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21/06/2019 07:24 CEST | Actualizado 21/06/2019 07:24 CEST

¿Son necesarias las tareas escolares en verano?

Las tareas escolares y las vacaciones de verano no tendrían que ser experiencias contrapuestas.

Mayur Kakade via Getty Images

Cuando empiezan las vacaciones, y las tareas escolares se han convertido en una rutina obligatoria para muchos niños y adolescentes Esto no debería ser así. Los deberes estivales sólo son necesarios en su justa medida, en determinados casos y siempre adaptados al tiempo ocio de las vacaciones. El verano ha llegado para los más pequeños de la casa, han llegado, esos preciados meses en los que pueden jugar y divertirse sin pesar en su rutina de trabajo diario del curso. 

Vamos como adultos a ser empáticos y por ello ponernos en su lugar. Por un momento imagina que cuando coges tus vacaciones, tu jefe te dice que has de trabajar un par de horas cada día para no perder el hábito y reforzar algunas áreas de tu trabajo, ¿te gustaría? Pues a un niño, tampoco.  

Los niños, al igual que nosotros los adultos, necesitan descansar, desconectar de la rutina del curso y divertirse. Las vacaciones de verano son para los adultos una etapa de desconexión, ¿por qué nuestros hijos tienen que hacer deberes en vacaciones? Si durante el largo curso escolar han trabajado sobradamente, ¿no se merecen un buen descanso? ¿Es necesario tener a un niño que ha aprobado el curso holgadamente delante de tareas escolares?  

Resulta extremadamente necesario un período de ocio, desconexión de las rutinas del año escolar para todos los niños, sin excepciones. El descanso, y el disfrute del juego también son necesarios para el sano desarrollo emocional de los niños. Y el verano es el momento idóneo para ello.   

La duda la tenemos muchos padres y madres: ¿deben mis hijos hacer deberes en vacaciones?  

Hay niños que tienen que repasar obligatoriamente porque no les ha ido tan bien en el colegio durante el curso, en los demás casos tenemos que aplicar el sentido común. Una recomendación para todos los niños sin distinción, podría ser el establecer un mínimo de quince días sin rutinas obligadas, donde el menor haga lo que quiera en la medida de lo posible. Esos días podrían ser las vacaciones de los padres, es cuando podemos decirles que no hay rutina, o estas son mínimas. 

También tenemos que ser conscientes que, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), los escolares españoles dedican muchas horas a las tareas fuera del horario escolar durante el curso. Una encuesta sobre la salud de los niños en edad escolar de la OMS que se publicó en 2016 y se llevó a cabo durante 2013/14 menciona a España como uno de los países en donde hay un mayor porcentaje de niños y niñas que se sienten “presionados” por las tareas escolares para casa. 

Así según este estudio desde los 11 años hay un elevado porcentaje de niños (34%) y de niñas (25%) estresados por el exceso de tareas escolares para casa. España es el noveno país de una lista de 42 territorios de la UE y de Norteamérica y superamos significativamente la media, que se fija en un 24% para los chicos y un 22% para las chicas. Por estos datos la OMS han llamado la atención por la repercusión en la salud física y mental de los alumnos por la presión que esto provoca. Y así advierte: “El estrés relacionado con el colegio tiende a ser padecido por jóvenes con elevados niveles de presión escolar y se caracteriza por un incremento de comportamientos que ponen en riesgo la salud, más frecuentes problemas de salud (dolor de cabeza, dolor abdominal, dolor de espalda y mareos) y síntomas psicológicos, como sentirse triste, tenso o nervioso”. 

Los deberes estivales sólo son necesarios en su justa medida, en determinados casos y siempre adaptados al tiempo ocio de las vacaciones.

La OMS detectó que a los 13 años son las chicas, en vez de los chicos, las que muestran más preocupación: así lo afirma el 55% de las alumnas y el 53% de los alumnos, casi 20 puntos porcentuales por encima de la media. España se convierte en el cuarto país del ránking, sólo superado por Malta, Macedonia y Eslovenia. 

A los 15 años, la presión es aún mayor: el 70% de las adolescentes y el 60% de los adolescentes dicen sentirse presionados por los deberes, cuando la media es de un 51% en las chicas y un 39% en los chicos. Sólo en Malta, Escocia e Islandia hay una mayor preocupación. 

