BLOGS
11/10/2020 10:10 CEST | Actualizado 11/10/2020 10:10 CEST

¿Socialismo democrático o socialdemocracia?

Entre ambos conceptos existe un abismo que se observa en los detalles, los que carga el diablo.

Santiago Ferrero / Reuters

El socialismo, en cualquiera de sus variantes, se asienta sobre convicciones morales, o debiera. Se está de acuerdo o no con las variantes. En los estatutos de nuestro último congreso, el trigésimo noveno, donde sale elegido Sánchez, al principio del capítulo titulado ‘Código Ético’, se afirma (sic): El Socialismo democrático es tanto un proyecto político de transformación social como una actitud ética de la que depende la salud democrática de una sociedad.

Resulta demasiado peligroso que el PSOE transite abruptamente de la socialdemocracia al socialismo democrático. A la reveladora frase de Felipe González al comienzo de la Transición: “Hay que ser socialistas antes que marxistas”, bastantes compañer@s, más de los que se calcula, entiendo que hoy añadimos: Hay que ser socialdemócratas antes que socialistas democráticos.

Entre ambos conceptos existe un abismo que se observa en los detalles, los que carga el diablo. Al cabo, el socialismo democrático se aproxima al revisionismo marxista de Berstein. En el articulado de nuestros estatutos se intuye que Sánchez ya tenía en la cabeza la coalición con Unidas Podemos, visto lo visto, de la que recelan y hasta combaten gentes de la talla de Calviño y Robles. 

El socialismo democrático nace en 1920. Lo malo es que a partir de 1970 lo utilizan de cabecera los comunismos reformistas del telón de acero y los eurocomunistas. En su tiempo lo acuñó desorbitándolo el líder comunista Enrico Berlinguer, error que no cometió con semejante celo D’Alema, consiguiendo con una alianza de izquierdas ser primer ministro italiano. Pablo Iglesias, el malo, nunca vislumbró la grandeza de D’Alema. Además dudo que Iglesias haya comprendido los escritos del padre del comunismo italiano, Gramsci, cuya munición filosófica hay que interpretar a partir de las humanidades.

En el fondo lo que se busca con las primarias es anular el debate interno y uncir al líder desde el servilismo. Disientes y te llaman fascista.

La primera diferencia sustantiva. Joseph Schumpeter definió el socialismo democrático como una transición del capitalismo al socialismo, sin aclarar lo distópico del recorrido y concluyendo que las contradicciones del capitalismo lo condenan a la extinción. No ha pasado. Nosotros, los socialdemócratas, en cambio, defendemos la cohabitación entre el socialismo, el capitalismo y las fuerzas del mercado, siempre que se les aplique una regulación férrea y periódica. No se trata de reinventar el capitalismo, habrá que expulsar de su seno a los tiburones financieros y doblegarlo hasta que comparta que sin justicia social la clase obrera, la clase media y las gentes de la cultura no disfrutarán de una calidad de vida ganada con su sudor. En ese camino, lo afirmó Alfonso Guerra con sobrado acierto, las élites españolas carecen de solidaridad. ¿Los excluidos? Nuestro Gobierno, para que cobren el ingreso mínimo vital, los ha introducido en un laberinto burocrático.

La segunda diferencia sustancial. Se trata de una ideología de base. De ahí que antes eligieran a la Ejecutiva Federal los delegados y ahora el conjunto de la militancia con primarias. Con la cantidad de partidos que se acuchillan en la cámara baja, lo último va a ser difícil de cambiar. Sucede que se mantiene con trampas. Cuando se pidió a la militancia que rubricase el acuerdo de Gobierno con Unidas Podemos, éste ya estaba hecho, con lo que la militancia se vio obligado a confirmarlo. En el fondo lo que se busca con las primarias es anular el debate interno y uncir al líder desde el servilismo. Disientes y te llaman fascista. En lo que va de legislatura mi secretario general no ha convocado al Comité Federal, el máximo órgano entre congresos, eludiendo rendir cuentas. No hay que olvidar que González sometía a votación de la EF las ideas y los nombramientos de calado político, salvos a los ministros, de su exclusiva competencia. Eso se llama democracia interna y no lo que hay al presente.

La socialdemocracia es la ideología y la practica política que, mediante la aprobación paulatina de leyes de justicia social, aspira a la utopía de una ciudadanía sin clases. A mi juicio.

En los resbaladizos barrizales de la realidad, los socialdemócratas nunca hubiéramos intentado que desapareciera la educación concertada.

La tercera diferencia sustancial. Eliminados de hecho lo paulatino y la utopía, el socialismo democrático se empeña en correr más rápido que la historia, ignorando su explosividad, que se puede explicar pues ha acontecido en palabras de Kertész.

En los resbaladizos barrizales de la realidad, los socialdemócratas nunca hubiéramos intentado que desapareciera la educación concertada. Hay muchas familias de clase trabajadora que, con un esfuerzo ímprobo, escogen este tipo de educación. Por fortuna, en el último momento, se ha desestimado dotando, como tiene que ser, a la educación pública de más fondos. 

El socialismo democrático en cuya praxis han caído los partidos socialistas europeos ha conducido a su desaparición en el medio plazo. Francia y Grecia lo demuestran.

Asumiendo que las bases tienen el derecho a elegir a sus dirigentes, tampoco queda otra, debemos regresar a la socialdemocracia. O pereceremos en las urnas. En consecuencia me declaro prietista: “Socialista a fuer de liberal”.

TERRITORIO PARADORES