Soy gorda y diabética y tu “preocupación” por mi salud es destructiva

No es sencillo descubrir que tienes una enfermedad, y mucho menos cuando sabes que la gente va a decir que es culpa tuya por tener obesidad.
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Me preparo para recibir las palabras de mi médico.

“Tienes la hemoglobina A1C alta. Entra en el rango de la diabetes”.

Al acabar la consulta telemática, cuelgo e intento pensar o escribir: “Soy diabética” o “tengo diabetes”. Las palabras me saben amargas en la boca y el estómago me da un vuelco. Me pongo a pensar en todos los memes y chistes que he visto sobre las personas con diabetes y en los comentarios del estilo: “Si comes muchos dulces acabarás siendo diabética”. Y no, no es verdad. Así no funciona la diabetes.

Siento como si me pegaran un puñetazo emocional en el estómago cuando una de mis páginas favoritas de Facebook publica un “chiste” relacionado con el consumo de dulces. Le envío un mensaje privado al administrador de esa página para decirle que esos chistes nos ofenden y afectan muchísimo a las personas que sufrimos estrés y el estigma de la sociedad solo por tener diebetes. No recibo respuesta, así que dejo de seguir la página.

Me imagino la alegría que sentirán “mis” trolls cuando decida compartir mi diagnóstico (si lo hago). Me recuerdo a mí misma que no tengo ninguna obligación de revelar que soy diabética ni ningún otro dato sanitario solamente porque me dedique a escribir sobre mi vida siendo gorda. No es asunto de nadie. Nunca he afirmado ser una persona “sana” y nunca lo haré.

Aun así, sé que cuando sea más fuerte y me haya adaptado a mi nueva enfermedad, escribiré sobre ello. No porque sea masoca, sino porque sé que hay muchas personas gordas diabéticas que sienten la misma vergüenza y angustia que yo en este momento.

No se puede vivir con un cuerpo gordo en un mundo delgadocéntrico obsesionado con la cultura de la dieta sin acabar creyéndote el mito de que los gordos no están sanos.

“Cuando el gobierno le declara la guerra a la obesidad, nos duele a todos los gordos”

En lo que respecta a la gordofobia y al estigma contra la gordura, hay dos clases de trolls con los que nos solemos topar las personas gordas: los que directamente detestan a los gordos y no tienen ninguna intención de preocuparse por nuestra salud y los trolls que “se preocupan por nuestra salud”, personas que se burlan de los gordos por el bien de nuestra salud, pero que no escuchan cuando esos mismos gordos les dicen que no están ayudando. Cualquiera que piense que ese método funciona se equivoca, ya que burlarse de los gordos “por su bien” solo aumenta su estrés y su ansiedad. Por no mencionar que todo el mundo, esté “sano” o no, merece ser tratado con dignidad y respeto.

A medida que asumo mi nueva enfermedad, sé muy bien que si lo cuento, voy a tener que soportar a ambos tipos de trolls. Es posible que también en persona vengan a darme “consejos”, quizás con buena intención, pero no por ello será más llevadero.

Antes de mi terrible decisión de someterme a una cirugía de banda gástrica, mi hemoglobina A1C ya estaba dentro del rango diabético, pero lo gestionaba bien con medicamentos. Como suele suceder, me desperté de la cirugía con los niveles de glucosa por las nubes (incluso me tuvieron que inyectar insulina), pese a que llevaba días sin comer nada.

Cuando me dieron el alta, me retiraron la medicación y me dieron instrucciones para aprender a controlarme el azúcar en sangre yo misma en casa. Casi siempre estaba en unos parámetros normales, pero aun así me volvieron a recetar los medicamentos porque de vez en cuando me salía la glucosa alta. E insisto, durante mi recuperación tras la operación no estaba comiendo absolutamente nada y solo tomaba bebidas sin azúcar.

Mis niveles de hemoglobina A1C se mantuvieron en el 4% tras la operación, pero poco a poco (y antes de volver a engordar) llegaron al 5%. (Se considera diabetes por encima del 6,5%). Desde que llegué por primera vez al rango diabético, sabía que acabaría volviendo aunque me operaran y los niveles se redujeran temporalmente.

Nadie entiende del todo cómo afecta la cirugía bariátrica a la diabetes. ¿Por qué hace que la diabetes desaparezca de forma casi inmediata, antes siquiera de haber adelgazado? ¿Por qué algunos pacientes sufren recidivas aunque no hayan engordado?

