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02/08/2021 08:12 CEST | Actualizado 02/08/2021 08:19 CEST

Saúl Craviotto: "Me he visto reflejado en Simone Biles"

La presión de la medalla, la propia y la de los demás, los nervios que no dejan comer ni dormir, la flojera que bloquea... Un relato de lo que es competir en lo más alto.

Ryan Pierse via Getty Images
Saúl Craviotto, tras ganar un bronce en Río, en 2016. 

Basta de silencios. El abandono de la competición en los Juegos Olímpicos de Tokio por parte de la gimnasta estadounidense Simone Biles para atender su salud mental ha abierto la puerta a que otros deportistas se abran a relatar sus propias experiencias con la presión, las expectativas y las dificultades del mundo de la alta competición.

Anoche, en El Larguero (Cadena SER), se sumó a contar su propio caso el español Saúl Craviotto, piragüista y agente de policía, doble campeón olímpico y triple campeón mundial. El abanderado español junto a la nadadora Mireia Belmonte aspira a dos medallas, una en el K1 200 y otra, en la que tiene más opciones, en el K4 500 junto a Carlos Arévalo, Rodrigo Germade y Marcus Cooper, y todos miran hacia él esperando metal, y todo eso deja huella. 

“Me he visto bastante reflejado en ella”, explica el atleta, hablando de Biles. “Creo que aquí todos llegamos después de cuatro años preparándonos para una prueba que, en muchos casos como en mi caso duran 30 segundos, y todo el mundo espera que saque medalla, que gane, y luego quedas cuarto y parece que es un fracaso”, relata.

“La verdad -confiesa- es que tenemos mucha, mucha presión añadida, que a veces nos la ponemos nosotros mismos y me he visto bastante reflejado en ella. Son momentos duros, yo aquí he tenido momentos en los que pensando en la competición me sube el pulso, me sudan las manos, me pongo nervioso, se me quita el sueño... Por las mañanas se me cierra el estómago, no desayuno bien... Los nervios en una competición de estas son muy muy grandes. Forma parte del deporte de élite”. 

“Yo ya he pasado por muchos Juegos y siempre me pasa lo mismo y lo importante es poder controlarlos en el momento clave, llegar a la competición y que no te entre esa flojera que te bloquee muscularmente y la cabeza... no sé. Es una situación bastante complicada y me he visto bastante reflejado en ella porque tengo esa presión y de momento la estoy llevando bien aunque es muy difícil”, señala en su entrevista en la SER. 

Todas estas sensaciones se agigantan conforme se acerca la entrada en la competición. “Es verdad que a medida que se van acercando los Juegos va costando más. Estos 15 días que llevo aquí sí que es verdad que me está empezando a costar ya más; a veces, cuando veo que me cuesta, me tomo alguna melatonina o algo así para que me ayude a conciliar el sueño. Pero claro, cuando apagamos el ordenador, apagamos la luz, cerramos los ojos y de repente dices: ‘ostras que me quedan dos días para jugármela’, el corazón empieza a latir y a latir, te empiezas a poner nervioso... es inevitable no pensar en ello. Y eso se traduce en que te cuesta dormir, pero hay que pasar por ello, estamos todos igual, la verdad”, explica. 

Las exigencias de estar en el primer nivel del deporte, que también acompañan a las medallas, y de las que al fin se habla sin tabúes. 

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