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10/04/2019 13:44 CEST | Actualizado 10/04/2019 14:35 CEST

La entrevista más peculiar de Samanta Villar: "Tengo relaciones con objetos"

La presentadora cumplió los deseos de varias personas en su programa.

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Tiene nombre: Calypso. Y es la actual pareja de Erika, una chica que no se siente atraída por las personas, sino por los objetos. Para que lo entendáis mejor: Calypso es un patinete. 

Samanta Villar se convirtió el martes en un hada madrina para cumplir los deseos de los protagonistas del nuevo episodio de su programa, La vida con Samanta. Para ello, conoció a Diego, un niño de 8 años que desde muy pequeño tuvo claro que quería ser como Billy Elliot o a Andrea, que salió hace dos años de Venezuela y soñaba cada noche con volver a ver a su madre.

Erika tenía un sueño un poco más especial: volver a ver la grúa de la que se enamoró. La presentadora se desplazó hasta el aeropuerto para recoger a la chica. El destino era la Sagrada Familia, aunque antes de llegar allí la Villar tuvo la oportunidad de conocer en un poco más sobre la parafília de una de sus protagonistas.

 

Erika lleva teniendo relaciones con objetos desde los 14 años y Calypso es su séptima relación. Antes de ella, hubo un arco, con quien estuvo 8 años. Su relación comenzó a la vez que conocía a un chico en Japón con quien pensó que podría tener una relación normal. Pero, sorpresa. Cuando quedaban para practicar tiro, Erika se dio cuenta de que “tenía sentimientos”. Hacia el arco.

“Para mí era normal, actuaba con naturalidad hasta que la gente empezó a decirme que eso no era normal, que era diferente. No espero que la gente entienda la sexualidad objetual, solo puedo pedir que la respeten”, señaló la entrevistada.

 

Erika no balbuceó al explicar que tiene “relaciones emocionales, espirituales y románticas con objetos, no con gente”, aunque el concepto de esta relación sea muy diferente al que se puede tener con una persona. “Hay momentos íntimos, pero el sexo no puede definirse como con un humano porque las piezas no encajan igual, pero podemos abrazarnos, hacer cosas muy íntimas”, argumentó.

La presentadora, en un intento de ponerse en su lugar, propone que la masturbación puede ser una solución, aunque Erika tampoco tiene interés en ello: “Yo no puedo masturbarme, jamás he podido tocarme. Mis manos tocándome a mi misma..., me da repelús. Para mí, la masturbación es correrse, y yo no hago eso, no puedo hacerlo”.

 

En el currículo amoroso de Erika está la Torre Eiffel, con la que llegó a casarse, y una grúa que ahora mismo está participando en las obras de la Sagrada Familia. Hasta sus pies se desplazaron ambas para hablar de cómo fue esa relación.

Erika llegó a hacerse operaria para trabajar con la grúa. “Sé que la gente no lo entiende, pero esta grúa hizo mucho por mi. Todos los amaneceres y puestas de sol juntas, creando y construyendo cosas únicas...”, confesó a la presentadora. 

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