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08/08/2020 11:57 CEST | Actualizado 08/08/2020 11:57 CEST

'Spanish Magic King'

En 1936 comienza la Guerra Civil. Como herencia, Franco nos dejaría una monarquía designada por él. No electa, paradójicamente es llamada parlamentaria.

Mi madre nació con esta guerra. A su hogar jamás llegaron los Reyes de Oriente. La mañana del “día de reyes”, mis abuelos aprovechaban las huellas del ganado en el embarrado camino para argumentar que los Reyes Magos habían pasado de largo sin parar en su casa. Bajo la cruda pobreza no se podían permitir la monárquica mentira navideña. A veces una excepcional naranja hacía de regalo. Solo una vez en su niñez despertó ese día con un juguete, una muñeca de trapo hecha con retales confeccionada por las locas del manicomio; pero en todo momento supo la auténtica procedencia de los regalos de ese día. Desde pequeña aprendió que los reyes siempre pasan de largo para algunos.

La mayoría de nosotros ya hemos pasado por el trauma infantil que provoca saber que los Reyes Magos son los padres. Por fin algunos, tras sufrir el shock causado por la verdad de Juan Carlos I, se enfrentan a una experiencia similar. Muchos dicen que lo han descubierto ahora. Otros súbditos ya lo sabían hace tiempo, pero no lo admitían o simplemente encubrían al rey.

Como con los Reyes Magos, al final hay que aceptar la mentira y salir de la fantasía. Madurar y seguir creciendo.

Estaría bien no seguir la tradición. Y por una vez, no mentir a las nuevas generaciones con fábulas de reinos llenos de príncipes azules y princesas plebeyas de zapatitos de cristal. La ‘ilusión monárquica’, en cualquier caso, nos sale muy cara.

Caen los personajes de cuentos infantiles. Aprendamos a escribir nuestra historia futura con la verdad y no con heredadas tintas opacas de sangre añil. 

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