Hay que tener en cuenta también cómo puede afectar un exceso de tareas escolares en verano. Las relaciones familiares pueden verse significativamente deterioradas debido a la gran cantidad de tiempo que puede llegar a pasar el menor haciendo los deberes. Y hay que tener en cuenta que gran parte de la estabilidad emocional de un niño la brinda principalmente la relación con sus padres. Esto no es posible si las tareas escolares condicionan un ambiente emocional continuamente negativo. 

Existen pocos estudios que demuestren la utilidad, a nivel cognitivo, de los trabajos escolares en tiempo de ocio y sin el apoyo pedagógico de los profesores. Tampoco existen ningún estudio científico que demuestre que por tener más refuerzo en vacaciones prediga mejores resultados en el curso siguiente. 

Según las estadísticas de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) dejan claro que Finlandia, uno de los países con los mejores resultados académicos, es de los que menos deberes mandan a los alumnos. Si se mandan deberes durante el curso y en verano es una clara demostración de que el método aplicado en el colegio no es efectivo porque no bastan las horas de clase para que los estudiantes aprendan. 

Sólo son recomendables para los niños que han suspendido y necesitan un refuerzo específico. Para los que han superado el curso no son necesarios incluso serían perjudiciales ya que al ya dominarlos le van a parecer aburridos. 

En los casos en los que se necesite reforzar los aprendizajes escolares, y siempre de modo individualizado para cada niño, se deberían buscar momentos durante el verano, preferiblemente en las horas de del día con menos calor, donde se realicen aquellas tareas destinadas a suplir esas carencias de aprendizaje. Evidentemente a medida que las exigencias académicas van aumentando y los objetivos no han sido alcanzados durante el curso escolar, parte de las horas de los días del verano debe ser destinado al estudio.  

¿Qué hacer si mi hijo no necesita reforzar aprendizajes académicos? 

Para aquellos niños que no sea necesarios dicho refuerzo, sin embargo, dadas las extensas vacaciones escolares españolas -casi tres meses-, es bueno que realicen algún tipo de actividad “vivencial”, aprender cosas nuevas, para no pasar el verano en blanco. Tienen que jugar, ya que es como el ser humano aprende a desarrollarse, a negociar, a asumir normas, turnos, socializarse, seleccionar amigos, desempeñar roles.... También actividades como lecturas o tareas relacionadas con su día a día. Por ejemplo, que cuando vayan a la compra con sus padres, se fijen en el precio de los alimentos y calculen qué pueden comprar con el dinero que llevan encima; si van a la playa o a la montaña, que se fijen en el entorno, en el tipo de fauna y flora que ven y piensen dónde está situado ese lugar, luego pueden hacer un dibujo o una redacción donde lo explican, todo debe ser muy experiencial.  

Nuestros menores durante las vacaciones de verano tienen muchísimo tiempo por delante y no deberían estar todo el tiempo con el móvil, la tablet o la videoconsola. Si el niño que quiere utilizar alguno de estos dispositivos electrónicos, que los use, pero por un tiempo limitado al día. También son elementos para aprender a través de juegos. 

Como ya hemos dicho los deberes como tradicionalmente los conocemos no son necesarios para los niños que han salvado el curso sin problemas. Para fomentar actividades alternativas y que potencien su creatividad y atención podemos establecer pequeñas rutinas. Estas van a suponer algo de trabajo. Pueden ser lectura divertidas, manualidades originales, o experiencias de este tipo. Que se salgan de las rutinas habituales del colegio. Así los niños estarán un momento al día concentrados en una tarea. 

Las tareas escolares y las vacaciones de verano no tendrían que ser experiencias contrapuestas.

Una rutina, unas tareas que repita todos los días sí son necesarios. Ya que todos necesitamos las rutinas para sentirnos mejor, los menores aún más si cabe. Hay que intentar elegir el mejor momento del día para realizar estas actividades. Por ejemplo, en la mañana, tras el desayuno, puede ser un buen momento. También es aconsejable la lectura conjunta de algún cuento o pequeña novela adaptada a la edad del menor, antes de dormir. Tendremos que buscar un libro que resulte interesante para el niño. Otras tareas alternativas podrán ser el que pidamos que escriban una carta o postal a algún amigo, o que comience a escribir su diario del verano.  

