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21/09/2021 21:05 CEST

Las historias tras el drama en La Palma: "La lava ha engullido mi casa, no hay palabras para definirlo"

Los vecinos lloran sus pérdidas tras la erupción del volcán: "Cogimos a la niña, el gato y salimos corriendo. Estamos con una mano delante y una detrás".

DESIREE MARTIN via AFP via Getty Images
La lava de Cumbre Vieja se acerca a El Paso, en La Palma, el 19 de septiembre de 2021. 

“La lava la ha engullido”. Así, con la voz entrecortada, describe Omaira el estado de su vivienda tras la nueva erupción del volcán en la isla de La Palma. “No hay palabras para definir esta situación ni sé cómo tiraremos para adelante”, añade. Esta vecina canaria, residente de El Paraíso, es una de las personas que el domingo tuvieron que abandonar su casa con lo puesto tras una mañana de temblores, hasta que empezó el humo.

“Había mucho movimiento sísmico desde la madrugada. A mediodía puse la televisión y vi entonces que ya había erupcionado. Se lo comenté a mi pareja y creíamos que, como decían en las noticias, sería a más de 5 kilómetros de donde estábamos. Pero al asomarnos a la ventana nos encontramos con que estaba sucediendo detrás mismo de nuestra vivienda. Entramos en pánico. Cogimos a la niña, el gato y salimos corriendo”, relata.

Cogimos a la niña, el gato y salimos corriendoOmaira

Desde entonces se encuentra alojada en la casa de unos familiares en Los Llanos, al igual que sus padres, quienes también tuvieron que ser desalojados. “La única información que hemos recibido del estado actual de nuestra casa es la que hemos visto por imágenes de dron, y la que nos ha comentado una vecina. Con el shock aún no somos conscientes ni de a quién recurrir ni cómo hacer para solicitar ayuda”, reconoce. Se calcula que la lava ha destruido un centenar de casas y ha obligado a desalojar a unos 5.000 vecinos. 

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Zonas residencial de Los Campitos, en Los Llanos de Aridane (La Palma), el 20 de septiembre. 

Como ella, Yurena también tuvo que salir de la zona a toda prisa. “En nuestro barrio, Las Manchas, convocaron una reunión pero nos dijeron que podíamos estar tranquilos. Un día más tarde, el propio domingo, los concejales nos avisaron al ver más movimiento de que estaría bien hacer una pequeña mochila por si acaso. Dos horas más tarde, por encima de mi casa explotó un volcán”, recuerda. 

Nos dijeron que estaría bien hacer una pequeña mochila por si acaso. Dos horas más tarde, por encima de mi casa explotó un volcánYurena

“Salimos directamente, lo dejamos todo, hasta la documentación. Intentamos ser positivos, nos decían que nuestra casa no se iba a ver afectada, pero ayer por la mañana, cuando las autoridades nos permitieron acercarnos a nuestro domicilio, la mitad estaba sepultada”, lamenta la mujer.

Acercarse al lugar fue posible porque, según los pronósticos, ya no había riesgo, comenta Yurena. “Sin embargo, de vuelta a casa de nuestros familiares donde nos alojamos, al poner la tele vimos que la lava volvía a bajar por el mismo sitio”.

“Nos hemos quedado sin casa. Todo lo que tenemos son tres maletas de ropa”

“Nos hemos quedado sin casa. Todo lo que tenemos son tres maletas de ropa. No nos dan información. Lo que sabemos es por las noticias y entendemos que las autoridades están al pie del volcán, pero solo escuchamos estupideces. Nos dicen que no nos preocupemos pero sabemos que no hay nada que hacer”, lamenta.

Yurena explica que no tienen constancia de la existencia de puntos de información: “Somos nosotros los que estamos contactando con las aseguradoras, y también los bancos nos están llamando”.

A todo ello se suma la imposibilidad de acceder a la zona de trabajo o de llevar a los niños al colegio. “Tanto nuestro empleo como la escuela de los niños han quedado sepultados. La carretera obviamente también está cortada, así que de cualquier forma, tampoco podríamos acceder. Estamos con una mano delante y una detrás. Nos esperan meses de incertidumbre”, describe Yurena.

Estamos con una mano delante y una detrás. Nos esperan meses de incertidumbre

Incertidumbre, desolación y un nudo en la garganta es lo que sienten ahora Celia y Marcial. Ambos han tenido que ser desalojados de sus casas, y responden con educación a la llamada de las periodistas, pero carecen de fuerzas para hablar.

“Nervios, vómitos y jaqueca”

“Es imposible que hoy pueda atender a nadie, ayer fue una noche horrible”, explica Celia por audio. “Estoy de los nervios, con vómitos y jaqueca y no estoy para hablar. Ayer hice todo lo posible pero hoy no puedo, de verdad que lo siento mucho”, se disculpa.

Marcial emplea un tono similar, y a eso le suma la urgencia: “Niña, ahora mismo no puedo atenderte bien. Está llegando la lava a la casa familiar, no podemos hablar”. El hombre explica que él y su pareja están en un “furgón vivienda” que tienen, pero su suegra está durmiendo en un coche.

