Somos médicas expertas en traumas. Esta es la forma de afrontar mentalmente esta crisis

Tratar la salud mental de los pacientes en la consulta del médico no es un lujo, es esencial para optimizar su salud.

Una paciente llama en estado de pánico. Hace una semana dio positivo en coronavirus y cada vez le cuesta más respirar. Ya no puede visitar a su madre, que está muriéndose en una residencia. Por videoconferencia estimamos que su falta de aliento tiene más que ver con la ansiedad que con el propio virus, así que en vez de mandarla a urgencias, la animo a practicar técnicas de respiración para calmar su adrenalina y bajarle la tensión, y al final funciona.

Una semana más tarde, su respiración y su tensión han mejorado, pero el telediario de la noche trae una nueva oleada de malas noticias. Imágenes traumáticas inundan su mente y la sombría realidad de la vida después de la pandemia (¿o antes de la segunda ola de otoño?) se adueñan de su mente. ¿será seguro ir a trabajar, a clase, relacionarse con la gente o incluso a comprar? Y entonces vuelve la falta de aliento.

Transcurre un mes de pandemia hasta que se empieza a reconocer que es una crisis de salud mental. Se llama trauma.

Estamos sufriendo un trauma colectivo como nunca hemos vivido. Es devastador para nuestro bienestar individual y colectivo. La invisibilidad del virus, su propagación asintomática y su omnipresencia son terroríficas. La ausencia de lugares seguros, la posibilidad de otra ola y la trágica realidad a la que nos enfrentamos penetra hasta el salón de nuestra casa y agrava el miedo.

Y justo cuando más necesitamos hacer ejercicio, ver deportes o reunirnos con los amigos para llevar mejor el estrés y la sensación de pérdida, nos lo prohíben por nuestro propio bien.

Denominar trauma colectivo a este desastre ayuda a introducir una serie de recomendaciones para sobrellevar la situación a largo plazo.

“Justo cuando más necesitamos hacer ejercicio, ver deportes o reunirnos con los amigos para llevar mejor el estrés, nos lo prohíben por nuestro propio bien”

Somos médicas. Una de nosotras se pone en contacto con los pacientes para mantener entrevistas personales y trata la salud mental y la física en paralelo. La otra entrevista a miles de personas que han sufrido tragedias personales y colectivas. De nuestros 60 años de experiencia acumulada de investigación y tratando pacientes hemos constatado los efectos inmediatos y duraderos a nivel emocional, conductual, médico y social de los acontecimientos traumáticos. También sabemos ayudar a los individuos y a las comunidades a procesar, asimilar y superar ese sufrimiento.

Lo primero que debemos hacer es reconocer que nuestra salud mental no solo define nuestra salud física: define toda nuestra salud y humanidad. Tratar la salud mental de los pacientes en la consulta del médico no es un lujo, es esencial para optimizar su salud.

También debemos reconocer que sentirnos de forma intermitente (o constante) al borde del colapso, preocupados o cansados es una reacción normal de lucha o huida ante un trauma. No nos estamos volviendo locos. Simplemente intentamos lidiar con una nueva realidad, hayamos contraído el virus o no.

Otra forma de ayudarnos a nosotros mismos es desarrollar estrategias de afrontamiento, como limitar la exposición a las redes y los medios de comunicación, evitar los bulos, aprender a controlar la respiración, hacer yoga y meditar. Para algunas personas es crucial pedir ayuda a la hora de reforzar su proceso de afrontamiento. Mantener el contacto social por internet, aunque solo sea una hora todas las semanas con los amigos o participar en un grupo de apoyo, puede ayudarnos a encontrarle sentido a la vida durante la crisis.

“Por desgracia, el trauma permanecerá con nosotros incluso si logramos alcanzar una nueva normalidad”

Para algunas personas, la situación es más de lo que pueden soportar, y en su caso, recurrir a ayuda profesional, ya sea psicoterapia o asesoramiento personal, puede ayudarle a gestionar el estrés agudo y a desarrollar estrategias para lidiar con la incertidumbre.

Nuestras décadas de investigación en traumas personales y colectivos también dejan claro que las personas son increíblemente resilientes ante cualquier desafío que les lance la vida. Un hombre que perdió su casa en un incendio y un mes después perdió su negocio por un terremoto logró reconstruir su vida con el apoyo de su familia y un optimismo inquebrantable.

Las investigaciones que se han hecho sobre las secuelas de las tragedias a menudo señalan que la gente logra encontrar sentido a la adversidad y que descubren fortalezas que ni ellos sabían que tenían. Durante la pandemia, estamos manteniendo el contacto con nuestros amigos y seres queridos a través de medios distintos, estamos aprendiendo a valernos mejor con la tecnología y estamos descubriendo nuevas formas de mantenernos unidos a nuestros vecinos, y todo ello nos ayuda a darle sentido a esta crisis.

Reconocer que el confinamiento y la distancia social nos ha ayudado a salvar vidas hace que el aislamiento tenga un propósito. Cuando recurrimos a nuestras propias capacidades, estamos mejor preparados para superarlo.

Cuidar de nuestra salud mental no es un lujo. El trauma de la pandemia está surtiendo efectos inmediatos en la salud física y emocional de la gente. Preocupación, desesperación, pánico, falta de aliento, presión en el pecho, sueños inquietos... Nuestros cuerpos y mentes están en alerta máxima y agotados al mismo tiempo. Y cuando nos sentimos tan vulnerables, podemos caer en la tentación de medicarnos, de tomar drogas y de autolesionarnos.

“El trauma no solo nos afecta emocionalmente, también provoca secuelas físicas”

Por desgracia, el trauma permanecerá con nosotros incluso si logramos alcanzar una nueva normalidad. Las crisis a gran escala como la pandemia del coronavirus tienen efectos duraderos, sobre todo si el trauma se repite y se prolonga. Las ramificaciones emocionales, físicas y conductuales del trastorno por estrés postraumático están bien documentadas. Tras la epidemia del SARS en Hong Kong, casi dos tercios de los encuestados afirmaron sentirse desesperanzados, y casi la mitad afirmaban que su salud mental estaba moderada o gravemente deteriorada.

El trauma no solo nos afecta emocionalmente, también hay secuelas físicas. Las personas que han sufrido traumas en su infancia corren un riesgo significativamente mayor de desarrollar problemas de salud como obesidad, diabetes y cardiopatías. Las personas más afectadas al presenciar el 11S y sus consecuencias sufrieron más problemas de corazón durante los tres años siguientes.

Debemos sentirnos cómodos hablando con los médicos sobre nuestra salud mental. Los profesionales de la salud nunca han estado en mejor posición para ayudar. Aunque revisar datos como el peso, la tensión y el colesterol es importante, el papel de estos profesionales debería incluir el reconocer e incorporar los factores emocionales que constituyen directamente nuestra experiencia humana. Los profesionales de la salud no deberían verificar solo nuestros datos externos, sino también nuestro interior, lo que somos.

Al fin y al cabo, la tensión arterial no puede decirnos todo por lo que hemos pasado.

Lucy McBride, estudió Medicina y un máster en Farmacología entre Harvard y Cambridge. Lleva 20 años tratando la salud física y mental de sus pacientes.

Roxane Cohen Silver, tiene un doctorado en Psicología y es catedrática en la Universidad de California. Lleva casi cuatro décadas estudiando traumas personales por grandes sucesos colectivos como guerras, tiroteos en escuelas y otros desastres internacionales.

Este post fue publicado originalmente en el ‘HuffPost’ Estados Unidos y ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco.