Si tienes más de un hijo seguro que te has hecho esta pregunta... y es lo más normal

Para abordar el problema del favoritismo de raíz, lo primero que debes hacer es reconocer que tienes una debilidad.

El tema de los hijos favoritos es un asunto que casi todas las personas con hermanos se ha planteado y que muchos padres niegan.

Hace unas semanas, la actriz Jaime Pressly desató la ira de muchos internautas al publicar una foto con su hijo Dezi de 12 años y decir que era “su favorito”, pese a que tiene otros dos niños gemelos.

“Pasándolo mejor que nunca con mi hijo favorito, Dezi. Sí, eso he dicho”, escribió Pressly en Instagram, que puntualizó que aunque tiene “un hijo favorito”, quiere a los tres con todo su corazón.

“Dez y yo tenemos un vínculo especial que ninguno podrá igualar porque hemos crecido juntos”, escribió.

Aunque algunos de sus seguidores consideraron que era una publicación entrañable, otros se indignaron. “Espero que tu hijo te haya robado el móvil y haya escrito eso”, escribió un usuario, que recibió más de 100 ‘me gusta’ en ese comentario.

El favoritismo de los padres también se ha puesto de moda últimamente en la tele. En la serie Succession, de HBO, el megalómano Logan Roy disfruta viendo cómo tres de sus hijos se disputan el puesto de “favorito” y sucesor del negocio familiar.

El asunto ha sido un tema peliagudo desde siempre: Jacob era el favorito de Rebeca en la Biblia, Atenea era la favorita de Zeus en los mitos griegos y en los cuentos populares está el caso de la Cenicienta, maltratada por su madrastra y sus hermanastras.

Las reacciones de la gente ante estas historias son muy viscerales porque la mayoría ha tenido alguna experiencia con los favoritismos. Según un estudio longitudinal, el 74% de las madres y el 70% de los padres le dan un trato preferencial a uno de sus hijos. En esa misma investigación, los primogénitos afirmaban sentirse los favoritos, mientras que los siguientes hijos percibían este favoritismo por el primogénito y aseguraban que afectaba a su autoestima.

El favoritismo es un tema habitual en las sesiones de terapia familiar. Genevieve von Lob, psicóloga y autora de Happy Parent, Happy Child, asegura que la mayoría de los padres sienten de forma inherente un apego mayor por uno de sus hijos, aunque no sean conscientes.“Puedes notar que los tratan de forma diferente a partir de su lenguaje corporal y del modo en que hablan con cada uno”, explica.

Otros pacientes acuden precisamente por ese problema: padres que se sienten culpables por tener un hijo favorito y que quieren fortalecer su relación con el menos favorito, señala Von Lob.

Es mucho lo que hay en juego: “El hijo menos favorito a veces me cuenta que ha interiorizado la sensación de ser ignorado, de no ser nunca suficientemente bueno y de sentirse inadecuado. El favorito también puede sufrir, ya que a veces desarrolla inseguridad por miedo a perder su posición de favorito y por la presión de mantener las altas expectativas de sus padres”.

“El favorito puede sufrir, ya que a veces desarrolla inseguridad por miedo a perder su posición”

- Genevieve von Lob, psicóloga

En el peor de los casos, puede hacer que los dos hermanos se pasen la vida enfrentados. Un estudio de 2010 sugiere que cuando los padres le dedican un trato preferente a uno es menos habitual que los hermanos se apoyen entre ellos cuando son adultos. “Puede provocar enfrentamientos muy graves entre hijos adultos”, asegura John Duffy, psicólogo y autor de Parenting the New Teen in the Age of Anxiety.

“El favoritismo es así de polarizador porque se asocia con la valía relativa de los hijos en las familias”, explica Duffy. “Puede dañar sentimientos innecesariamente y desencadenar sufrimiento y discusiones. Y, francamente, a veces es una señal de cómo se acabará distribuyendo la herencia”. No es conveniente ni sano.

“A veces, esto del favoritismo es parte del día a día de la familia y se considera una broma inofensiva, pero por las razones que acabamos de mencionar, no lo es”, advierte Duffy.

Reconocer que tienes un favorito

Para abordar el problema del favoritismo de raíz, lo primero que debes hacer es reconocer que tienes un favorito, recomienda la terapeuta familiar y matrimonial Amanda Deverich.

