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04/05/2020 08:31 CEST | Actualizado 06/05/2020 21:32 CEST

Que haya una nueva oleada es (casi) inevitable; lo que hay que saber es cómo atajarla

Mientras España mira hacia la desescalada, los epidemiólogos no dejan de pensar en cuándo y cómo llegará la próxima ola de contagios.

2020 Samuel de Roman
Los bomberos de IFEMA desinfectan una ambulancia de la Cruz Roja. Madrid, 30 de abril

Este domingo ha comenzado oficialmente la desescalada en España: ocho semanas por delante para decir adiós al confinamiento y hola a una ‘nueva normalidad’. Y, entretanto, mucha tensión, mucha “prudencia, precaución y control”, en palabras del ministro de Sanidad, Salvador Illa.

Las autoridades sanitarias españolas no dejan de recordar que hay que “mantenerle el respeto al virus” y que la “euforia contenida” por los buenos datos no debe cegarnos. El motivo de esta cautela extrema es el temor a un nuevo repunte tras la desescalada, como ha ocurrido en China, Singapur o Japón, donde en algunas zonas han tenido que dar marcha atrás y retomar algunas restricciones. La pandemia sigue entre nosotros, y ante nuevos brotes, se darán “pasos atrás”, ha recordado este jueves Fernando Simón, jefe del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias. 

Salvador Macipdoctor en Medicina y profesor de los Estudios de Ciencias de la Salud de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), no tiene dudas de que habrá repuntes; y, sin embargo, la clave para él no es esa. “Basándonos en cómo han ido todas las pandemias de la historia y en lo que está pasando ahora en Asia, lo veo inevitable. Más que preocuparnos por si va a haber un rebrote o no, la preocupación debería ser si vamos a saber controlarlo o atajarlo a tiempo”, señala.

Más que preocuparnos por si va a haber un rebrote o no, la preocupación debería ser si vamos a saber controlarlo

“Si cuando empiezan a salir los nuevos casos sabemos localizarlos, usar bien los test de diagnóstico, aislar a los enfermos, seguir los contactos, ponerlos en cuarentena o incluso cerrar una zona si la cosa empeora, los repuntes serán menos graves y problemáticos”, explica Macip, autor del libro Las grandes plagas modernas. “El problema es salir a la calle pensando que ya está todo hecho. Si transmitimos la idea de que esto aún no ha acabado, de que tenemos que estar atentos, que todavía hay peligro y que los rebrotes son más que posibles, quizás la gente se comporta con algo más de sensatez”, sostiene.

Precisamente para fomentar esa ‘sensatez’, el Gobierno estableció un sistema de franjas horarias para las salidas desde este sábado, con la idea que no se repitan las imágenes de aglomeraciones de la semana anterior. 

Macip apela al “sentido común de la gente”. “Es importante explicar que si estamos encerrados en casa es para evitar el contacto social, no para evitar respirar el aire. Pensemos bien en lo que estamos haciendo y en el objetivo de estar confinados”, pide.

La estrategia para vuelta a la normalidad no tiene que ir enfocada en los test, sino en las medidas de prevención, que son universales

El Gobierno ha recalcado en varias ocasiones que la desescalada será “asimétrica”, y que la marcha atrás en caso de repuntes no está descartada en absoluto. “Eso es claramente lo que se quiere evitar, y la mejor manera es con medidas de prevención”, afirma Fernando G. Benavides, catedrático de Salud Pública en la Universidad Pompeu Fabra. “Hay que poner el foco en las medidas de higiene, en la distancia, en la limpieza y desinfección de los lugares de trabajo, en que los trabajadores sigan estrictamente el uso de guantes y mascarillas, que no coman juntos, que los comités de seguridad y salud de las empresas estén involucrados en esa vuelta al trabajo”, enumera. 

