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05/04/2020 09:49 CEST | Actualizado 05/04/2020 09:49 CEST

Sentidocomunología

La existencia de algunos tontos no justifica que a todos se nos trate como si lo fuéramos.

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Un hombre con máscara, traje, gafas y guantes de protección para evitar el coronavirus, en el Metro de Madrid. 

Los sentidocomunólogos. Nos insisten en que, aunque no vayamos a salir de casa, debemos ducharnos regularmente y no pasar todo el día en pijama. Son los mismos que nos avisan durante las olas de calor en el verano de que no conviene realizar deportes extenuantes a más de cuarenta grados, o los que informan a la población cada operación salida de que conviene pararse en un área de descanso si sentimos que se nos están cerrando los ojos al volante.

Tienen muchísimo trabajo estos días: no sólo se enfrentan a la agotadora labor de aconsejar obviedades para el periodo de confinamiento; como profesionales precavidos que son, ya están planeando qué obviedades aconsejarán para reincorporarse a la normalidad tras la cuarentena. Permítanme predecirlas: ir retomando poco a poco la actividad y aprender del periodo de aislamiento la importancia que tienen los abrazos. 

¿De verdad necesitamos consejos sobre todo tipo de temas?

¿Se han fijado? Se presentan en los medios como expertos. Pero nunca dicen en qué. “Los expertos recomiendan que, en caso de teletrabajo, se mantengan unos horarios semejantes a los que se mantenían en el trabajo habitual”. “Díganos, señora experta, ¿hay que hacer algún cambio en la alimentación con ocasión del confinamiento?”, “bueno, es importante tener en cuenta que, como vamos a realizar menos actividad física de lo habitual, convendrá ingerir algunas calorías menos de lo habitual”.

Tienen la solución contra la ansiedad y la depresión durante la cuarentena, por más que al oírla nos parezca indistinguible de la solución contra la ansiedad y la depresión que nos ofrecen en caso de crisis económica, ruptura con la pareja o al término de las vacaciones de verano -y con un nivel de eficacia semejante-.

Pretenden ser todólogos y no se dan cuenta de que eso es lo mismo que ser nadólogos.

Cada sociedad ha tenido siempre su casta de aconsejadores profesionales, pero pocas veces como ahora se ha vivido bajo una oficialización administrativa y mediática tan intensa de la consejología, y la necesidad televisiva de rellenar 24 horas de emisiones al día tiene parte, no toda, de la culpa. Por supuesto que no incluyo en esta categoría a los profesionales sanitarios cuando recomiendan lavarse las manos o cuando ofrecen pautas de actuación en caso de que presentemos síntomas de la covid-19.

Esta distinción entre expertos de verdad y expertos de pacotilla es vieja como los virus: ya Platón en Protágoras pone a discutir a sus sofistas acerca de la existencia de saberes -técnicos, ciéntíficos- cuyos especialistas sí pueden reclamar una autoridad destacada, contra otros saberes -morales, políticos- en donde nadie puede arrogarse un punto de vista privilegiado. No quiero ni imaginar qué argumentos hubiera puesto Platón en boca de Sócrates si hubiera escrito el diálogo El coach.

¿De verdad necesitamos consejos sobre todo tipo de temas? Una alumna se lamenta durante una tutoría: “¿cómo vamos a mantener relaciones de amistad o de pareja adecuadas si nadie nos da cursillos sobre cómo mantenerlas?”. Desde las filas de los expertólogos se señalará que siempre hay casos de gente que corre maratones durante olas de calor en Badajoz. No cabe duda de que algunos españoles van a estar un mes y medio en pijama, pero gente con tan pocas luces no va a cambiar sus costumbres por ver diez minutos de Más vale tarde.

La existencia de algunos tontos no justifica que a todos se nos trate como si lo fuéramos. Pretenden ser todólogos y no se dan cuenta de que eso es lo mismo que ser nadólogos. Permítanme que contradiga mi propio discurso y termine dándoles un consejo, sólo uno, que además de quitarles la ansiedad y la depresión, les convalidará cuatro o cinco másteres de Sentidocomunología Aplicada al Confinamiento: lean un poquito sobre las condiciones de vida en el gueto de Varsovia y después miren a su alrededor. 

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