De 'Al salir de clase' a 'Élite': cómo ven las series a los personajes LGTBI

De 'Al salir de clase' a 'Élite': cómo ven las series a los personajes LGTBI

La ficción española ha pasado de no tener referentes a incluir personajes LGTBI en casi todas las producciones.

Imágenes de 'Al salir de clase', 'Hospital Central', 'Élite' y 'Veneno'.Netflix/Atresmedia/Telecinco

“Jo, qué guay, hay alguien en la tele que es igual que yo”. Eso fue lo que le pasó por la cabeza a Manuel Sánchez, director de contenidos de la revista Togayther, en 1997, cuando se topó viendo Al salir de clase con el personaje de Santi (Alejo Sauras).

Santi y Rubén (Bernabé Fernández) protagonizarían el primer beso gay de la televisión española, pero después le siguió una visibilidad mucho mayor. En 2021, 24 años después, en único fin de semana, cualquier joven LGTBI ha podido ver cómo se estrenaban en un mismo día tres series con representación del colectivo como son Maricón Perdido de Bob Pop (TNT), la cuarta temporada de Élite (Netflix) y Love, Víctor (Disney +).

Eso, en un año en el que se han estrenado series como Veneno (Atresmedia) o Pose (HBO) con un importante reparto conformado por personas trans. Definitivamente, los referentes LGTBI en la ficción, tanto española como internacional, tienen poco que ver con los de hace 20 años.

Esos primeros personajes, que empezaban a vislumbrarse en los años 80, no eran precisamente un buen reflejo, pero al ser los únicos que había se convirtieron en referentes para varias generaciones.

“Era un personaje que, igual que sucedía entonces en todo el mundo, estaba atormentado, sufría, no era visible y estaba como reprimido”, recuerda Sánchez sobre Santi. “Con mi edad, con tan poca información, sin las redes sociales e Internet, lo veía y no me daba cuenta de esa carga. Pero a mí sí me daba rabia que él fuese el malo y sufriera todo el tiempo. Yo decía ’yo no sufro, joder”, explica.

Lo mismo le sucedió al dramaturgo y guionista Guillem Clua, quien recuerda Poblenou, una serie catalana de 1994 como su primer referente gay. “Tenían una pareja de chicos como protagonista y a mí personalmente me marcó mucho que una cadena tan conservadora como era TV3 hiciera eso”, detalla.

Clua coincide con Sánchez en que esos personajes, principalmente secundarios, tenían ese estigma. “Contaban sus realidades, pero a su vez cargaban el peso de tener que contar la historia de ser gay. La historia del gay que tiene que ser aceptado por su entorno, que tiene que salir del armario, de esos relatos que la gente no conocía, pero que siempre iban del drama y lo injusto que es ser diferente en una sociedad que no te acepta”, señala.

En este sentido, los personajes lésbicos siguieron el mismo estigma. Tal y como recuerda Beatriz González de Garay, doctora en Comunicación Audiovisual en la Universidad de Salamanca especializada en Estudios de género y diversidad sexual en la ficción televisiva, eran principalmente “muy masculinos” y conflictivos.

“Aitana Sánchez-Gijón y su papel en Segunda enseñanza en los años 80, fue una de las primeras. Daba vida a una alumna que se enamoraba de su profesora. Era una trama muy innovadora para ese momento, pero eran personajes episódicos. Se recurría mucho al estereotipo. En este caso, solo tenía hermanos, le gustaban los deportes, cosas asociadas al género masculino”, apunta.

González de Garay recuerda también el personaje de Clara, en Al salir de clase, quien empezaba siendo lesbiana y acababa siendo heterosexual. “La plasmaban como una desequilibrada total, como una obsesa, se enamoraba, la acosaba, le quemaba la casa, se le iba la olla...”, señala.

Esta tendencia se enmarca en lo que se conoce como el Síndrome de la Lesbiana Muerta, una corriente que denuncia que los personajes homosexuales o bisexuales femeninos siempre tienen un final trágico. Este movimiento tomó especial relevancia en 2018 tras la muerte de Lexa en The 100, pero encontramos otros muchos ejemplos como la muerte de Silvia en su boda con Pepa en Los hombres de Paco (Antena 3) o Tara en Buffy cazavampiros.

También pasaba en un inicio con los hombres, había una modalidad marginalizadora en la que todos acababan o muertos o solos o enfermos. Se trataba de frenar esa moralina, que era como ’esto te va a pasar si eres así”, señala la doctora.

No querían que Fernando y Mauri durmieran en una cama de matrimonio
Laura Caballero, guionista de 'Aquí no hay quien viva'

Clua apunta también a otra corriente que trataba de suavizar e idealizar la presencia homosexual. “Antes eran casi angelitos y eso ha cambiado. En los últimos años hay personajes LGTB negativos y con defectos criticables. El personaje malo o hijo de puta puede ser gay y no pasa nada”, explica.

