decía: “Al cuarto se va a ir tu puta madre que está enterrada”.

También ha querido aclarar que la niña nunca le faltó al respeto delante de su pareja “porque mi hija tenía una maravillosa relación con Fidel”.

En el verano de 2012, Rocío Carrasco planteó a su hija la posibilidad de irse a estudiar a Estados Unidos, para alejarla del entorno y para intentar encauzar su rendimiento académico, pues le habían quedado varias asignaturas.

Después de estar con su padre dos semanas, la adolescente regresó con su madre asegurando que ya no quería ir a Estados Unidos y que su padre le había dicho que era mentira que fuesen a mandarla a estudiar fuera. Carrasco pudo demostrarle mediante un e-mail del colegio americano que era verdad. Esa fue la primera mentira que la niña descubrió de su padre.

La gran guerra: la custodia

A primeros de julio de 2012, Carrasco recibió una llamada de su abogado que le notificó una demanda de modificación de medidas urgentes por parte de Antonio David para que Rocío Flores se quedase con él y quitarle la custodia a su madre.

Días antes, su hija ya la había amenazado: “Rociíto, el día que yo vaya a hablar delante de un juez, te vas a cagar”.

Rocío Carrasco, Rocío Flores y Fidel Albiac en julio de 2011.
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Rocío Carrasco, Rocío Flores y Fidel Albiac en julio de 2011.

Madre e hija acudieron a la vista en la que se dirimía la modificación de medidas urgentes reclamada por Antonio David. Al llegar al juzgado, la niña se va con su padre directamente. “Pensé que a mí me iban a quitar la custodia de mi hija, porque ya tenía una edad y por las barbaridades que ella ya había contado sobre mí”, ha explicado Rocío Carrasco. Finalmente, no ocurrió así: se necesitaba un informe psicosocial de los padres y la adolescente para que el juez tomase la decisión.

“Cuando soy consciente de que la niña tiene que volver conmigo salí llorando de pavor, de angustia”, ha detallado. “Que sepas que en septiembre a esta casa no me trae ni un juez, ni tu madre ni tu padre que están bajo tierra”, le espetó su hija al llegar a casa.

Los desafíos y los insultos convirtieron la casa en un infierno. “Un día la pillé en la habitación fumando. ‘¿Qué haces fumando?’, le dije. Y me mira fijamente, apaga el cigarro en el colchón y me dice: ’La próxima vez lo hago contigo y quemo la casa contigo dentro”.

Los días posteriores discurrieron en el mismo clima de tensión, entre insultos y desafíos.

27 de julio de 2012

Ese era el último día de cursillo de verano de Rocío Flores. El mes de agosto lo pasaría con su padre.

Madre e hija se levantaron juntas y se dispusieron a desayunar. La niña quería tomar una nectarina y, según la protagonista, ella le advirtió: “Ro, tengo ciruelas, desayuna unas ciruelas para el problema de tu estómago”. En ese momento se desencadena todo. “Yo voy a coger la nectarina que se había guardado y ella me cruza la cara de lado a lado”, ha contado con la voz entrecortada. “Empieza a pegarme, pero mientras me pega ella va gritando ‘no me pegues, no me pegues, no me pegues’. Yo la miraba y la veía gritar, y se me pasó una película por toda la cabeza porque yo sabía que eso obedecía a algo que no era normal”, ha contado con detalle.

Su siguiente recuerdo es Fidel reanimándola y colocándole un pulsómetro. Tenía las pulsaciones en 140, Fidel le colocó un lorazepam bajo la lengua y la niña salió por la puerta.

Rocío Flores montó en el coche donde le esperaba Paco, el chófer. Estaba muy asustada y tenía un ataque de ansiedad hasta que “sacó un teléfono móvil de no se sabe dónde y dijo: ’Papá, ya está hecho”.

La vida de Rocío Carrasco