“Mi médica me apoyó cuando dejé de hacer dieta por el bien de mi salud mental”

Aunque algunos cirujanos siguen asegurando que esta intervención cura la diabetes, yo me lo sigo encontrando en muchos textos como una remisión. Las remisiones, por supuesto, suelen ser temporales. Por eso, vender estas cirugías como una cura es deshonesto en el mejor de los casos y carente de ética en el peor.

Me sometí a la cirugía siendo consciente de ello y no lo hice para curar mi diabetes. La diabetes circula en mi familia por ambas ramas. Padezco síndrome del ovario poliquístico. Sufrí un caso terrible de pancreatitis que hizo que mi hígado empezara a fallar. Todos estos problemas son factores de riesgo de padecer diabetes.

Sé que hay lectores que odian a los gordos y ya están dando saltos de alegría y sacando sus propias conclusiones. Es retorcido, pero les encanta que los gordos suframos cualquier tipo de enfermedad, sobre todo si nos pueden culpar por nuestro tamaño. No voy a fingir que entiendo este razonamiento porque es algo que escapa a mi comprensión.

Algo que ninguno de ellos ―y, tristemente, no suficientes médicos, familiares y amigos― considerarán son las consecuencias del estrés crónico, que provoca una miríada de síntomas que se solapan, casi todos, con los riesgos de la obesidad. Así lo afirma la página de la Cleveland Clinic sobre el estrés y la diabetes:

[El estrés] por sí solo provoca hipertensión, hiperglucemia y afecta a la salud cardíaca (problemas que también pueden surgir por tener un cuerpo grande). Esto no es ninguna novedad. Los investigadores saben desde hace tiempo que el estrés crónico afecta de manera significativa a la salud.

Ahora ponte en mi lugar: me he pasado toda la vida oyendo lo malo que es estar gorda, ya fuera con motivos médicos o no. Mi padre era un hombre gordo del que la familia de mi madre se burlaba. Reírse de mi padre era uno de los pasatiempos favoritos de la familia de mi madre.

Les encantaba decirme que soy clavada a mi padre, y eso solían decirlo justo después de haber hecho un chiste sobre él. ¿Qué mensaje recibe una niña pequeña cuando le pasa esto? Además, mi madre me puso a dieta por primera vez cuando tenía solo 8 años.

“Si os importara nuestra salud, dejaríais de fomentar ese estrés que tantos problemas de salud nos provoca”

Me he pasado toda mi vida interiorizando estos mensajes. Dado que todo lo empezó mi propia familia, ahora me resulta más difícil ignorar los comentarios de los desconocidos. Cuando el gobierno le declara la guerra a la obesidad, nos duele a todos los gordos (y también a muchas personas delgadas).

Afecta a nuestra salud de todas las formas posibles, empezando por el sesgo gordofóbico de los médicos hasta nuestra falta de accesibilidad a equipos médicos de nuestro tamaño, sobre todo teniendo en cuenta esa supuesta crisis de sobrepeso y obesidad de la que llevan décadas hablando. Si sabes que existen personas gordas, pero no adoptas las medidas necesarias para acomodarlas, ¿cómo puedes decir que te preocupas por la salud de las personas obesas?

Nos regañan constantemente por nuestro tamaño en el nombre de la salud. Luego, cuando tenemos un problema de salud, no nos pueden atender por los sesgos implícitos que tienen contra nosotros los profesionales de la medicina.

Yo tengo suerte. Llevo muchos años con la misma médica y me apoyó cuando dejé de hacer dieta por el bien de mi salud mental y sí, también mi salud física, aunque no os lo creáis. Sé que con su ayuda y con el apoyo de programas de inclusión para personas gordas, como Self Care for Diabetes, descubriré la forma de gestionar mi enfermedad. Será un proceso de acierto y error, pero lo conseguiré.

No es sencillo descubrir que tienes una enfermedad, y mucho menos cuando sabes que la gente va a decir que es culpa tuya. Les dará igual que la diabetes no funcione así ni que muchas personas gordas nunca lleguen a desarrollar diabetes y muchas personas delgadas sí.

A los trolls que me estén leyendo les digo: sentíos libres de regodearos por mi enfermedad, pero sed honestos. Os da igual mi salud y la de las demás personas gordas. Si os importara, dejaríais de maltratar a los gordos.

Lo peor es que no solo os damos igual, sino que deseáis que no estemos sanos. Si os importara nuestra salud, dejaríais de fomentar ese estrés que tantos problemas de salud nos provoca. Usaríais esa energía para hacernos la vida más sencilla, no para hacérnosla imposible.

Este post fue publicado originalmente en el ‘HuffPost’ Estados Unidos y ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco.

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