Esta idealización pasaba también por “compensar” de alguna forma al personaje LGTBI con un buen status social. “En otros momentos, si ponías un personaje con un rasgo de vulnerabilidad social como su orientación sexual intentabas de alguna manera compensarlo con que todo lo demás fuera muy bueno, por ejemplo, la profesión (abogadas, veterinarias, médicos...)”, explica González de Garay, quien recuerda que también seguían una estructura normativa. “Se trataba de parecerse mucho al modelo tradicional heterosexual de matrimonio e hijos”, señala y apunta a que series como Vis a vis tratan de interseccionar distintas clases sociales y razas.

Pese a que en un principio los personajes del colectivo eran secundarios, fueron cogiendo importancia hasta convertirse en protagonistas o, al menos, generar un fenómeno fan como si lo fueran.

González de Garay, que trabajó como asistente de dirección en Hospital Central, recuerda cómo Maca y Esther movilizaban a legiones de chicas que se sentían identificadas con ellas. “Siempre había chavalas en la puerta de los Estudios Picasso. Cuando era el cumpleaños de Patricia Vico (Maca) o de Fátima Baeza (Esther), les mandaban muchísimas cartas y regalos. Creo que ellas fueron un ejemplo, sobre todo porque coincidieron también en la época que se debatió y posteriormente se aprobó el matrimonio igualitario. Fue muy a la par de la sociedad y recogieron un sentir popular”, señala. Un fenómeno fan que recuerda al despertado hoy en día por Luimelia (Atresmedia), el spin-off de Amar es para siempre protagonizado por Luisita y Amelia.

Siempre había chavalas en la puerta de los Estudios Picasso. Cuando era el cumpleaños de Patricia Vico (Maca) o de Fátima Baeza (Esther), les mandaban muchísimas cartas y regalos
Beatriz González de Garay, doctora en Comunicación Audiovisual en la Universidad de Salamanca

Algo parecido se vivió con el personaje de Mauri en Aquí no hay quien viva (Antena 3), quien tal y como detalla su guionista Laura Caballero, hizo que más de una persona se animase a contar su condición sexual.

“Un día cenando con Luis Merlo (Mauri, en la serie), en 2004 o 2005, se acercó una chica de unos 17 años y le dio las gracias porque le había reconocido que era homosexual a su madre, que era una señora como muy cerrada. Contó que la madre se quedó callada y le dijo ‘pero en plan mal o como Mauri’ y le dijo ella ‘como Mauri’ y le dio un abrazo. Solo por ese caso mereció la pena hacer la serie”, detalla.

La idea de ella y de Alberto Caballero —el otro y guionista y creador de la serie— era que “fuesen los más normales de todo el edificio”. “Es una parejita supermona que se adoraba, se respetaba, eran supercultos, no comulgaban de las locuras que pasaban a su alrededor. Si en la serie les hubieses quitado en su momento el ser gais, hubiesen sido hasta aburridos, pero para el público generalista era el principal atractivo entonces era ese”, apunta.

  Mauri y Fernando en la cama en 'Aquí no hay quien viva'.Antena 3

A pesar de lo que se consiguió, Caballero relata que no fue un camino de rosas conseguir que salieran en la pequeña pantalla. “Nos costó un poco que Fernando y Mauri durmieran en una cama de matrimonio. Desde Antena 3 querían que durmieran en dos camas de 90, como Epi y Blas. Fue una lucha brutal, que llegó a hacer peligrar la serie porque había alguna escena de cama, vaya, de conversación de matrimonio. Nosotros queríamos darle la normalidad absoluta a la relación, por lo que si poníamos Lucía y a Roberto en una cama de matrimonio, a ellos también”, señala.

Clua también luchó por normalizar la visibilidad total del colectivo LGTBI, incluyendo las muestras de afecto en las producciones en las que ha participado como fue El cor de la ciutat (TV3, entre 2003 y 2008), algo que seguía siendo un tabú. “Si dos personajes homosexuales se quieren, se tienen que besar, del mismo modo que lo hacen dos personajes heterosexuales. Esa fue la lucha, no tanto visibilizar historias como hacerlo contarlo de verdad. Es decir, no maquillar realidades para que se convirtiera en un caramelito fácil de digerir para el público, sino ofrecerlo como lo que es”, cuenta.

Esa producción, a pesar de ser de una cadena autonómica, se convirtió en un fenómeno en Estados Unidos y se encuentra subtitulada en inglés en YouTube, en especial la trama relacionada con Max y Enric, dos chicos adolescentes homosexuales.

Con la oferta actual de las plataformas, la segmentación de contenidos permite una oferta mucho más variada. De hecho, Netflix ha participado en un manifiesto junto a GLAAD (Alianza de Gais y Lesbianas contra la Difamación, en español) para demostrar su compromiso con el colectivo.