Niña, ahora mismo no puedo atenderte bien. Está llegando la lava a la casa familiar, no podemos hablarMarcial

Con su furgón se dirigen ahora a Todoque, donde están todavía sus sobrinos, y donde ya ven la lava “encima de la casa”. “Gracias de todas maneras, pero no podemos hablar”, se disculpa, de nuevo, Marcial.

Otros residentes de esta isla de apenas 80.000 habitantes han sido más afortunados, de momento, pero todos conocen a alguien afectado por la erupción del volcán. En la Cafetería Velachero, en Santa Cruz de La Palma, una trabajadora intenta localizar, sin éxito, a su suegra mientras sirve desayunos. “Está desalojada y no doy con ella”, se lamenta, desesperada. “La lava se ha comido cientos de casas”, relata la mujer.

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La erupción de Cumbre Vieja, vista desde Los Llanos, el 19 de septiembre de 2021. 

Los teléfonos del Cabildo tampoco contestan, y la llamada se funde mientras no deja de sonar —irónicamente— la canción Oh happy day como tono de espera. Tampoco responden al teléfono los hoteles de la zona. El único que coge la llamada es el Sol La Palma, de Meliá, pero lo hace desde una centralita en Madrid, donde una trabajadora explica a El HuffPost que el hotel permanecerá cerrado al menos hasta el 30 de septiembre.

Están cerradas las carreteras y no podemos llegar al negocio. La lava está bajando, no hay paso, estamos incomunicadosRemedios

Cerrado también está de forma temporal el Kiosco Reme, en Los Llanos, porque su dueña, Remedios, no tiene manera de llegar hasta ahí. “Están cerradas las carreteras y no podemos llegar al negocio. La lava está bajando, no hay paso, estamos incomunicados”, describe apurada Remedios.

El domingo a mediodía, “cuando explotó” el volcán, tuvieron que cerrar, y la mujer no sabe todavía “cuándo podremos volver a trabajar”. “Estamos muy preocupados”, dice Remedios, mientras se oye de fondo la tele informando sobre la última hora de la isla. ”Cuando volvamos va a ser un caos. No sabemos cómo va a estar la finca”, se resigna la mujer.

“Ahora mismo nada es normal en la isla”

Jorge Miranda, gerente del Centro de Iniciativas Turísticas Insular, en El Paso, sí que sigue trabajando “con normalidad”, aunque enseguida rectifica: “Ahora mismo nada es normal en la isla”.

Miranda explica que su asociación, que gestiona varias oficinas de turismo en la isla, está haciendo ahora “una labor de servicio público en colaboración con las instituciones locales para ayudar y orientar a los turistas”. “No olvidemos que la isla no está completamente cerrada, que sigue habiendo turistas y gente interesada en venir”, aclara. 

La erupción del volcán ha traído consigo al menos dos paradojas. Una es cómo un espectáculo visual tan asombroso se ha convertido en poco tiempo en una “desgracia humana”; la otra es cómo, mientras muchos habitantes de la isla luchan por no perder su vivienda, otros rezan porque la lava no espante a los turistas.

Lo peor que le puede suceder al palmero es que los turistas dejen de venirJorge Miranda

Miranda es consciente de estas “contradicciones”, pero también es realista: “El 50% de la economía de La Palma es el turismo”. El otro pilar es la agricultura, que indudablemente se verá afectada, sobre todo por los daños en las plataneras. “Ahora mismo, lo peor que le puede suceder al palmero es que esas personas dejen de venir”, reconoce. “A las personas que tenían sus vacaciones en el área de influencia del volcán les decimos que las reorienten o que las aplacen, pero que no renuncien, por favor”, pide.

Al mismo tiempo, Jorge Miranda es testigo cada día de la empatía de muchos turistas con los habitantes de la isla. “Nos llama mucho la atención cuando llaman personas que deciden no venir no porque el volcán afecte a su zona de vacaciones, sino porque piensan que nos va a sentar mal que ellos vengan de turistas. Ese matiz, esa preocupación por ponerse en nuestro lugar, me emociona”, cuenta. 

Esto es como una quiniela. Nos ha venido la desgracia por todos los frentes

La carga de trabajo que gestiona Miranda estos días es superior a la habitual, y no sólo por los motivos evidentes, sino porque una compañera suya no está asistiendo a su puesto. “Ha tenido que ser evacuada dos veces”, lamenta el gerente. “Tiene su casa principal al lado del volcán y otra casa en la zona de la costa que también ha sido desalojada. Sus padres, que son mayores, viven justo por donde ha pasado la colada”, describe. “Esto es como una quiniela. Les ha venido la desgracia por todos los frentes, figúrese”, comenta el palmero. 

Ante la posibilidad de contactar directamente con su colega, Jorge Miranda es sincero: “Hoy no está en condiciones de atender a nadie. Hablé con ella esta mañana y está bastante mal, con crisis de ansiedad”.

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