INTERNACIONAL
02/10/2019 13:19 CEST

Si has reciclado tu viejo ordenador, puede que esté aquí

Cada año, el planeta genera unos 50 millones de toneladas de residuos electrónicos.

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SHANGHÁI (CHINA) — En un complejo de fábricas dispersas y en expansión a las afueras de Shanghái, miles de bolitas de resina de plástico se mueven a sacudidas por estrechas correas de transmisión, dispuestas a convertirse en algo nuevo.

Las bolitas oscuras, conocidas como pélets, no se distinguen a primera vista; tienen el aspecto de cualquier gránulo de plástico para la fabricación de productos. Pero si sigues su trayectoria desde el consumidor hasta la cinta transportadora, su utilidad —especialmente con la pujante crisis mundial de basura electrónica (e-waste) y lo que las empresas y sus clientes pueden hacer para abordarla— cobra significado.

Los gránulos están hechos de una mezcla de plástico virgen y productos reciclados de algunos de los millones de kilos de desechos que Dell, el gigante informático estadounidense, recoge de los consumidores cada año.

Según datos de Dell, en 2017 recolectaron unos 80 millones de kilos de productos electrónicos usados por personas de 83 países y territorios participantes. Si fuiste uno de esos consumidores, puede que en esta fábrica china —dirigida por el socio taiwanés de Dell para el reciclaje, Wistron Corp.— hayan acabado las partes de tu viejo portátil o PC.

Aquí, en la fábrica de Wistron, el plástico reciclado de desechos electrónicos se usa para fabricar piezas de nuevos ordenadores Dell en un proceso conocido como “reciclado de circuito cerrado”, que consiste básicamente en reutilizar un producto reciclado para manufacturar nuevas versiones del mismo producto. En este caso, es el reciclaje de viejos productos electrónicos para fabricar nuevos.

Dell forma parte de un creciente grupo de empresas tecnológicas que, en los últimos años, han adoptado este tipo de reciclaje, en parte para tratar el problema de los desechos electrónicos que no deja de aumentar en todo el mundo. Expertos en sostenibilidad afirman que el reciclado de circuito cerrado, si se lleva a cabo de forma efectiva y a gran escala, podría servir para mitigar la crisis a nivel global.

Cada año, el planeta genera unos 50 millones de toneladas de residuos electrónicos —desde portátiles y teléfonos móviles hasta pilas y juguetes infantiles― y se espera que la cifra se infle más a medida que aumenta la población y su acceso a la electrónica. En 2021, se predice que la cantidad de residuos electrónicos generados mundialmente superará los 57 millones de toneladas.

Los desechos electrónicos son el flujo de residuos que crece más rápido, según un reciente reportaje del New York Times. Ese crecimiento no sólo ha avivado las preocupaciones por el potencial impacto del e-waste en la salud y el medio ambiente, sino que también ha alimentado el interés por sus oportunidades económicas.

Los ordenadores y los teléfonos contienen materiales que se rescatan y reutilizan, como el plástico y los metales como oro y plata. En 2016, el valor estimado de materias primas recuperables en residuos descartados fue de más de 55.000 millones de dólares (unos 47.000 millones de euros) en todo el mundo, según un informe de la Universidad de Naciones Unidas. Como señalan los investigadores, eso es “más del Producto Interior Bruto de 2016 de la mayoría de países del mundo”.

Sin embargo, sólo se recicla una parte de los residuos electrónicos mundiales. Shantanu Bhattacharya, experto en la cadena de distribución y profesor en la Universidad de Gestión de Singapur, explica a la edición estadounidense del HuffPost que sólo se recicla o se reutiliza entre un 15 y un 25% de los desechos electrónicos del mundo.

La mayoría del e-waste, que también puede contener sustancias peligrosas como plomo, mercurio, arsénico y materiales ignífugos, acaba en vertederos o se incinera, provocando sustancias tóxicas que contaminan la tierra, el agua y el aire. En Estados Unidos, los desechos electrónicos suponen sólo el 2% de la basura de vertederos, pero representan un 70% de todos los residuos nocivos en vertederos.

Claramente, hay opciones (y necesidad) de mejora. Los defensores de la sostenibilidad aseguran que un modelo de “economía circular” podría ser beneficioso, al reutilizar y reciclar basura electrónica para fabricar nuevos productos, en lugar de excavar el planeta en busca de materias primas sobreexplotadas mientras se crean montañas de desechos.

El reciclado de circuito cerrado es un concepto de economía circular por el que empresas tecnológicas como Dell, Hewlett-Packard y Apple han mostrado cada vez más interés.

Dell, que se describe a sí mismo como el mayor reciclador de tecnología del mundo, es pionero en el circuito cerrado en la industria de la tecnología. En 2014, la empresa presentó un nuevo sistema informático hecho parcialmente de plásticos reciclados de circuito cerrado, algo nuevo en la industria. Una portavoz cuenta al HuffPost que la compañía fabrica actualmente más de 125 productos de plástico reciclado de circuito cerrado. Desde 2014, Dell ha usado más de 10 millones de kilos de plástico de circuito cerrado para sus productos, asegura.

