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25/11/2020 16:27 CET | Actualizado 25/11/2020 17:23 CET

Rufián y sus contradicciones

Es un adolescente en el Congreso de los Diputados.

Europa Press News via Getty Images
Gabriel Rufián, en el Congreso de los Diputados. 

Una de las condiciones que han puesto encima de la mesa los independentistas de ERC para apoyar los Presupuestos Generales del Estado ha sido acabar con “el paraíso fiscal” de Madrid, de modo que los ingresos fiscales del conjunto del Estado no se vean reducidos por la menor presión fiscal que soporten los madrileños y, de ese modo, se garantice la suficiencia fiscal, la igualdad y la solidaridad ciudadana en el conjunto de España. Una suerte de supuesta combinación de defensa de la igualdad y de centralismo fiscal. La verdad, me cuesta creer que Rufián se haya hecho de UPYD a estas alturas del partido. 

La cosa es todavía más intrincada. Si Madrid decide reducir su tramo impositivo autonómico, lo hará a costa de reducir sus propios ingresos tributarios y, es de suponer, tal cosa le supondrá una menor capacidad de financiar los servicios públicos que disfrutan los madrileños, salvo que se cumpliera la máxima liberal que yo creo que nunca se cumple: si reduces los impuestos, se incrementa la recaudación, ya que esa menor presión fiscal redundará en un mayor crecimiento del número de empresas rentables y del conjunto de la economía. Y, supone el Gobierno de Madrid porque lo repite hasta la extenuación, tal medida facilitará la implantación en Madrid de empresas que ahora mismo se encuentran en otras partes de España o del mundo, incluida Cataluña. Y creo que esto es otra de las cosas que supuestamente le preocupan a Rufián (aunque quizás estoy suponiendo demasiado y Rufián, en el fondo, no llegue a plantearse cuestiones tan elevadas): que las empresas que tributan en Cataluña abandonen ese lugar en busca de otra ubicación (Madrid) donde les exijan menos impuestos. Esas ideas que Rufián nos quiere hacer creer que defiende son nobles y, en todo caso, respetables. Sin embargo, la postura de Rufián es del todo punto incoherente y, viniendo de él y de su partido político, puro cinismo. Veamos por qué. 

En el fondo, es la máxima nacionalista de toda la vida: Lo mío es mío y lo tuyo, de los dos. El culmen de la insolidaridad y la desigualdad

ERC quiere que Cataluña se independice del resto de España. Y una de las razones para tratar de alcanzar ese objetivo es que no quieren seguir financiando al resto de los ciudadanos españoles, especialmente a los más desfavorecidos. Desde luego, suelen existir otras razones menos prosaicas, pero en el fondo la base suele ser esa: la pela es la pela y yo gestiono mis dineros como considero. Y aunque no fuera la base, esa sería una de las consecuencias: si se produjera la independencia, los recursos obtenidos en Cataluña dejarían de financiar al resto del Estado. Siendo esto así, es extraño que Rufián exija que los madrileños paguen más impuestos para que el conjunto de los españoles no veamos reducido nuestro Estado del bienestar; tendría que haber empezado por criticar los regímenes fiscales excepcionales vasco y navarro (Concierto Económico y Convenio), en base a los cuales, aquí sí, los ciudadanos más ricos no solo no financian al resto sino que son financiados por los ciudadanos más pobres. Y es que a Rufián no le importa el interés general y el bien común; si le importara, no sería independentista. Otra posibilidad es que el federalismo asimétrico que algunos reivindican sea eso: que los independentistas catalanes decidan los impuestos que pagan los madrileños… y que todos los demás no podamos ni estudiar en español en Cataluña. 

Por otro lado, parece contradictorio que Rufián quiera tanta autonomía para los suyos como para decidir su propia independencia y, sin embargo, se oponga a una cierta autonomía fiscal para las restantes comunidades autónomas. Es como si Rufián fuera independentista para los suyos y jacobino para los demás, o, en fin, generoso con el dinero ajeno y avaricioso con el propio. En el fondo, es la máxima nacionalista de toda la vida: Lo mío es mío y lo tuyo, de los dos. El culmen de la insolidaridad y la desigualdad. 

No solo quieren separarse de nosotros, sino que además nos dan lecciones de cómo debemos gobernarnos

Yo sí he defendido la máxima igualdad posible para el conjunto de los ciudadanos españoles, incluida la armonización fiscal. Por eso comencé denunciando la existencia de dos regímenes fiscales excepcionales, el vasco y el navarro, que permiten que el Estado apenas recaude impuestos en una parte de su territorio y que los residentes en dichos lugares no aportemos a la solidaridad interterritorial. No solo no aportamos sino que nos financian. Y he defendido que la fiscalidad se encuentre en manos del Gobierno de España, y que se impida que las comunidades autónomas apliquen la práctica del dumping fiscal. Todo ello para que el Estado garantice unos mismos servicios públicos para todos, más allá de que cada región o municipio pudiera tener cierto margen de maniobra. Mientras algunos defendíamos y seguimos defendiendo estos principios, Rufián y los suyos preparaban un golpe de estado para separarse del resto de los ciudadanos españoles, dejar de aportar a la solidaridad común y romper la igualdad y la unidad del Estado. No solo quieren separarse de nosotros, sino que además nos dan lecciones de cómo debemos gobernarnos. 

Rufián es un permanente “quiero y no puedo”, consecuencia de su fanatismo político y su incapacidad de entender los conceptos políticos más básicos. Es un adolescente en el Congreso de los Diputados. Todos hemos sido adolescentes, pero en aquella época no éramos diputados. Yo no comparto la política fiscal del PP, que tiene como consecuencia que el Gobierno autonómico disponga de menos capacidad para sustentar un Estado del bienestar digno. Pero puesto que no defiendo esa política, mucho menos defiendo las que Rufián sigue defendiendo y que se resumen en una: alcanzar la independencia de Cataluña, es decir, levantar una frontera entre conciudadanos, romper la unidad política de España y empequeñecer el Estado redistributivo que trata de proteger especialmente a los ciudadanos más vulnerables. O sea, el sálvese quien pueda nacionalista de toda la vida. Y de verdad, no hay cosa más reaccionaria. 


Gorka Maneiro es exdiputado en el Parlamento Vasco y asociado de HAC Group.