En su opinión, “la estrategia para vuelta a la normalidad no tiene que ir enfocada en los test, sino en las medidas de prevención, que son universales”, insiste el epidemiólogo. “Nos jugamos mucho, no sólo en las empresas, también en la calle, pero el lugar de trabajo es quizás más propicio a los repuntes. Si los hay, se tienen que estudiar como otro brote: identificar los casos, estudiarlos, ponerlos en conocimiento de la dirección provincial, encontrar los contactos y aislarlos inmediatamente. Y darlos de baja, claro”, apunta Benavides.

“Hay que enfrentar la situación teniendo en cuenta que se pueden producir rebrotes, pero deberían ser localizados, como en Asia. Si el rebrote es generalizado, cosa que dudo, a lo mejor hay que volver atrás y confinar de nuevo a la población”, advierte. Para Salvador Macip, no resulta descabellado que “si se descontrola un rebrote en Madrid, por ejemplo, se aplique allí el confinamiento un par de semanas hasta que baje”.

Si el rebrote es generalizado, cosa que dudo, a lo mejor hay que volver atrás y confinar de nuevo a la población

Sanidad ha admitido este jueves que Madrid y Cataluña parten de un punto más complicado para la desescalada, ya que concentran el mayor número de nuevos casos. Y en ese sentido va también la guía para la desescalada presentada por el Gobierno, en la que se marca la provincia como unidad territorial de referencia, cuyas características epidemiológicas y de capacidad sanitaria se tendrán en cuenta para determinar si pasa o no a la siguiente fase de las cuatro que tiene la estrategia. Se trata de hacer “un  seguimiento más personalizado hacia una zona, más inmediato en función de los datos”, explica Salvador Macip.

Hemos aprendido de la primera vuelta y espero que, teniendo fresca la experiencia, todos los países sepan reaccionar mejor que la primera vez”, confía Macip. “Obviamente, la primera vez nos pilló por sorpresa y no sabíamos bien qué teníamos que hacer, pero ahora que hemos visto las técnicas que funcionan, todos los países deberían tener a punto los test, el sistema sanitario, las camas de las UCIs, que es lo que se está intentando preparar ahora”, señala. “Debemos tener una flexibilidad y una rapidez que no teníamos al principio. La solución ahora es la vigilancia y el control”, dice.  

La vigilancia, clave en esta transición

Cuando se habla de vigilancia y control, está implícita la vertiente sanitaria, pero también la civil. Durante todo el estado de alarma, los Cuerpos y Fuerzas de seguridad del Estado se han encargado de controlar que la gente no se saltara las restricciones, pero la experiencia asiática apunta más bien hacia la vigilancia tecnológica de la población, concretamente por medio de aplicaciones móviles que indican la temperatura del individuo o sus resultados en una prueba de Covid-19 como ‘pasaporte’ para autorizar un viaje, entre otras cosas.

“No hace falta ir a los extremos de los países totalitarios”, considera Salvador Macip. “Obviamente, en China podrán imponer cosas que en los países democráticos no nos podemos permitir, ni creo que debamos. Por eso es tan importante implicar a la población y explicarles lo que hay que hacer. Se trata de hacer pedagogía sin necesidad de un seguimiento marcial”, opina .

Sin llegar tampoco al nivel asiático, Benavides considera que España está preparada para llevar a cabo un seguimiento exhaustivo de los contagios, no del mismo modo que en China pero sí de forma eficaz. “Estamos capacitados para hacer rastreo, aislar rápidamente un nuevo caso cuando aparezca y estudiar los contactos para que el virus deje de circular”, sostiene. Aunque el epidemiólogo reconoce que “los recursos son limitados”, para él la clave está en contar con “epidemiólogos de sandalias, de campo, de los que rastrean los casos y los contactos”. “Y si faltan, se contratan más”, resume.

