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15/04/2019 07:09 CEST

Siete cosas muy asquerosas sobre los vómitos que solo saben los padres

Un dato: el día después es incluso peor.

Para vuestra información, los bebés vomitan. A veces lo hacen de forma mucho más despreocupada que los adultos, la clase de vómito que simplemente les sale y siguen a lo suyo como si nada.

En otras ocasiones, también son capaces de soltar vómitos espeluznantes como los de la niña de El exorcista. Son proyectiles terroríficos que redecoran tu casa y se convierten en tu responsabilidad en cuando salen de su cuerpo.

Es una curva de aprendizaje. Tanto que hay siete cosas que solo sabrás si tienes un bebé:

SHARON MCCUTCHEON / EYEEM VIA GETTY IMAGES

1. Hay vómitos y Vómitos

Los vómitos de los recién nacidos son inofensivos. Son solo leche, y la leche se parece mucho al agua, así que no pasa nada. En cambio, los vómitos de los bebés cuando ya están más crecidos son harina de otro costal, como los vómitos de un niño mayor, así que da igual lo que haya comido: se vuelve mucho más viscoso y desagradable al expulsarlos que los vómitos de antes.

2. Los niños no siempre saben qué pasa

Mi hija se pasó la mayor parte de la semana pasada vomitando todo lo que comía o bebía. No tiene más que 20 meses y todavía no sabe muy bien qué es lo que sucede. Empieza a quejarse, dispara por todas partes y dice ”¡Escupe! ¡Escupe!” con una vocecilla triste. Como respeto demasiado su privacidad no voy a decir si es verdad que, en algún momento, se ha quedado mirando el vómito reluciente en su mano, ha estado a punto de relamerse y he tenido que cruzar la habitación de un salto como en Matrix para detenerla.

3. Se mete por todos los recovecos

¿Alguna vez has limpiado el vómito de los agujeros de un cinturón? Yo sí. Es una asquerosidad colosal. Sería hasta satisfactorio si el vómito tuviese más consistencia y saliera del agujero manteniendo la forma como si fuera plastilina pasando por un molde, pero no es así y da asco. Acabas con vómito en las manos, sigue quedando vómito en el cinturón, en los pantalones, en tu vida y en tu mundo. De igual modo, tratar de limpiar el pringue de la oreja de un pequeño después de que haya hecho la croqueta encima del charco no le parece divertido a nadie.

4. El olor perdura

Pocas cosas me hacen sentir peor padre que dejar a mi hija en la guardería y tener que pedir perdón por la peste a vómito. “Le he lavado el pelo, pero sigue oliendo”, te disculpas, diciendo la verdad, pero sintiéndote como un mentiroso y temiéndote que se presente la Policía y te lleve a la cárcel por no haber tenido tiempo de darle un segundo baño.

5. Las consecuencias son peores que el propio suceso

Cuando tu hijo está vomitando, no te enervas tanto porque te preocupa más la salud del pequeño, que saque todo lo que tenga que sacar y que no se atragante. También puedes darle mimos para tranquilizarlo. Sin embargo, una vez que ha terminado, te toca a ti limpiar los vómitos que hay por todas partes, incluido tu jersey y tu barba. Cuando ya ha pasado el pánico, solamente hay que limpiar un buen charco de vómito que se vuelve más asqueroso a cada segundo que pasa.

6. Limpiar vómitos es... vomitivo

Unos 30 segundos después de meter las sábanas llenas de vómito a la lavadora a las tantas de la noche, quizás pienses que podrías haber hecho algo con el vómito antes de meterlas en el tambor. Pero, ¿el qué? Dándole un agua con la alcachofa de la ducha tal vez habrías provocado un reguero de vómito. Rascar el vómito con un cuchillo de mantequilla te habría hecho vomitar a ti y sacudir en la calle los pegotes más grandes probablemente esté mal visto. Lo mejor era meterlas a la lavadora y punto, ¿no? Claro, por ahora, pero después tendrás el placer único de sacar del tambor trozos de comida medio digerida especialmente limpia. “Anda, este trozo de carne picada está en perfecto estado”.

7. A veces tienes que hacer de escudo humano

Cuando ya hay una lavadora en marcha con dos kilos de vómito, una pila de sábanas con más vómito y más ropa esperando para ir en la siguiente tanda y tu hijo empieza a tener arcadas, empieza a parecerte buena idea hacer de escudo humano. “Es más fácil lavarme el cuerpo que la moqueta”, piensas mientras sostienes a tu hijo en brazos y se te escurre el vómito por la espalda desnuda. Más tarde, mientras te limpias la porquería de encima, te preguntas si de verdad sigues siendo humano.

Este artículo fue publicado originalmente en el ‘HuffPost’ Reino Unido y ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco.

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