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11/09/2019 15:00 CEST | Actualizado 11/09/2019 15:00 CEST

Sánchez e Iglesias, el primer y último escollo para tener un Gobierno

Es el colmo de un país, que el principal obstáculo para tener un Gobierno, sean los dos líderes a los que los ciudadanos han votado para que se entiendan.

EL HUFFPOST
Sánchez e Iglesias

¿Puede decirme algo bueno del otro?, esa es la pregunta que hemos planteado a negociadores del PSOE y de Podemos esta misma mañana, a ver si expresando en alto lo ‘bueno’ caen en la cuenta que no hay tantos motivos para una ruptura que solo se explica por el factor humano: la aversión entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, por más que resulte de jardín de infancia. A su alrededor la mayoría lo tiene claro.

Mientras en la tribuna del hemiciclo el presidente en funciones trataba de escenificar la ruptura, entre los diputados de uno y otro partido cuesta digerir la imposibilidad de acordar un gobierno, de llegar a un acuerdo. “Las reuniones se desarrollan en la máxima cordialidad, cero tensiones, todo en muy buen tono. La cercanía es grande incluso en el aspecto humano”, apunta Juan López de Uralde, uno de los negociadores de Podemos.

“Nuestra relación es magnífica. Estamos muy de acuerdo en todo lo referente a la senda de recuperación de los derechos sociales y la sociedad del bienestar. También en la sensibilidad en temas verdes”, contestaba Mª Jesús Montero, ministra de Hacienda y una de las negociadoras del Ejecutivo. Aunque a continuación concluía que “el acuerdo es imposible” sin más argumentos.

La sombra del rechazo visceral entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias embadurna toda la relación. Cuando se interroga a los colaboradores más cercanos a los dos personajes sobre si hacen reflexionar a sus jefes, de la imagen mediocre que transmiten y de la incapacidad que demuestran al no existir razones solventes para impedir un Gobierno, acaban concluyendo que el grueso del problema está en el mal rollo entre ambos. Hasta a Adriana Lastra le traiciona el subconsciente cuando le dice a Iglesias que “esto no es una cuestión de machos Alfa”. Sí, lo es. Y ella lo sabe mejor que nadie.

El ‘buenismo’, la estrategia de Podemos

Y así hasta el 23 de septiembre. Hoy la frase más repetida por los negociadores de Pablo Iglesias, tanto en público como en privado, ha sido “hasta el último minuto”. El ‘buenismo’ se ha convertido en la estrategia de Podemos, en la que profundizarán durante la campaña electoral, en caso de que se cumplan los peores augurios. “Si llegamos a un acuerdo que para ninguno es satisfactorio, sería bueno para los españoles. Les vuelvo a tender la mano señor Sánchez”, insistía Pablo Iglesias ante la cara de póker del señor Sánchez, que parecía cero dispuesto a dar marcha atrás.

El semblante del presidente provoca escalofríos en el grupo socialista, por supuesto entre los barones e incluso entre muchos de los que le rodean en el Gobierno. “Padece el síndrome de los cristales tintados, no está en la calle”, dice una persona de su confianza que considera difícil justificar el fracaso. “La izquierda es todo emociones y sentimiento y cuando se confirme que el 10 de noviembre habrá nuevas elecciones, ninguno sabemos el impacto que causará entre nuestros votantes”, reflexiona un ministro muy próximo al presidente.

Seguimos buscando puntos de unión. Alberto Garzón, que está en la trastienda de las negociaciones y mantiene viva la esperanza del ‘ultimo minuto’, lo tiene claro: “Compartimos muchas cosas con el PSOE, una base social extraordinaria, militancia de izquierdas que se siente frustrada en estos momentos por la posición de sus dirigentes; el PSOE tiene de bueno la organización y la militancia, pero tiene dos caras, la del Gobierno y la de la Oposición”. A lo que el jefe de gabinete de Iglesias, Pablo Gentili, que se encuentra en la cresta de la ola, añade que “algún día se darán cuenta de que el bipartidismo ya no existe; yo no hablo ni bien ni mal, porque el PSOE ya tiene mucha gente que habla bien de ellos”.

El PSOE tiene de bueno la organización y la militancia, pero tiene dos caras, la del Gobierno y la de la OposiciónAlberto Garzón

Insistimos. Señor Ábalos, ministro de Fomento, ¿puede decir algo bueno de Podemos? Carcajada. “Claro que sí, hombre, varias cosas buenas. Por ejemplo, el compromiso político y la respuesta frente a las injusticias sociales y la explotación”. Y, ¿entonces?

Margarita Robles, ministra de Defensa, da nombres. “En Podemos no todos representan lo mismo. Yo me llevo bien, por ejemplo, con Yolanda Díaz, una luchadora por su tierra a la que he tratado por temas como las fragatas, se puede hablar y trabajar. O con Alberto Garzón, que creo que es un señor sensato. El problema es que no es una fuerza homogénea”.

En Podemos no todos representan lo mismoMargarita Robles

De fondo, sigue la sesión de control tras la comparecencia de Sánchez para hablar de Europa. Los reproches entre los cuatro líderes -Casado, Rivera e Iglesias con Sánchez- siguen enviándose envites y retos totalmente viejunos, aunque ninguno de ellos supera los 50 años. Ahora entran en las interpretaciones personales y psicológicas. Rivera es un “hipócrita” para el presidente; el presidente no tiene palabra, le espeta Iglesias y el aroma a elecciones generales impregna todo, con un aire cansino. “Como vuelvan a enumerar la lista de lo que se han ofrecido el uno al otro, me abro las venas”, comentan los periodistas, varados desde julio en el relato.

Solo en las filas de Vox, desde sus escaños en la parte alta de la cámara, siguen mirando la situación con cierto divertimento. Abascal, Espinosa de los Montero y Ortega Smith llegaron antes de las 9 de la mañana, para hacer el paseo ante las cámaras juntos. Eso sí, escoltados por el padre de Mariluz, que les recibe con ese alborozo que le distingue, dispuesto a acompañarles en la foto. Cómo no van a regocijarse, son los que más ganan con el hartazgo de la población.

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