POLÍTICA
18/06/2019 12:09 CEST | Actualizado 18/06/2019 12:09 CEST

Así es escapar de tu país, buscar abrigo y aterrizar en tierra extraña: siete testimonios de refugio

"Siempre tenía la maleta lista, porque en cualquier momento yo esperaba regresar"

CEAR
Varios de los refugiados entrevistados por CEAR.

Este jueves, 20 de junio, se conmemora el Día Mundial del Refugiado. Por ello, la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) ha recabado el testimonio de siete de estas personas, llegadas a nuestro país buscando abrigo por la situación de violencia o persecución en sus territorios de origen. Voces que explican en primera persona la angustia de la marcha, los peligros del camino y la incertidumbre de la llegada a tierra extraña. 

Lee y ponte en su lugar. 

JESSICA CISNEROS, Nicaragua

Recuerdo que todas las noches pensaba que al siguiente mes iba a volver. Mi maleta siempre estaba lista. Cuando iba al psicólogo me decía que tenía el “síndrome de la maleta” porque en cualquier momento yo esperaba regresar. Y sin embargo, a pesar de que hoy lo he aceptado, que sé que puede que no haya un regreso nunca, que puede que pasen años, que puede que pasen más días o meses, es esa incertidumbre que voy a cargar no sé hasta cuando. Es la incertidumbre de perderte muchas cosas. El simple hecho de que en tu familia pasen nuevos acontecimientos…

Cada vez que me preguntan cómo ha sido el proceso de solicitud de asilo, yo respondo que en España uno aprende a desarrollar la paciencia. Porque el trámite es tan extenso, tan agotador, a veces desolador… Porque no hay una respuesta, lo que hay es siempre incertidumbre la mayor parte del tiempo. Pero jamás pensé que, de hecho, en mi país íbamos a vivir esto. Jamás pensé ser exiliada. Salimos de nuestros países por el expolio, por las situaciones económicas, porque nuestras vidas corren peligro. Venimos a trabajar, a colaborar, y desde donde estemos simplemente seguimos siendo profesionales, trabajadores, y no somos más que seres humanos.

AHMAD ALIBRAHIM, Siria

Familia, amigos, casa, habitación… y todo. Mi pasado, mi pueblo, mis estudios. Antes de la guerra y todo eso nunca pensamos que iba a pasar esto, que cada uno de nuestros hermanos y yo fuéramos a estar en un lugar diferente. Llegué a Libia después de 27 intentos de cruzar la frontera, pasé y siempre me he encontrado con muy buena gente, que me han apoyado muchísimo y que les agradezco mucho por todo lo que han hecho por mí. Muchas personas al llegar a otro destino sufren por no poder tener un vínculo de amistades, de amigos. Yo incluso he llegado a tener aquí a gente que llamo mi familia.

AREALI VICTORIA GÓMEZ, Honduras

Estamos siendo asesinadas en Latinoamérica y, sobre todo, en mi país, Honduras, por decidir y defender el derecho de ser lo que realmente somos unas mujeres diversas también, con pensamientos y actitudes diferentes pero al igual también merecemos el respeto y el principal derecho que es el de la vida. Durante tres años estando en España solo he trabajado dos meses, cubriendo unas vacaciones en una tienda de ropa pero igualmente aquí, en este espacio, se notaba mucho el nivel de discriminación que se sufre por ser transexual inmigrante. Y ahora mi situación es en total precariedad. Sigo dentro de esa búsqueda de empleo y que algún día llegará pero mientras tanto busco la manera de sobrevivir realizando actividades, aprovecho este talento que tengo de promover y defender derechos humanos, y hago cafés y tertulias. Y decido en la medida de lo posible tener “una vida normal” como cualquier otra persona, sin que tenga que ser excusa mi identidad de género y mi origen de país.

ESTHER AGBUEBI, Nigeria

Estábamos en la huerta trabajando y vinieron con un cuchillo: o me largo o me matan. A nosotros, mi madre, mi hijo… No podíamos esperar más y nos fuimos rápido. Yo no tengo miedo a que no me den mi asilo. Porque tengo confianza en CEAR. Yo estoy bien pero hay una cosa que creo que cuando esté conmigo, podré salir más adelante. Esa cosa es mi hijo.

REDZIJA SUBASIC, Bosnia

Llegamos en grupo 19 personas: 13 niños y 6 mujeres. Entre ellos, yo iba con dos niños. Una chica de 11 años y un chico de 8 años. Detrás de mí, se quedó en Bosnia toda mi familia. Os voy a enseñar una foto donde están los refugiados bosnios, los refugiados que hubo en la guerra en España. Fuimos a Sarajevo en 2008 por primera vez. Cuando llegué no era el Sarajevo que yo había dejado. No había árboles, no había leña… no había nada. Odio la guerra, odio la violencia.

GUSTAVO VILA, Uruguay

Cumplo 41 años de mi llegada a España. Salvo los primeros años, dos años o año y medio que tuve dificultades para subsistir, pues he tenido posibilidades de trabajo, tengo familia española con dos hijos y tres nietos. Huir, o como se quiera llamar, es un trauma muy fuerte en la vida de una persona, sobre todo como yo, que nunca había pensado en abandonar mi país. Eso es como un árbol que le arrancan de la tierra y siempre queda ese dolor. Y lo que yo he encontrado en España ha sido mucha solidaridad.

CHEIJA ABDALAHE, Sahara Occidental

Yo cuando llegué a España me quedé 4 años sin papeles, aunque llegué de forma legal. Y en estos cuatro años no había forma, no había puerta a la que tocar para ser legal. Porque yo no venía para que alguien me mantuviese, no venía para suplicar ayuda. Porque uno puede ser refugiado pero siempre con dignidad. Soy apátrida actualmente y cuando solicité, no lo hice para ser apátrida. De hecho no sabía que existía ser persona apátrida. O sea, yo nací como refugiada, no sé otra condición que no sea ser refugiada. Cuando no tienes papeles estás estancado porque no puedes aspirar a tener un futuro, ni siquiera soñar, casi, con un futuro mejor. Y tampoco puedes regresar. Soy doctoranda en estudios feministas y de género, tengo un proyecto de librerías de mujeres refugiadas. Si a ti te han ayudado, tú lo que quieres es ser fuerte para poder ayudar a otros.

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