En la época estival las tareas no deberían ser tediosas o largas. Podemos encontrar para nuestros hijos multitud de experiencias donde se sigue desarrollando el aprendizaje en el verano: campamentos, colonias, excursiones, visitas a museos, parques temáticos, cine… etc.   

¿Y si lo necesita? 

Se considera demostrado que la formación escolar es una actividad que requiere continuidad para que sea desempeñada con eficacia. El hábito de estudio ha de aprenderse como cualquier otro hábito. El hacer tareas escolares fomenta la disciplina personal, el orden, la planificación y la constancia, elementos muy necesarios para un desempeño eficaz en la vida adulta. De todos modos, hay que adaptar el trabajo a cada edad y a la capacidad del menor, no resulta útil el presionar, más bien todo lo contrario. 

Podríamos considerar que el tiempo idóneo que se debe dedicar al estudio de cada niño se fija en alrededor de quince minutos al día para menores de 3 a 6 años y unos sesenta minutos para los niños de hasta 11 o 12 años. Lógicamente el tiempo deberá ir aumentando en la medida que el nivel formativo suba.  

Problemas y soluciones que conllevan los deberes de verano 

  • Al ser una obligación es lo peor para motivar. Si no hay motivos no podremos crear un hábito de estudio efectivo.  
  • La posible solución sería cambiar las tareas escolares tradicionales por “trabajos de investigación experienciales” cambia así la idea que tiene los niños de las tareas escolares (aburridas, repetitivas, obligatorias). A los niños les gusta experimentar, investigar, descubrir cosas, hacer preguntas. El aprendizaje es fundamentalmente experiencial, lo demás es información. 
  • Los niños necesitan jugar para poder desarrollar sus capacidades, el juego resulta tan importante para el aprendizaje como las tareas del colegio. 
  • Crean conflictos entre padres e hijos, los padres no son maestros y en muchas ocasiones no posee las herramientas pedagógicas para ayudar adecuadamente a sus hijos. Esta situación puede llegar a causar una gran frustración tanto a padres como a hijos. 
  • La solución podría ser naturalizar y acomodar lo aprendido en el colegio con el tiempo de vacaciones puede ser una alternativa. Por ejemplo, si en el curso se han estudiado los animales marinos, una buena idea sería llevarlos a un acuario o incluso una excursión en barco para ver donde habitan estos animales puede ser toda una aventura que incremente la motivación y las ganas por aprender. 
  • Leer con ellos, lo que ellos quieran, preguntarles por el argumento es una manera de aprender vocabulario y adquirir métodos de memoria. Darles pinturas, lápices, papeles de colores para que plasmen lo que han leído es también una buena manera de potenciar su creatividad y dejar libre su imaginación. 

Deberíamos como adultos recapacitar y ponernos en el lugar de nuestros hijos por un momento, ¿cómo reaccionaríamos ante las tareas escolares si no pudiéramos pensar en otra cosa en las vacaciones? Los menores tienen derecho a su tiempo de disfrute y al ocio propio de su edad, ten en cuenta que no habrá otro momento para que lo viva. Ante la decisión de tareas en verano, ¿sí o no? Sí, pero con moderación y conocimiento.  

Podríamos concluir que...  

Las tareas escolares y las vacaciones de verano no tendrían que ser experiencias contrapuestas, sino más bien al contrario, deben ser una oportunidad de aprender de una manera natural, transmitiendo entusiasmo y curiosidad por unas condiciones y entorno distinto al escolar. Estas actividades al ser experiencias pueden llegar a ser tan enriquecedor o más que las que realizan durante el curso en la escuela. Creo rotundamente que la mejor opción es encontrar un equilibrio entre el disfrute y el trabajo experiencial distinto al del curso. Y por último ten muy en cuenta que jugar y divertirse también es una forma de aprender que no debes despreciar. 

 

Este artículo forma parte del libro Guía para papás y mamás en apuros de Vital editores que publiqué el pasado mes de mayo. 

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