Sin embargo, muchas de estas series son consideradas de nicho. “Ahora con la fragmentación de audiencias se tiende mucho a eso. Para qué voy a hacer una serie mainstream LGTBI si mi público lo tengo fragmentadísimo y solo me van a ver los hombres gais blancos”, señala Clua. “Se están produciendo muchas series muy distintas, todas apuestan ahora por la diversidad, y no estaremos muy lejos de tener una historia que no se centre en la sexualidad del perosnaje”, apunta.

Sánchez pone el ejemplo de dos series míticas para el colectivo “The L World, dirigida a mujeres lesbianas y Queer as folk, a hombres gais” y señala que desde Togayther lanzaron el festival de series Temporada Queer con el fin de acabar con esta distinción. “Lo hicimos para que los personajes fueran más allá de lo que marca su orientación o identidad”, explica.

Para Caballero, la importancia radica en las series generalistas ya que reflejan la idea de que lo que “sale en la tele existe”. “Hay que intentar entrar en otras provincias, en otros pueblos donde tarda mucho más tiempo en llegar la diversidad. Esa gente no ve una serie minoritaria en una plataforma de pago, es que ni se enteran que existe. Es superimportante que lleguen a tanta gente para que digan mira, esto es normal, esto existe y está ahí”, cuenta.

Los sectores conservadores critican que se incluyan personajes LGTBI de manera forzada cuando en realidad ocurre al revés: sigue faltando representación. “Antes no se podía mostrar por la homofobia que había, ahora gracias a la naturalización que hay en los medios, hemos conseguido que se nos dé voz en las series. Le pese a quien le pese”, enfatiza Sánchez.

“Los últimos estudios cuantitativos que estamos haciendo en las plataformas, muestran que en la producción española hay una infrarrepresentación, pero por poco. Hemos encontrado un 10% de personajes LGTBI y se calcula que en la sociedad se declaran un 11%”, cuenta González de Garay.

En el mismo sentido, el informe GLAAD estadounidense presentado en 2019, mostró que el 10,2% de los personajes no eran cisheterosexuales, el mayor dato en los 15 años que lleva elaborándose el estudio.

Lo difícil fue no maquillar realidades para que se convirtiera en un caramelito fácil de digerir para el público, sino ofrecerlo como lo que es
Guillem Clua, guionista y dramaturgo

Sin embargo, hay ciertos colectivos que siguen sin tener la representación necesaria como son las personas no binarias y trans. “En España no hay ninguna representación de personas no binarias, en EEUU sí, concretamente en Netflix en la serie de Feel Good de Mae Martin (Netflix)”, explica Sánchez.

González de Garay apunta a que tampoco hay representación de personajes trans masculinos. “Hemos encontrado que hay bastantes personajes trans, pero básicamente en Veneno y en Vis a Vis (Abril Zamora). Lo cual hace que solo haya representación trans femenina”, detalla.

  Daniela Santiago en 'Veneno' y Abril Zamora en 'Vis a vis'.Atresmedia/Fox

El mismo conflicto surge con los personajes trans interpretados por actores o actrices cis. Para Laura Caballero, que ha recibido multitud de críticas por el personaje de Alba Recio en La que se avecina (Telecinco), esto no debería ser relevante. “Si queremos normalizarlo del todo, pienso que cualquiera puede acudir a ese casting y que el director elija al que más convenga, sea cis o trans. Antonio Recio es un facha radical, no tengo que pedirle a Jordi Sánchez que sea un facha”, argumenta.

“Te dicen que es una caricatura cuando en La que se avecina, todo es caricatura, no solo ella. La cuqui es una caricatura de las pijas venidas a menos, Antonio Recio es una caricatura de cualquier facha, Fermín lo es del pícaro de playa andaluz. Todos los andaluces, se podrían quejar”, enfatiza y recuerda el personaje de Raquel en Aquí no hay quien viva (Antena 3). “En ese caso, era una actriz cis, Elena Lombao, y se quejaba mucho de que en su DNI ponía Raúl. Nos gusta aportar un granito de arena no solo en la locura, sino en una visibilización”, explica.

Para Sánchez, sea cual sea la representación, lo importante es estar. “Estar es un paso ganado y eso nos va a permitir que volver atrás sea más difícil”, enfatiza.

A pesar de que cada vez haya más personajes bajo las siglas LGTBI, el colectivo sigue esperando ese día en el que la realidad no supere la ficción.

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Marina Prats es periodista de Life en El HuffPost, en Madrid. Escribe sobre cultura, música, cine, series, televisión y estilo de vida. También aborda temas sociales relacionados con el colectivo LGTBI y el feminismo. Antes de El HuffPost formó parte de UPHO Festival, un festival urbano de fotografía en el marco del proyecto europeo Urban Layers. Graduada en Periodismo en la Universidad de Málaga, en 2017 estudió el Máster en Periodismo Cultural de la Universidad CEU San Pablo y en 2018 fue Coordinadora de Proyecto en la Bienal de Arte Contemporáneo de Fundación ONCE. También ha colaborado en diversas webs musicales y culturales. Puedes contactarla en marina.prats@huffpost.es