Se necesitan epidemiólogos de sandalias, de campo, de los que rastrean los casos y los contactos

De momento, ambos expertos son optimistas y confían en que el sistema está preparado para hacer frente a próximos brotes. “Imaginarse el peor escenario es la mejor manera de evitar que se descontrole todo”, defiende Macip. “Prevenir nuevos brotes es casi imposible, a no ser que estuviéramos todos encerrados durante años, cosa que no es factible”, añade.

Benavides coincide con Macip, y apela a la flexibilidad de los dirigentes, por un lado, y de la población, por otro. “Los Gobiernos tienen que ser capaces de rectificar; como cuando en medicina nos pasamos de dosis o no llegamos”, ilustra el epidemiólogo, al tiempo que llama a “no utilizar el error como arma arrojadiza”. “En este tema todos nos hemos equivocado y, si vuelve a pasar, se da marcha atrás. Yo creo que no pasará, y para los brotes localizados que vayan surgiendo, estaremos más preparados”, opina. Por el momento, “la curva de contagios ya se ha aplanado”, recuerda Benavides. “Luego tocará hacer frente a la curva de la economía, pero de eso ya hablamos otro día”. 

Si es inevitable un segundo rebrote, ¿queda descartado que este virus sea estacional, como el de la gripe?  

No, son dos ideas distintas. Desde el punto de vista virológico, hay muchas incógnitas y José María Eiros, médico y catedrático de Microbiología de la Universidad de Valladolid, ya no se atreve a dar nada por sentado. “Hemos metido tanto la pata con este virus que nos ha servido como llamada a la humildad”, dice. “Hasta donde nosotros llegamos, desconocemos lo que va a ocurrir. Es muy difícil predecir el comportamiento de un virus, y más siendo uno nuevo como este”, recalca.

 

Lo que sí saben los expertos es que este coronavirus es “bastante estable” (no muta mucho) y que “podría ser un buen candidato a estacionalizarse, como ha ocurrido con otros coronavirus”, señala Eiros. “Hasta ahora conocíamos seis coronavirus: dos que ocasionaron hace unos años miles de muertes, que fueron el SARS y el MERS; y otros cuatro estacionales. Por lo que vamos viendo de este, se parece más a los dos primos malos (el SARS, erradicado, y el MERS, con brotes muy localizados) que a los buenos. Si se pareciera a los buenos, cabría esperar una bajada de actividad y probablemente con la nueva estación otoño-invierno un nuevo repunte o rebrote”, explica.

 

No obstante, “no se puede predecir todavía”, insiste Eiros. “Hay modelos probabilísticos que tratan de estudiar cómo será la siguiente oleada y dicen que el virus se va a estacionalizar hasta 2022 o 2023, pero es imposible saberlo a ciencia cierta”.

 

Fernando G. Benavides explica que si se produjera un rebrote en los próximos meses “sería de la misma cepa, que afectará a los no inmunizados en esta primera ola”. “El virus muta continuamente, pero en la mayoría de los casos esos errores de replicación no ‘prosperan’, y de momento no han aparecido cepas nuevas”, señala el experto. “Si el virus muta el año que viene, por razones relacionadas con su propia evolución, en principio esa cepa podría ser menos letal”, añade.

 

Salvador Macip va en esta misma línea: caben todas las posibilidades y apenas hay certezas. “No sabemos cuándo va a haber un segundo rebrote. Puede que lo veamos enseguida, si nos precipitamos con el desconfinamiento, o puede ser que no. Entre el buen tiempo y el cumplimiento de las normas, puede que consigamos que no haya repunte a lo largo de todo el verano. Puede ser que se convierta en un virus estacional, porque parece que tiene una cierta correlación con las temperaturas, y que en septiembre u octubre aumente de nuevo el riesgo. Hay demasiadas incógnitas todavía para hablar de ello”, reconoce Macip. “Que habrá rebrote es casi seguro; falta por saber si será estacional o si volverá enseguida, y dependerá de muchos factores, entre ellos el cumplimiento de las normas”, recuerda. 

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