La gráfica sobre el índice de mortalidad del coronavirus según la edad del paciente

Míralos con cautela, pero míralos con optimismo.

Las cifras varían cada día. Desde que el pasado mes de diciembre comenzaron a registrarse fallecimientos por coronavirus o COVID-19, el número de nuevos casos y de fallecimientos no ha dejado de crecer.

A fecha de jueves 27 de febrero de 2020, la Organización Mundial de la Salud (OMS) había registrado 82.294 casos en el mundo (1.185 más durante la jornada tras un repunte de 871 en la anterior) con 2.810 fallecidos (42 nuevos decesos el jueves). Esto sitúa el índice de mortalidad en el 3,4%.

El grueso de estos fallecimientos sigue estando en China, con 2.747 víctimas, frente a los otros 57 registrados en el resto del mundo (hay 49 países infectados). Fuera de las fronteras del gigante asiático el índice de mortalidad baja al 1,5%.

¿Y quién muere a causa de coronavirus? Esa es la pregunta que, con más o menos conocimiento, muchos llevan semanas afanándose en contestar y para la que todavía no hay una respuesta definitiva. Por ahora, la única conclusión posible se deriva de los datos publicados por el el Centro de Control de Enfermedades de China el pasado 12 de febrero con 44.672 casos confirmados dentro del país y 1.023 fallecidos.


La tasa de mortalidad según edades y el índice general de mortalidad son datos que hay que tomar con cierta cautela, ya que las cifras cambian por minutos. Como apunta un artículo de PLOS recogido por HuffPost Francia, “cuando una epidemia está en curso, siempre hay un retraso entre el momento en que una persona muere y el que se registra el deceso”.

Sin ir más lejos la “tasa de letalidad” (CFR, en la jerga científica, por sus siglas en inglés) era del 2,26% a fecha del 13 de febrero (hace dos semanas) mientras que dos semanas después se eleva más de un punto por encima.

En cualquier caso, el Ministerio de Sanidad sí confirma que el índice de afectación en la población menor de 10 años es muy bajo y el cuadro clínico de esos pacientes es más leve. Los casos más graves y los fallecimientos se han dado en pacientes con comorbilidades. Esto es, pacientes con varios problemas de salud previos.