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27/07/2019 11:46 CEST | Actualizado 27/07/2019 11:46 CEST

Solas

En España hay 1,5 millones de madres solas con hijos a cargo que están más expuestos a la pobreza.

Eloy Alonso / Reuters

La última Encuesta de Condiciones de Vida del INE, publicada el pasado mes de junio, nos vuelve a enfrentar a una realidad que, no por ya conocida, deja de resultar inaceptable: en España -cuarta economía de la zona euro- el 27% de los niños y las niñas están en riesgo de pobreza y exclusión. La tasa de pobreza en los menores de 16 años es cinco puntos superior a la de la población general. Y aunque los datos reflejan un muy leve descenso de la pobreza infantil por la mejora en el acceso al empleo de las familias con rentas más bajas, España sigue siendo el tercer país de la Unión Europea con más elevada tasa de pobreza infantil, solo superada por Rumanía y por Bulgaria.

En nuestro país, uno de cada cuatro niños y niñas nace con plomo en sus zapatos y con una carga muy pesada sobre sus hombros, determinada por el nivel socioeconómico de la familia en la que nacen. Y es una carga que llevan durante toda su vida: un 85% de ellos se convertirán en adultos pobres. La pobreza infantil no es natural ni inevitable, es una emergencia social históricamente desatendida y cronificada que cada día niega oportunidades a más de dos millones de niños y niñas españoles.  

La pobreza infantil se ensaña especialmente con la infancia que vive en hogares monoparentales, mayoritariamente encabezados por mujeres. En España hay 1,5 millones de madres solas con hijos a cargo. Según la Encuesta del INE, un 43% de los niños y niñas que viven en estos hogares se encuentran en riesgo de pobreza y exclusión. Casi uno de cada dos. 

Los números son contundentes: en España el salario mínimo es de 900 € y el más frecuente es de 1.457 € al mes. El coste de crianza de un hijo oscila entre 480 y 590 € al mes, dependiendo de la edad y de la comunidad autónoma de residencia. Con un sólo salario en el hogar y la necesidad de cubrir costes de crianza, vivienda, energía, alimentación... la lucha diaria de estas mujeres es admirable. 

Uno de cada cuatro niños y niñas españoles nace con plomo en sus zapatos y con una carga muy pesada sobre sus hombros: un 85% de ellos se convertirán en adultos pobres.

Ser las únicas a cargo de la crianza y el cuidado de los hijos hace mucho más difícil la conciliación laboral, por lo que normalmente solo pueden acceder a empleos más precarios y peor retribuidos. El desgaste físico y emocional que conlleva la crianza en solitario se ve agravado por la realidad de que muchas no cuentan con una red suficiente de apoyo familiar y social.  

Dada la especial vulnerabilidad de las familias monoparentales, resulta urgente e imprescindible considerarlas como colectivo de especial protección. Impulsar que se certifique y unifique el concepto de familia monoparental a nivel estatal, y que se equipare su situación con la de las familias numerosas en lo que se refiere al acceso a ayudas y beneficios fiscales. Ayudas de la Seguridad Social como la bonificación del 45% en la contratación de un cuidador del hogar, o beneficios en la prestación por hijo a cargo. Ayudas fiscales como la deducción en el IRPF, o la mejora en las pensiones contributivas de las madres. Otro tipo de ayudas como la preferencia en el acceso a becas, la protección especial ante desahucios por ejecuciones hipotecarias, o el acceso especial a la vivienda pública.

Las madres solas están más expuestas a la pobreza, pero además sus dificultades para salir de ella son mucho mayores. Las familias que encabezan son el rostro más injusto y más severo de la pobreza infantil en España. Darles la consideración que necesitan debería ser una prioridad inmediata para el Gobierno en esta nueva legislatura.

 

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