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15/11/2020 10:05 CET | Actualizado 15/11/2020 10:47 CET

Sánchez, Bildu y España

Entre otorgar mando en plaza a Otegi o mantener el país a la deriva, puede optar por negociar con Ciudadanos.

Pool via Getty Images
El presidente, Pedro Sánchez, en el C

La bronca política permanente en la que algunos nos mantienen instalados nos impide ser del todo conscientes de la gravedad de hechos que deberían avergonzarnos como país. El primero es el empecinamiento del bipartidismo en mantener su duelo a garrotazos mientras cada día mueren más de 300 españoles a causa del COVID-19. El segundo y más sangrante es el pacto de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias con Bildu para aprobar los Presupuestos Generales del Estado.

Mientras rojos y azules nos distraen con su batalla en periódicos y televisiones -con la inestimable ayuda de morados y verdes- el “Gobierno de la gente” ha tomado como socios presupuestarios a los vástagos de la extorsión y el tiro en la nuca. Sánchez e Iglesias han aprovechado el ruido de la refriega política y los estragos de la pandemia para encamarse con total naturalidad con los herederos del terror.

Resulta una zafiedad aprobar los Presupuestos a costa de bajar el telón sobre las 853 víctimas del terrorismo etarra y sus familias. Sánchez no puede normalizar como actor político a Otegi y a los suyos solo porque quiera sus votos para seguir en La Moncloa. Pero lo peor de todo es que muy pocos de los llamados ‘barones’ socialistas han levantado la mano en público para decirle a su líder que ya basta.

Entre otorgar mando en plaza a Otegi o mantener el país a la deriva, puede optar por negociar con Ciudadanos

Sin embargo, esta vez Sánchez ya no tiene excusas. Entre claudicar ante Bildu o perder los Presupuestos, puede elegir el acuerdo con otras fuerzas parlamentarias. Entre insuflar aire a los herederos del horror o ceder al chantaje del independentismo y el populismo, puede escoger la moderación. Entre otorgar mando en plaza a Otegi o mantener el país a la deriva, puede optar por negociar con Ciudadanos.

Inés Arrimadas ha tendido la mano desde que empezó la pandemia para salvar vidas y empleos. Gracias a eso conseguimos prolongar los ERTE o ampliar las tan necesarias ayudas a los autónomos. En Madrid, los esfuerzos del vicepresidente Ignacio Aguado por mantener el Grupo COVID han hecho posible que el Gobierno rectifique de una vez y baje el IVA de las mascarillas; o que Sanidad vaya a exigir, por fin, una PCR negativa en origen a quienes lleguen a través del aeropuerto de Barajas.

Por mucho que nos critiquen y por muchos ataques que Ciudadanos reciba, ha quedado claro que el diálogo y los acuerdos son lo único que nos puede sacar de esta. Ni los que gritan ni los que polarizan han dado ni darán ni una sola solución a los españoles. Y mucho menos va a hacerlo Bildu, un partido que viene a Madrid a “acabar definitivamente con el régimen” por la vía política después de haber causado dolor y muerte en las calles durante décadas.

Sánchez puede actuar buscando el bienestar de todos los españoles o el suyo propio. Ciudadanos no va a levantarse de la mesa hasta el final, pero el tiempo se acaba

Habrá tiempo de disputar la alternativa a este ‘Gobierno Frankenstein’, pero hoy lo urgente es demostrar sentido de Estado, porque tras el COVID llegará el reto de la recesión económica y de la transformación social. No queremos, como parecen pretender otros, cruzarnos de brazos y esperar a que España se hunda para después levantarla a duras penas.

Sánchez puede actuar buscando el bienestar de todos los españoles o el suyo propio. Ciudadanos no va a levantarse de la mesa hasta el final, pero el tiempo se acaba. Como presidente, está a tiempo de hacer lo correcto si quiere, pero esta vez no podrá decir que no tuvo otra alternativa.