Terror patrio

En España tenemos nuestros propios 'psycho-killers' como ‘Jarabo’, ‘El Arropiero’... y como ‘El Francés’, el primer asesino mediático.

“¡No tienes que ir a Texas para ver una masacre con motosierra!”, rezaba la publicidad americana de la película de terror española, Mil gritos tiene la noche / Pieces. Cierto, los estadounidenses tienen en su historia negra al asesino Ed Gein, pero nosotros tenemos nuestros propios psycho-killers patrios, como ‘Jarabo’, ‘El Arropiero’, ‘Escalero el Matamendigos’... Y como ‘El Francés’, el primer asesino mediático de España, en cuyos tiempos no existía la motosierra, pero mataba, y de una forma brutal.

Ha sido una iniciativa recurrente durante la pandemia, el reestreno de clásicos en el cine. Y coincidente con esa línea, el Festival de Cine de Sitges, el 53 Festival Internacional de Cinema Fantastic de Catalunya, que se celebra estos días, recupera una película desde hace años invisible en condiciones, un clásico del terror autóctono y patrio, El huerto del Francés, la mejor película (para mí lo es) del realizador madrileño Jacinto Molina / Paul Naschy, nombre mítico del fantástico. Es una buena noticia que por fin se pueda ver con su estupendo color, una película que apela al terror real, el brutal, el de la España negra, sin concesiones ni paños calientes.

Paul Naschy en 'El huerto del Francés'. 
Paul Naschy en 'El huerto del Francés'. 

Un romance compuesto e interpretado brillantemente por Rosa León, da pie a un largo flashback desde el patíbulo, que abre y cierra la narración de los crímenes de Juan Aldije ‘el Francés’ y José Muñoz Lopera, en Peñaflor (Sevilla). Hablamos de 1906, momento en que fueron ajusticiados los asesinos, organizadores de timbas clandestinas, servicio de prostitución incluido, que desplumaban a sus víctimas antes de darles matarile de la forma más atroz posible. “Hace tiempo que tenía yo ganas de jugar a los prohibidos”, exclama uno de los infelices a las puertas del llamado Huerto del Francés, lugar de los desmanes. Lopera le contesta, “pues va a jugar ahora”, antes de que Aldije le reviente con la azada… No necesitaban motosierra, no.

El sonido de las herramientas de los asesinos, cavando tumbas en el fatídico huerto, ruido metódico y mortal, retumba en los oídos de una de las mujeres de aquel burdel. Como aquel tic-tac del cuento, de Poe, El corazón delator, pero con sabor nacional y rancio. “Estás loco, Juan”, le dice un médico al asesino. “Eso quisiera yo, estar loco”, contesta ‘El Francés’. Y es que a veces la explicación no está en la locura, sino en la maldad pura, lo cual es más duro de aceptar socialmente en el común de las personas, creo yo.

“Sexo… amor… sadismo… homosexualidad”, rezaba el cartel del estreno de aquella película clasificada “exclusivamente para mayores de 18 años”. Faltaban unos meses para que se promulgase la Constitución, y en aquella España apelar a lo prohibido era reclamo fijo de taquilla. Pero lo cierto es que debajo de todo ese efectismo/tremendismo publicitario, se encuentra una gran película dramática, que vista con el paso del tiempo refleja muchos detalles de la España profunda, rancia, que desgraciadamente aflora de tiempo en tiempo.

Auténtico terror patrio. La película de Jacinto Molina está bien dirigida, bien interpretada, bien ambientada, bien fotografiada. Su reestreno ahora en festivales y diferentes ventanas y formatos es una buena noticia.

Es bueno redescubrir a los clásicos. Y sin duda, este lo es.