POLÍTICA
21/06/2021 20:58 CEST | Actualizado 23/06/2021 20:13 CEST

Ni 'duis' ni porras: una nueva etapa sin el final escrito

Sánchez da su paso más arriesgado con los indultos este martes buscando el reencuentro sin saber cómo responderán el independentismo y las urnas en España.

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Sánchez y Guiomar Amell, en el Liceu

España y Cataluña abren una nueva etapa. Y lo hacen a través de la decisión política más arriesgada de Pedro Sánchez. El Consejo de Ministros da este martes luz verde a los indultos de los presos independentistas, con un Gobierno convencido de que hay que intentar ese reencuentro y desconociendo cómo será la respuesta final del independentismo y de las urnas en toda España en el ciclo electoral que culminará en 2023.

A pecho descubierto lo anunciaba el propio Pedro Sánchez en el Gran Teatro del Liceu en Barcelona este lunes. Entre aplausos, gritos de amnistía y ausencia. Ha querido dar la cara ante todos para explicar sus argumentos y hacer, sobre todo, una llamada al “futuro”. Porque el jefe del Ejecutivo piensa a largo plazo, cree que se abre una nueva etapa desde esta martes, que lo que se ha hecho hasta ahora no ha servido. “No hay que esperar un momento más propicio”, piensa el socialista.

Los indultos no tendrán un efecto inmediato, pero son una señal para el reencuentro, para que las dos partes de Cataluña y el resto de España se miren. Es un mensaje de concordia y de perdón (que escocerá a muchos también). El Gobierno quiere dejar claro que por él no se va a fallar esta vez, que no se puede vivir del enfrentamiento. Esta tesis lejos de la polarización no tuvo eco durante años en Cataluña, donde los extremos se han retroalimentado. Pero ha pasado una dura década para todos, con declaraciones unilaterales, cárcel, imágenes de violencia durante el 1-O. Ese día fue el más triste de la historia reciente del país.

El presidente cree que se entenderá a largo plazo y espera recuperarse a medio con una batería de leyes y medidas sociales en estas semanas

Una decisión con muchos, muchísimos riesgos. Al independentismo le parece insuficiente, quiere la amnistía. El propio presidente de la Generalitat, Pere Aragonès, ha dicho que sólo representa la corrección de una sentencia “injusta” dictada por el Tribunal Supremo: “No aportan ninguna solución a una represión que va mucho más allá”. El soberanismo está mostrando una especie de desprecio por estas medidas, pero lo importante serán los pasos que caminen a partir de ahora. Por el momento, se ha abandonado por parte del Govern (liderado por ERC en coalición con Junts) el unilateralismo y se confía en un referéndum pactado (algo que el Gobierno no bendecirá).

¿Hasta qué punto está dispuesto el independentismo a saltarse otra vez la ley? Esta es la principal crítica del Partido Popular, que avisa de que volverá a ocurrir lo mismo. Pero los socialistas confían en el fondo que se responda de una manera diferente con un Gobierno que no da ninguna excusa para que se hable de represión o de evitar el conflicto catalán. Lo que se repite dentro del Ejecutivo es que no valen las mismas fórmulas rajoynianas y que eso sólo llevó a dos referéndums y a una declaración unilateral de independencia.

El presidente ha logrado el respaldo unánime del Gobierno y de su dirección socialista. Las primeras voces se han ido apagando y no han creado gran tensión las palabras de Guillermo Fernández Vara y Emiliano García-Page (que ha dicho este lunes que le “dolerá todo el cuerpo”). Pero en el Ejecutivo saben que esto puede tener un importante coste político en diferentes autonomías. El PP sigue creciendo en las encuestas, aunque en el CIS del viernes pasado se reflejaba que el PSOE resistía ante los populares (con una diferencia de 3,5 puntos) en plena polémica por los indultos. Quedan todavía dos años por delante para las generales (en teoría en noviembre de 2023), y en el equipo del presidente piensan que se pueden recuperar: la vacunación va a velocidad de crucero, los datos económicos pueden ser mejores de lo esperado, llegarán ingentes fondos europeos.

Y otra de las consignas en La Moncloa es que hay que pisar el acelerador de leyes una vez la pandemia va pasando. Esta misma semana habrá un Consejo de Ministros extraordinario para aprobar la retirada de la obligatoriedad de la mascarilla al aire libre y bajar el IVA en la factura de la luz. Vendrán medidas muy sociales durante estos días y de gran calado, como la futura ley Trans y la ley de Memoria Democrática.

Los indultos que ve este martes el Consejo de Ministros serán individuales, parciales y revisables. Una vez los apruebe el Gobierno deben ser publicados en el BOE, con la firma del rey. Según la pena que se quite, deben pasar por el Tribunal Supremo (el sentenciador), que debe hacer una liquidación y comunicar posteriormente la situación a las cárceles. A los presos les puede pillar este indulto en la calle, ya que se les han concedido permisos con motivo de la festividad de San Juan. No obstante, tendrían que volver a Lledoners para firmar y recoger sus pertenencias personales.

El Gobierno se plantea esta nueva etapa como la del diálogo y la negociación dentro de la ley. Moncloa no accederá a un referéndum pactado como quieren los independentistas, pero pronto recibirá a Pere Aragonés y más tarde se convocará la Mesa de Diálogo. Ahora la pelota está en el tejado del soberanismo y de la derecha, si quieren boicotear el intento de solucionar el mayor conflicto político en décadas de España. Volver a darle significado a la palabra “convivencia”, que ha repetido varias veces Sánchez durante el acto en Barcelona, aunque haya resonado algún “botifler” en las puertas del teatro y la palabra “traidor” a Sánchez en el mundo de la derecha mediática. El PP habla de que Sánchez quiere llevar a un “cambio de régimen”. 

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Manifestación en las puertas del Liceu

Esta medida de Sánchez también viene a reflejar un cambio en la política española, que se ha olvidado ya del viejo bipartidismo y del eje derecha/izquierda y ahora incluye como clave el factor de la periferia y la territorialidad para el propio rompecabezas dentro del Congreso de los Diputados. No valen solo los socios potenciales, sino que hay que contar con muchos partidos para sacar las leyes. Este es otro de los grandes problemas del PP, que con un Cs en plena OPA, sólo podría gobernar si le da la mayoría absoluta con Vox, ya que ha perdido casi todos los apoyos de los partidos que culminan las sumas. Con el toque del pinchazo de las firmas en la calle.

La filosofía de Sánchez es: “Nos dará a todos la posibilidad de comenzar de nuevo y de hacerlo mejor esta vez”. Él ya ha tomado la decisión política más arriesgada (“valiente”, dicen los suyos). El presidente ha demostrado que es capaz de hacer cosas que nadie creía, como la victoria de las primarias ante Susana Díaz o volver a llevar al PSOE a La Moncloa, situándolo luego como la fuerza más votada. ¿Podrá también con el tema catalán? Este martes se da un paso cuyo final no está escrito. Para algunos es una traición, para otros es insuficiente. ¿Y si es el paso del reencuentro y el de un país que quiere volver a convivir sin ‘duis’ y porras?

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