POLÍTICA
10/05/2019 15:32 CEST

Pérez Rubalcaba: Pura política

Un hombre sin el que no se entendería la España de las últimas décadas

FLICKR / RUBALCABA

Pura política. Sin Alfredo Pérez Rubalcaba no se entendería la historia de España de las últimas décadas. Un hombre con el Estado en la cabeza, con el socialismo en las venas y cuyo papel fue esencial para el fin de ETA.

Pérez Rubalcaba (Solares, Cantabria, 1951) ha fallecido hoy en Madrid después de sufrir un ictus este miércoles por la tarde. Un dirigente con una retórica brillante, conocedor de todos los entresijos del poder, un rival temido por sus adversarios y guardián de parte de los secretos de España -incluida la abdicación-.

Rubalcaba llevaba alejado de la política desde el año 2014, cuando dejó la primera línea y la Secretaría General del PSOE por los malos resultados de las europeas. Volvió a dar clases a la Universidad Complutense sobre Químicas. Pero seguía atento a todo lo que pasaba con la bata blanca puesta.

Rubalcaba y el fin de ETA

Ha sido un auténtico químico de la política, con una cabeza prodigiosa para estrategias, pactos y cuestiones de Estado. Y si algo hoy viene, sobre todo, a la cabeza es el papel fundamental que desempeñó en el Ministerio del Interior para el fin de la banda terrorista de ETA. 

Este fue el principal encargo que le hizo el presidente José Luis Rodríguez Zapatero cuando lo nombró ministro del Interior. Una dura etapa con un primer proceso de negociación en 2006 que duró menos de un año al romper la tregua la banda terrorista con el atentado en el aparcamiento de la T4 en Barajas. La esperada noticia llegaría cinco años más tarde, cuando el 20 de octubre de 2011 la banda terrorista anunciaba el “cese definitivo” de la actividad violenta.

 

“He sostenido en muchas ocasiones que ETA desapareció de nuestras vidas el 20 de octubre del 2011, cuando anunció el final definitivo de la violencia. Ese día dejaron de importarnos porque abandonaron los asesinatos, las extorsiones, las amenazas, todo aquello que les había llevado a formar parte de nuestra existencia”, escribía el propio Rubalcaba hace un año en El HuffPost. Y expresaba este deseo: “que la historia recoja que esta dura batalla acabó con un triunfo agridulce de la democracia porque costó la vida de muchos inocentes”. “A ellos es a quienes nunca debemos olvidar”, concluía.

El hombre que mejor conocía el poder

Rubalcaba siempre fue un entregado a la política, la vivía cada minuto de su vida, era su oxígeno. Y ocupó puestos claves durante los gobiernos de Felipe González (ministro de Educación, ministro de Presidencia y portavoz) y de José Luis Rodríguez Zapatero (ministro del Interior, portavoz y vicepresidente). Conocía todos los rincones.

Ingresó en el PSOE en 1974 e hizo carrera dentro de la Administración desde la histórica victoria de Felipe González en 1982. Ocupando primero cargos de carácter más técnico: director de gabinete de la Secretaría de Estado de Universidades e Investigación (1982-1985), director general de Enseñanza Universitaria (1985-1986), secretario general de Educación (1986-1988) y secretario de Estado de Educación (1988-1922). De ahí ya a ser ministro y portavoz de un Gobierno de González ya en decadencia, donde él tenía que responder sobre asuntos tan espinosos como la corrupción, los fondos reservados y el caso GAL.

Un político al que se recordará también durante aquellas negras noches que vivió España tras el atentado yihadista del 11-M. El Gobierno de José María Aznar insistió en que la autoría apuntaba a ETA. El día 13 de marzo, antes de las elecciones generales, Rubalcaba compareció ante la prensa y pronunció una frase para la historia política de este país: “Los españoles merecen un Gobierno que no les mienta”.

Y un auténtico hombre de partido, temido por sus adversarios. La historia del PSOE no sería la misma sin Pérez Rubalcaba. Durante años siempre decía en la intimidad, tras acabar el felipismo, que perdían sus candidatos en los procesos internos: por ejemplo apoyó a José Bono frente a José Luis Rodríguez Zapatero.

Le faltaba a nivel orgánico solo llegar a ser líder del partido, lo que consiguió en febrero de 2012 en un durísimo congreso y por apenas 22 votos frente a Carme Chacón. Rubalcaba cogió las riendas del postzapaterismo en un momento complicadísimo para el PSOE durante la brutal crisis económica que azotaba España.

