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29/10/2020 14:10 CET | Actualizado 29/10/2020 14:10 CET

Saltarse las normas

Casado reprocha a Sánchez y halaga a Merkel y Macron, que se han puesto al frente, pero cuando Sánchez se pone al frente, le acusa de recortar libertades.

Europa Press News via Getty Images
El líder del PP, Pablo Casado, de espaldas, se dirige al ministro de Sanidad, Salvador Illa, en el Congreso de los Diputados. 

Después de pasar por delante de la cola del hambre en el comedor social de la calle Montesquinza –en uno de los barrios acomodados de Madrid–, sentarse en la tribuna de prensa del Congreso te encoge el estómago. ¿En qué universo paralelo viven sus señorías? ¿Qué hacen lanzando mensajes contrapuestos y polarizantes? De nuevo el deplorable espectáculo de convertir la salud pública –que no entiende de siglas– en un asunto de militancia política. De nuevo saltándose las normas morales y la responsabilidad de lanzar un mensaje inequívoco a los ciudadanos, animando con sus proclamas a incumplir las medidas necesarias para salir cuanto antes de esto.

En la sesión de hoy, el ministro de Sanidad, Salvador Illa, solicitaba la aprobación del estado de alarma. Con la incomprensible ausencia del presidente Sánchez. “La señora Merkel habría venido a esta Cámara a pedirlo, no por respeto a la Cámara sino por los ciudadanos”, decía Ana Oramas, de Coalición Canaria, desde la tribuna.

La sensación de desamparo y de triunfo del sinsentido se ha corregido ligeramente con Aitor Esteban. El portavoz del PNV ha vuelto a evidenciar que todavía quedan políticos cabales en los que confiar: “Se crean inseguridades en la ciudadanía al ver a la Cámara tan dividida, desde fuera es poco comprensible si lo comparamos con otros países europeos”.  

Casado reprocha a Sánchez y halaga a Merkel y Macron, que se han puesto al frente. Pero cuando Sánchez se pone al frente, le acusa de recortar libertades

El diputado vasco ha sido el único capaz de explicar lo que esta mañana se debatía aquí. “La gente ha estado perpleja ante medidas que luego eran tumbadas por los tribunales, y necesitamos un marco estable. Este estado de alarma es muy distinto al anterior. Este sirve para tener un instrumento jurídico para poner y quitar medidas. Esto no quiere decir seis meses con medidas, sino disponer del marco”, ha aclarado en la Cámara.

Mientras, el resto seguía a lo suyo. Pablo Casado en el Congreso echando en cara al ministro Illa que el virus campa a sus anchas por culpa del Gobierno, cuando en junio presionó hasta lograr que se levantará prematuramente el estado de alarma; y el Gobierno popular de la Comunidad de Madrid se opone, día sí y otro también, a hacer cumplir medidas restrictivas para proteger a la población. Casado reprocha a Sánchez y halaga a Merkel y Macron, que se han puesto al frente. Pero cuando Sánchez se pone al frente, la oposición de derechas le acusa de recortar libertades. 

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Dos transeúntes, en Granada. 

El PP vuelve a acusar al Gobierno de albergar intereses torticeros y se abstiene de apoyar el estado de alarma, minimizando así su necesidad. La apremiante urgencia de parar el avance de la nueva oleada de coronavirus es lo de menos. Lógico que en la calle la decepción haya normalizado una situación excepcional. Y la gente se tome a la ligera las medidas. 

Tras el fracaso de la gestión de la pandemia por las comunidades autónomas que tanto reclamaron el control territorial de la enfermedad, se vuelve de nuevo al punto de partida: solicitar el estado de alarma. Exigencia realizada por comunidades autónomas presididas por algunos de los partidos que esta mañana expresaban su contrariedad por la medida que el viernes sus propios compañeros pidieron. Seis meses de estado de alarma, un periodo inadmisible para Esquerra Republicana, PP o Ciudadanos.

Sin comentarios para la juerga que han montado los diputados de Vox en el hemiciclo, acusando incluso de atentado contra la libertad de expresión, porque mentir es gratis.

Madrileños condenados

El miedo inicial a contagiarse de covid-19 ha ido decayendo al ritmo que crecía la irresponsabilidad de algunos políticos, muchos de ellos –sobre todo en la Comunidad de Madrid– empeñados en desdeñar las medidas preventivas en pos de una economía que no se puede parar, pero a la que la cifras crecientes derivadas de su impasividad abocaban al desastre. Incapaces de explicar a la ciudadanía que un Madrid letal, la imagen que estamos dando en toda Europa, no hace nada más que retrasar la recuperación económica. ¿Quién va a venir a vernos con estos datos?

Los madrileños estamos condenados por Isabel Díaz Ayuso a tardar mucho más que el resto en salir de la enfermedad. Apáticos ante un horizonte que no es posible vislumbrar. Mientras en Francia y Alemania se imponen limitaciones y cierres generalizados de la hostelería, en la capital se relajan las medidas y se amplían terrazas y horarios. Con el empecinamiento de un adolescente rebelde, la presidenta invita a saltarse las normas una y otra vez, y las pocas que en teoría rigen, no se hacen cumplir.

NurPhoto via Getty Images
Imagen de archivo de la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso. 

Ayuso ha convertido en un deporte ridiculizar públicamente a todo aquel que trate de alcanzar un acuerdo con ella. Aburrida ya de dejar en evidencia a Ignacio Aguado, fue a por Pedro Sánchez, al que tomó el pelo sin complejos llegando a un acuerdo que tardó cinco minutos en romper. Ayer mismo lo volvió a hacer con el presidente socialista de Castilla-La Mancha, Emiliano García Page, y con el de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco. Se partió de risa en sus caras dejándoles comparecer primero para anunciar un cierre de su comunidad y a continuación bajarse del carro y comunicar que Madrid pasaba de sumarse al cierre hasta el 9 de noviembre. Solo cerraría el fin de semana si el Gobierno permitía echar la llave a capricho.

Este es el ejemplo que algunos políticos electos transmiten. Capaces de defender una postura y a los cinco minutos otra. Sin pudor para saltarse las normas de decencia más elementales.

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