“Algunos hijos encajan mejor con tu propio carácter y tus perspectivas y eso hace que sea más fácil que sean tus favoritos. Otros pueden resultarte más difíciles por su personalidad y eso hace que te guste uno más que otro. Querer ya es distinto, por supuesto”, expone.

Como muchos padres dicen, el título de “favorito” suele ser temporal y puede cambiar cada día, semana, mes o año.

El favoritismo no depende tanto del niño como de su comportamiento. “Mi favorito es siempre el que me hace caso en ese momento o el que antes se va a dormir por la noche. Tengo unos requisitos muy sencillos”, cuenta Aaronica Cole, que tiene tres hijos y es autora del blog The Crunchy Mommy.

Se disculpa a sí misma recordándose que es humana y que del mismo modo que tiene un sujetador, un jersey, una película, una comida y un hombre (su marido) favoritos, de vez en cuando también cae en la trampa de los favoritos con sus hijos.

“Creo que nos sentimos culpables porque como madres se espera de nosotras que seamos personas perfectas sin defectos”, justifica Cole. “La verdad es que somos seres humanos y no hay que olvidarlo”.

“Tener un favorito no significa que quieras más o menos a tus otros hijos, solo que su carácter o su forma de ser se adaptan más a lo que a ti te gusta”, sostiene. “En realidad, todos mis hijos son mis favoritos en algún momento y todos me sacan de quicio en ocasiones. Hay equilibrio”.

Cómo mitigar las consecuencias negativas del favoritismo

Otras veces el favoritismo no lo marca que se valore algo en especial de uno de los hijos, sino que no se da tanta importancia a lo positivo de los otros, señala Duffy.

“En muchas familias, la mía incluida, quien sigue las normas es el favorito. El hijo que tiene un comportamiento más difícil de aceptar suele ser el menos favorito. Si los padres son capaces de apreciar y admirar las cualidades positivas de ese hijo, más igualdad sentirán los hermanos”, comenta el especialista.

Controlar el diálogo interno ayuda. “Les recomendaría a los padres que les expliquen a sus hijos la diferencia entre tener favoritismo y tener más afinidad, y el motivo. Gracias a esto, podrán transmitirles su amor incondicional”, señala Duffy.

Si un hijo te pregunta directamente quién es el favorito, conviene abordar el tema, no rehuirlo, sostiene Nancy Burgoyne, psicóloga y vicepresidenta del Instituto Familiar de la Universidad del Noroeste (Estados Unidos). Si no se aborda el problema, las explicaciones que se darán los hijos sobre su valía ante nuestros ojos pueden ser devastadoras para ellos.

Hay que elegir bien las palabras. Burgoyne pone el ejemplo de un padre con dos hijos que afrontó esta situación de un modo comprensible para el pequeño.

“Empezó aceptando los sentimientos del niño: ‘Ya lo sé, estás enfadado porque piensas que tu hermano me gusta más que tú, ¿verdad?’. Después le dijo: ‘Ahora mismo tu hermano y yo nos llevamos mejor que tú y yo, es cierto. Lo siento si te duele. Te quiero mucho y siempre te querré’”, recuerda.

Para que el hijo menos favorito vuelva a sentirse bien, se debe reconocer su buen comportamiento delante de toda la familia.

“Los comentarios positivos no solo suben la autoestima del hijo menos favorito, sino que también le recuerdan al padre o a la madre todo lo bueno que tiene ese hijo”

- Nancy Burgoyne, psicóloga

“Una forma de hacer frente a tu favoritismo natural, aparte de ser justo con las reglas y las recompensas, es elogiar públicamente los comportamientos que te gustaría ver más a menudo”, recomienda Deverich. “Esos comentarios positivos no solo suben la autoestima del hijo menos favorito, sino que también le recuerdan al padre o a la madre todo lo bueno que tiene ese hijo”.

Si aún así s sintiendo culpable, recuerda que hasta los psicólogos admiten que a veces tienen favoritos, aunque ellos mismos se lo intenten impedir.

“Yo lo afronto así: nada de favoritos, todo consiste en vencer los impulsos naturales”, concluye Deverich.

Este artículo fue publicado originalmente en el ‘HuffPost’ Reino Unido y ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco.

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