De hecho, como vicepresidente de Zapatero tuvo que dar la cara durante aquellos días de horror económico y de masivas subidas del paro, con los buitres económicos despellejando el país. Y fue el aspirante a las elecciones generales del 20 de noviembre de 2011, cuando los españoles le dieron mayoría absoluta a Mariano Rajoy (PP).

Pero muchos en el partido vieron en él un valor seguro en esos tiempos nerviosos y caóticos y le auparon frente a Carme Chacón. Su etapa al frente del socialismo no fue fácil y terminaría poco más de dos años después. La razón: los malos resultados en las europeas de 2014, una época en la que caló que el mensaje de PPSOE y en la que irrumpió Podemos con el fantasma del sorpasso. En aquellos días se pensaba que el partido podía vivir un proceso como el PASOK griego. Además, Rubalcaba sufría la presión de barones como Susana Díaz (Andalucía).

EFE

 

El secreto de la abdicación

Aquel 26 de mayo de 2014 anunciaba que dejaba la primera línea política Pero quiso hacer una transición ordenada por varios factores. Uno de ellos fue su papel clave aquellos días en los que se produciría la abdicación del rey Juan Carlos I a favor de su hijo Felipe VI. Los españoles todavía no conocían la decisión del monarca, pero sí Rubalcaba, que había sido informado por el rey en el mes de marzo. Un momento muy delicado y que debía llevar aparejado una serie de cambios legales. El socialista siempre tuvo buena conexión con la casa real y el PSOE es la clave para la supervivencia de la institución.

Y, además, llevó una gran renovación en el proceso de sucesión en el partido. Por primera vez se llevó a cabo un proceso de elección del secretario general del partido a través de unas primarias abiertas a todos los afiliados. Un militante, un voto. Ha sido, sin lugar a dudas, una de sus grandes improntas para el PSOE y la vida de los partidos en España. En aquel proceso él apoyaría a Eduardo Madina, pero ganó Pedro Sánchez.

En aquel mes de julio, tras el congreso, volvió a la Universidad y dejó la política activa. No obstante, siempre estuvo al tanto de lo que pasaba y decidió apoyar públicamente a Susana Díaz, con la que se había enfrentado años antes, en las primarias de 2017 frente a Pedro Sánchez.

Con el actual presidente tuvo una relación difícil en los últimos años, aunque él le dio su primera gran plataforma para conocer el partido como coordinador de la conferencia política de 2013: en la que Rubalcaba acuñó la famosa frase “el PSOE ha vuelto”. Hace unos meses, el actual jefe del Gobierno le ofreció ser candidato al Ayuntamiento de Madrid, pero él declinó la oferta.

El Rubalcaba detrás de Rubalcaba

Rubalcaba un hombre profundamente de izquierdas, al que le marcó en su juventud para siempre un hecho: el asesinato por parte de unos policías de un compañero de clase antifranquista, Enrique Ruano. Siempre lo tuvo en su cabeza. Un paso decisivo para dedicarse a la política en la vida de aquel Alfredo, que de niño siempre iba corriendo a todos los sitios, hijo de un piloto de Iberia, criado en el colegio de El Pilar en Madrid y cuyo memores recuerdos eran los veranos en El Escorial.

Un político temido por sus rivales. Sobre Rubalcaba se han dicho, escrito e incluso inventado muchas leyendas negras. Hasta el popular Rafael Hernando intentó pegarle en el Congreso de los Diputados. Y al que siempre le dolió las especulaciones sobre el chivatazo en el caso Faisán. Todas las teorías de la conspiración del país siempre pasaban por su figura. La derecha mediática le culpó siempre de todos los males y hasta de los bulos sobre el 11-M.

Y entre tanta política siempre buscaba el mejor momento para desconectar y disfrutar: el Real Madrid. Merengue, merengue. La foto adorada y que siempre miraba: la suya de niño junto a Gento. Y de aquellos días, con su padre pilotando el avión, le llegaría un pequeño trauma: el miedo a volar. Además, de su infancia y juventud vienen sus íntimos amigos, entre ellos Jaime Lissavetzky y Javier Solana. Especialmente con el primero ha compartido momentos difíciles y también vacaciones de verano. Y siempre a su lado, su esposa Pilar Goya.

Rubalcaba, un político sin el que no se puede entender la España de las últimas décadas (y de las próximas).

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