Más del 30% del plástico de residuos electrónicos recogidos por Dell se recicla a través del proceso de circuito cerrado. El resto va a plantas de reutilizado para crear plásticos reciclados para otros productos electrónicos, como electrodomésticos y frigoríficos, comenta la representante de la empresa. El “pequeño porcentaje” que no se puede reciclar se desecha en plantas de producción de energía a partir de residuos, según la portavoz. La empresa no reveló la cantidad exacta que se desecha de esta manera.

Este año Dell expandió su programa de circuito cerrado para incluir oro extraído del e-waste que recoge. La empresa es ahora el primer fabricante de PC que usa oro reciclado de los desechos de sus productos. Este año Dell también colabora con la actriz Nikki Reed para crear una edición limitada de joyas hechas del oro extraído de las placas base de ordenadores.

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Hewlett-Packard, otro líder de la industria en este sector, lleva años perfeccionando su propio sistema de reciclaje de circuito cerrado. Fue la primera empresa en reciclar cartuchos de tinta en un sistema de circuito cerrado. En 2017, introdujo la primera impresora del mundo fabricada con un 10% de plástico reciclado en circuito cerrado.

Lenovo declara que el año pasado empezó a desarrollar materiales reciclados en circuito cerrado con el objetivo de usarlos en productos seleccionados. También el año pasado Apple causó revuelo cuando anunció que aspiraba a una cadena de distribución con un 100% de circuito cerrado.

“Parece una locura, pero estamos trabajando en ello”, afirma la compañía en su informe anual de Responsabilidad Ambiental. “Algún día nos gustaría poder construir nuevos productos sólo con materiales reciclados, también con tus viejos productos”.

Las tiras de plástico reciclado que no cumplen con los estándares de calidad se apartan para volver a ser procesadas.

Con estas iniciativas de reciclaje, las empresas de tecnología están contribuyendo a rellenar un hueco necesario en el mercado. En Estados Unidos, muchos municipios no se pueden permitir reciclar residuos electrónicos. Por tanto, gran parte de esos residuos acaba en la basura o en cargamentos que van a parar a países en desarrollo como China, Tailandia y Kenia, donde o bien se tiran o bien se desmantelan en plantas de reciclaje informales o empresas caseras, la mayoría de las veces sin ningún tipo de regulación y en condiciones peligrosas.

Así que el reciclado de circuito cerrado podría suponer ganancias tanto para las empresas como para el planeta.

Maria Besiou, experta en gestión sostenible de la cadena de suministro, describe el reciclado de circuito cerrado como un “paso crítico” que deberían dar los productores y los consumidores de artículos electrónicos.

Es una “solución muy buena”, defiende Besiou, profesora de Logística humanitaria en la Kühne Logistics University de Hamburgo (Alemania), en declaraciones al HuffPost.

Sin embargo, sigue habiendo retos para el reciclado de circuito cerrado, reconoce Besiou. Los obstáculos han limitado el efecto de estos sistemas de reciclaje en el problema del e-waste.

Los consumidores, apunta Besiou, son un gran obstáculo en el sistema: simplemente, la gente no recicla sus desechos electrónicos con la frecuencia o la rapidez que debería.

“Imagina que tienes un smartphone que ya no quieres”, ilustra Besiou. ”¿Qué haces con él? La mayoría de la gente lo guarda en un cajón por si acaso lo necesita más adelante, o lo da a un amigo o familiar”.

“Muchas personas no reciclan en absoluto sus productos electrónicos y, si lo hacen, a veces lo reciclan tan tarde que el objeto ya es demasiado viejo y está tan estropeado que no es lo que buscan los fabricantes”, prosigue Besiou. A día de hoy “las empresas no recogen la cantidad y calidad adecuadas” de e-waste para garantizar que sus sistemas de circuito cerrado funcionen de manera óptima.

Con todo, parece que la perspectiva de los consumidores sobre e-waste y sostenibilidad está cambiando a mejor, según Oliver Campbell, director de obtención y empaquetado de Dell a nivel internacional.

“Ahora los consumidores piensan diferente sobre la sostenibilidad”, comentaba Campbell en una entrevista previa con el HuffPost, señalando que los compradores se preocupan más por saber cómo están hechos y de qué los productos.

“Lo que es bonito y lo que es deseable está cambiando. No se trata sólo de la experiencia de desempaquetado o del atractivo del producto en sí mismo, sino que la gente se pregunta: ’¿Cómo me siento cuando uso este plástico? ¿Cómo me siento cuando tengo que tirarlo?”, plantea Campbell.

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Besiou explica que las empresas también tienen que empezar a diseñar productos que no sólo sean reciclables en un sistema de circuito cerrado, y que duren más, para que, en primer lugar, se generen menos residuos. Y los consumidores deberían resistir la tentación de reemplazar sus productos electrónicos en perfectas condiciones por los ultimísimos productos, reduciendo también su propio consumo.

“Todas las partes de la cadena de distribución —desde productores, plantas de reciclaje, gobiernos y consumidores— intentan pasarse la pelota de la responsabilidad [de los residuos] de un sector a otro”, señala Besiou. “Pero el problema es que esto afecta a la vida de todas las personas. Todo el mundo tiene que implicarse”.

 

Este artículo fue publicado originalmente en el ‘HuffPost’ EEUU y ha sido traducido del inglés por Marina Velasco Serrano

 

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