INTERNACIONAL
15/12/2020 15:06 CET | Actualizado 15/12/2020 15:06 CET

Tikhanovskaya, líder opositora bielorrusa: "Lucharemos hasta la victoria"

El rostro más visible de los contrarios a Lukashenko, que mañana recoge el Premio Sajarov del Europarlamento.

CLAUDIO BRESCIANI via Getty Images
Svetlana Tikhanovskaya, el pasado 17 de noviembre, en Estocolmo.

“Lucharemos hasta la victoria”. Svetlana Tikhanovskaya, la líder de la oposición de Bielorrusia, no deja de repetirlo, como un mantra. Quiere que el mundo sepa que la lucha ciudadana contra el último dictador de Europa, Aleksandr Lukashenko, no se ha detenido. Que ni la persecución del Gobierno ni los límites a sus manifestaciones impuestos por el coronavirus los van a parar. Estos días lo grita desde Bruselas, donde mañana recogerá el Premio Sajarov que concede el Parlamento Europeo, en representación de quienes pelean por la democracia con “coraje, resiliencia y determinación”. 

Durante una rueda de prensa online organizada por el Europarlamento este martes, Tikhanovskaya ha reconocido que en estos meses se han visto menos imágenes de protestas masivas como las dos o tres meses atrás, pero la razón no es que se haya “rebajado” el ansia de cambio, sino las condiciones adversas que afrontan, con detenciones de opositores y con las medidas contra la pandemia. “El deseo de vivir en un país democrático no ha cambiado ni va a cambiar”, ha asegurado. 

Temporalmente, está “bajo tierra”, pero no deja de “moverse la lucha”, porque ha cuajado, dice, la idea de que ya no hay posibilidad de soportar más una situación que afecta “a la gente, a la economía, a la vida”. “El dictador no se retira”, lamenta, pese a las peticiones de la propia Unión Europea, que no reconoce la última victoria electoral de Lukashenko, “y la gente sigue sufriendo”. “Nosotros no olvidamos ni perdonamos los crímenes que está cometiendo contra nuestra gente, por eso seguimos peleando”, sentencia. 

Tikhanovskaya, que tuvo que escapar de su país hasta Lituania el pasado agosto, temerosa de un arresto del régimen, lleva días haciendo ronda por diversos países europeos para reclamar ayuda de la Unión en su pelea. Deja claro que no busca intervencionismos ni tutela para Bielorrusia, sino “apoyo”, sobre todo, a la hora de denunciar las violaciones de derechos humanos. Los ciudadanos quieren “manejar su propio futuro” y lo que necesitan es presión de fuera y que se deje de apoyar a quien lleva el timón desde hace 26 años. Eso se debe traducir, entiende, en sanciones. 

También se ha referido a las complicaciones de mantener el contacto con los otros opositores que siguen en el país, perseguidos, interrogados y hasta detenidos, pero ella insiste en que los que están “sobre el terreno” siguen muy unidos. Habla de médicos, estudiantes, asociaciones de vecinos... Entienden, dice, que ella puede “hacer más” estando en el exilio que dentro, porque los riesgos son muchos, y la comunicación es fluida y diaria. 

Su caso, defiende, no es comparable al de las oposiciones de Ucrania o de Venezuela. “Tenemos nuestro propio camino”, sentencia. El suyo es un escenario sin fuerzas ni europeas ni norteamericanas que digan lo que hay que hacer, porque tienen claro lo que es necesario, aunque haya personas de tendencias muy diversas en el bloque anti Lukashenko. De ahí el deseo que lanza a sus compatriotas: “Nuestra causa cree en el futuro, deseamos un país libre para nuestros niños, sabéis lo que queréis, os admiro”. 

 
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